[Reportaje]
Ventas, un negocio tradicional
Herencia laboral que pasa de generación en generación.

A todo vapor
María Góchez prepara yuca frita en lascas.

Cindy entrega una bolsa con churros españoles acompañada de una gran sonrisa. Tiene 17 años y, a diferencia de su hermana menor, Gabriela Liseth, siempre ayuda a su madre, María Vicenta Góchez, con la venta de estas delicias típicas.

Trabaja con ell desde que tiene memoria y esta ultima evoca que desde que su hija nació la ha mantenido a su lado.

"Me gusta lo que hago. No me da pena como a mis amigas", dice con franqueza. Ella sabe que está en la etapa de la flor de la juventud pero se mantiene firme de sus convicciones. "Hay tiempo para todo. Por su puesto que me gustaría estar con mis amigas, pero el trabajo es primero", agrega.

Su madre dice sentirse orgullosa de Iris, con quien ha pasado lluvia, frío y percibido pocos ingresos. Si bien la venta de churros españoles, ponche y frituras deja una buena ganancia, y 35 años son testigo de ello, hay épocas que son duras. Pero "con la fe en Dios salimos adelante", asegura la mujer.

Al igual que esta familia, los casos se repiten en otros locales aledaños. Los padres transmiten su conocimiento a sus vástagos y estos hacen de ello una forma de vida.

De la capital al resto de cabeceras importantes, en diversas festividades del año, incluso, familias enteras subsisten con la venta de platillos que se han vuelto parte de las celebraciones del patronales en el país.

¿Aburrido?, para nada

La familia Góchez abre desde temprano su local, de unos 2 metros por uno y medio, y lo cierra cerca de la medianoche. Son dos semanas en la que permanecen lejos de casa. "Llegamos a bañarnos, pero todo el tiempo pasamos aquí", dice la matriarca.

Antes recorrían casi todo el país, pero "al crecer la niña, y por la escuela, ya no lo hago", dice. Iris iniciará el próximo año su bachillerato. Asegura que no abandonará a su madre hasta que sea una profesional y consiga un trabajo "formal".