El mérito de ser cola de León

Roberto Valencia
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La segunda división española es difícil de entender, combinación de pantano sin salida con cuna del espectáculo, verdadero lobby en la gran casa del fútbol ibérico. Ahí estaba el Cádiz, y a mucha honra.

 
   

El 11 de septiembre es una fecha especial para Jorge González, y sin mediar atentados terroristas de por medio. Ese día, pero en 1982, el delantero salvadoreño debutó en el estadio Ramón de Carranza, la modesta cancha del club gaditano que se convertiría en su hogar durante siete temporadas.

Sólo unos meses antes, “el Mágico” se había esculpido un nombre en el Mundial, al punto de ser incluido en el 11 ideal pese a que su equipo concluyó como todos sabemos. Esto le abrió de par en par las puertas de acceso de una liga que, por aquel entonces, se batía en duelo con el “calcio” por el honor de ser la más prestigiosa del mundo.

El astro salvadoreño no llegó al Real Madrid ni al Barcelona, sino que aterrizó en Cádiz, una modesta ciudad del sur de la península cuyo equipo competía en la segunda división. En esa categoría estaba Jorge González cuando escuchó su nombre por primera vez en los altoparlantes, pero ¿qué significa militar en segunda?

Ser segunda

Al igual que ocurre desde el año pasado en El Salvador, la segunda es el peldaño inmediatamente inferior a la primera división, y ahí terminan las coincidencias. La escalera del fútbol español es infinitamente más larga que la de este pequeño terruño enclavado en el istmo. En la actualidad, hay 20 equipos en la “liga de las estrellas” y 22 en la “liga de plata”, como llaman los españoles a ese segundo peldaño.

Debajo, hay un sinfín de clubes que luchan por meterse entre los mejores. Un total de 80 equipos conforman la denominada segunda B, mientras que otros 346 se baten en la tercera división. Todavía más abajo están las ligas regionales, integradas (literalmente) por miles de equipos.

Esta pequeña contextualización quizá sirva para valorar en su justa medida la hazaña del “Mágico” pero, para los que aún dudan de su mérito, quizá haya que recordar los ilustres nombres que han desfilado (y todavía lo hacen) por la segunda del fútbol español.

El argentino Jorge Valdano, campeón del mundo en 1986 y buque insignia del Real Madrid durante años, debutó (y pasó cuatro años) en el modesto Alavés cuando el cuadro vasco estaba en la “liga de plata”.

Algunos años después, el mismo Valdano cobraría una efímera fama como gran entrenador al mando del Tenerife, divisa insular que se hizo de un nombre en la segunda, y que luego cobró fama de matagigantes tras impedir en dos temporadas consecutivas la coronación del Real Madrid.

En la actualidad, su compatriota Diego Jesús Quintana quiere emular los pasos de “el Filósofo”, y desde 2001 prueba suerte con el Real Murcia de David Vidal (quien fuera también técnico de Jorge González).

Quintana es campeón mundial sub 20 e internacional con Argentina en todas las categorías salvo la absoluta, y no ha sido contratado por uno de los 20 que conforman la “liga de las estrellas”.

¿Qué decir de Predrag Mijatovic? El todavía internacional yugoslavo que le dio al Real Madrid su séptima Copa de Europa defiende ahora los colores del Levante, equipo que milita en el segundo peldaño junto a otros históricos como el Zaragoza, el Oviedo, el Numancia, el Sporting de Gijón, el Las Palmas…

Ésa es la segunda división en España. Quien critique el hecho que Jorge “el Mágico” González llegara a esa categoría lo hará por ignorancia, envidia o simplemente porque está bastante más perdido que Donald Rumsfeld en una biblioteca. Aunque no es aplicable para todas las situaciones, en este caso, enfundado en la elástica de un club humilde, casi sin parafernalia, sí fue mejor ser cola de león que cabeza de ratón.

   
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