160 años de la fundación de la arquidiócesis de San Salvador
El 28 de septiembre de 1842, El Salvador coronó un esfuerzo que le tomó casi toda la primera mitad del siglo XIX: la erección de su propia diócesis. La independencia religiosa legitimó la emancipación política.
Verónica Vásquez
Fotos: libros San Salvador el esplendor de una ciudad y Postales
antiguas de El Salvador
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Vista a la par de los acontecimientos mundiales no faltará quien vea el hecho con un mohín de menosprecio.
Pero hace 160 años, la fundación de la diócesis, un suceso relacionado íntimamente con la política de la época, fue recibido con vítores, procesiones y cohetes de vara.
San Salvador había ganado su independencia política 21 años antes. Pero igual seguía siendo el único Estado centroamericano que no tenía su propia diócesis. Los demás sí la tenían. Y desde la Colonia.
Era cuestión de orgullo nacional consigna el libro El Salvador. La República, 1808-1923.
Así, y muy a su pesar, los salvadoreños seguían dependiendo de las decisiones eclesiásticas de su vecina Guatemala. La independencia se percibía como incompleta.
Además, en esa época no era secreta la rivalidad intensa de San Salvador con Guatemala, en especial desde la guerra contra la anexión a México, ocurrida poco después de la gesta independentista de 1821.
Por eso es que el 28 de septiembre de 1842 marcó época en San Salvador: la erección de la primera diócesis salvadoreña y el nombramiento de su primer obispo, José Jorge Viteri y Ungo, fueron recibidos como una segunda independencia: la religiosa.
Ésta vendría a legitimar la emancipación política ocurrida el 15 de septiembre de 1821, tal como lo sintetiza Marcos Salinas en el libro Relaciones entre Iglesia y Estado en la República de El Salvador. En la visión de los salvadoreños de la época, no podía haber verdadera independencia política sin independencia religiosa, escribe.
Sin embargo, llegar a ese momento histórico significó caminar por una vía erizada de espinas: un cisma, la excomunión del prócer José Matías Delgado y las intensas negociaciones de Viteri ocurrirían antes de que los salvadoreños vieran cumplidos sus deseos de independencia religiosa.
El cisma de El Salvador
Ya desde 1811, los habitantes de la provincia de El Salvador habían mandado al arzobispo de Guatemala, Ramón Casaus y Torres, la Real Cédula necesaria para abrir expediente en el Vaticano para la erección de su diócesis.
Tres años después, los salvadoreños descubrieron que el documento permanecía engavetado. Sospecharon que la obstaculización del proceso gozaba del consentimiento del arzobispo, cosa que él negó toda su vida.
Impacientes, los salvadoreños siguieron rutas extraviadas en lo concerniente a la fundación.
Impaciente, la Junta Provisional Gubernativa decretó la erección de la diócesis y el nombramiento de su obispo José Matías Delgado sin contar con la luz verde del Vaticano. Era el 30 de marzo de 1922.
José Matías Delgado era el presidente de la Junta Provisional, con lo que no dejaba de verse casi como un autonombramiento su categoría de obispo. Todo ello lo puso en la cima del poder político y religioso.
Matías, excomulgado
El acto no fue calificado como cisma sino hasta 1926 y por el propio papa León XII en una carta que le envió a Delgado.
En tono paternal lo invitaba a arrepentirse, pero al mismo tiempo lo amenazaba de excomunión si no se corregía en un plazo de 50 días.
El padre Jesús Delgado en el segundo volumen de su libro Sucesos de la historia de El Salvador. Historia de la Iglesia deja claro que no se ha encontrado ningún documento histórico que acredite si Matías Delgado se retractó de forma pública o no.
Lo que sí enfatiza Jesús Delgado es que en los archivos secretos del Vaticano aparece la orden de excomunión.
El papa León XII murió sin haber podido dar solución al problema del cisma. Su sucesor Pío VIII tuvo menos paciencia y el 29 de junio de 1829 excomulgó a Matías Delgado.
Jesús Delgado señala que es probable que el documento excomulgatorio llegara al arzobispo Casaus, pero también es muy probable que éste no haya avisado de su excomunión a Matías Delgado, pues fue expulsado de Guatemala por el Gobierno liberal.
La Santa Sede desconoció la diócesis cismática y a su obispo. Los salvadoreños tendrían que esperar hasta 1840.
El sí del Vaticano
Entre 1830 y 1840, los sucesivos Gobiernos liberales habían implementado una serie de normativas para garantizar el principio de libertad de culto.
Entre otras cosas, habían decretado la extinción de las órdenes religiosas en 1830 y la supresión del pago de diezmos en 1832. La Iglesia vio todas estas acciones como una persecusión clara por parte de esos masones.
Sin embargo, en 1940 los vientos habían cambiado y eran favorables a la creación de la diócesis salvadoreña: los conservadores habían llegado al poder.
El padre Jesús Delgado explica en su libro que el Gobierno se involucró directamente en las gestiones ante las autoridades eclesiásticas y por lo menos financió el pago de los documentos para lograr la creación de la diócesis.
En 1841 designó a Viteri para que hiciera las gestiones necesarias en la Santa Sede.
Aunque no recibió ni un peso para sus gastos de vida en Europa y tuvo que poner de su bolsillo para ello, Viteri logró su cometido.
Así, el 28 de septiembre de 1842, Gregorio XVI estampó la firma en la bula Universalis Ecclesiae Procuratio, con la que se creaba la diócesis de San Salvador. El nombramiento de Viteri como primer obispo se oficializó en 1843.
Heredero de Viteri, el actual arzobispo Fernando Sáenz Lacalle destaca los retos eclesiásticos que enfrenta la diócesis a 160 años de su creación: El reto es llegar a más fieles y la reconstrucción de los templos dañados el año pasado por los terremotos.
Así es como la primera diócesis de la República y la cuarta más antigua de Centroamérica continúa su andar en el siglo XXI.
Las tres casas de los obispos
La primera catedral estaba ubicada en donde hoy se encuentra la iglesia El Rosario. El edificio colonial terminado en 1808 era parroquia mayor antes de convertirse en catedral.
Como conmemoración a la creación de la diócesis, la imagen de este templo aparece en los antiguos billetes de cinco colones.
Del edificio sólo queda ese recuerdo: el terremoto de 1854 derribó la torre del reloj y obligó a su reconstrucción. Pero otro sismo en 1873 lo destruyó por completo.
Había que hacer una nueva.
Stephen Grant, en su libro Postales salvadoreñas de ayer y hoy, consigna que esa catedral ocupaba el lugar de la actual y que fue construida de madera y lámina troquelada.
Esos materiales serían su perdición. Inaugurada en 1888, fue devorada hasta los cimientos por un incendio que comenzó en el vecino Teatro Nacional el 8 de agosto de 1951.
La actual ocupa el sitio de la que sucumbió al incendio. Sus constructores pusieron la primera piedra en 1956, pero la construcción se estancó y se dilató por un período de 43 años. La inauguración se realizó en 1999.
Para el arquitecto Ivo Osegueda Jiménez, decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Albert Einstein, la monumental obra 33 metros de altura tiene la virtud de haber soportado cinco terremotos sin haber sufrido mayores consecuencias.
Como arquitecto, el resultado final no le molesta del todo, pero Osegueda está consciente de que su mezcla de estilos provoca rechazo entre muchos ciudadanos de San Salvador.
Si me preguntan cuál obra refleja mejor la arquitectura salvadoreña, yo diría que es la catedral, señala el arquitecto.
¿La razón? La importación de estilos, que también se da en lo social, con la alienación y el desear ser lo que no somos, a juicio de Osegueda.
¿Que sea feo? Yo lo llamaría bayunco , señala Osegueda. Habría que analizar si, al rechazar la catedral, no nos estamos rechazando a nosotros mismos, concluye el arquitecto.