| Diciembre 11. En punto de las seis de la tarde y llegada la noche inició la tradicional procesión de los farolitos que iluminan el camino de la Virgen de Guadalupe.
El punto de partida fue la iglesia de los Santos Niños Inocentes, en el corazón de Antiguo Cuscatlán, y recorrió algunas de sus principales arterias.
Hombres, mujeres y niños de todas las edades y lugares del país entonaban el cántico a la virgen, "Viva la Virgen de Guadalupe", al unísonos.
Encabezaron la marcha los danzantes y concheros de la Virgen de Guadalupe de México. Ellos abrían el paso con el acompañamiento de sus instrumentos musicales. Por un momento se oía que llovía, mas era el sonido de huesos de fraile instalados en sus pies, que producía sonido con el menor movimiento.
"Son ayoyotes, una especie de nuez que no es comestible, porque es venenosa", explicó Mictlantechuatli, que significa el señor de la transformación, uno de los representantes de las etnias que componen el grupo de 16 miembros.
Llegar a la casa de la virgen fue un poco difícil, el tráfico vehicular estaba nutrido en la carretera Panamericana que va de Santa Tecla a San Salvador. Sin embargo, tras la intervención del Cuerpo de Agentes Metropolitanos de Nueva San Salvador, se solucionó el problema.
Al llegar las imágenes de San Juan Diego y la Virgen, la emoción y alegría de los feligreses y encargados del templo católico subió por lo máximo. Cantos del coro y fuegos artificiales les dieron la bienvenida, mientras los acompañantes procuraban no quedarse lejos del atrio para no perder ningún detalle de la eucaristía que encabezaba el arzobispo de San Salvador, monseñor Fernando Sáenz Lacalle.
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