El trauma craneal que sufrió el paciente no pudo ser superado, pese a las respuestas que por momentos presentó.”
Médico que atendió a Fredy. Octubre 1992.
Era, así de simple, el hombre que le puso la voz a una de las cinco mejores canciones salvadoreñas de todos los tiempos: “Mentiras”. El éxito de aquel tema de Marito Rivera
fue tanto que Fredy Zelada pronto creó su propio grupo: Compacto. El Salvador había encontrado una estrella popular.
Pero el 24 de septiembre
de 1992, un microbús de la ruta 9 deformó el destino. Fredy circulaba en su motocicleta por San Jacinto. Un juego irónico de geografía, entre la avenida Cuba y la calle México, lo puso en el mapa del microbús que, a excesiva velocidad,
lo embistió. El culpable, adivine, huyó.
El cantante sufrió múltiples fracturas y golpes de consideración. Entró en coma y de este no saldría más. Como el grito de batalla de
su grupo, “ˇAférrate!”, compañeros y amigos de la farándula rasgaban las últimas esperanzas para que Fredy viviera. Fue en vano. El 6 de octubre en horas de la tarde, Fredy Zelada dejó de aferrarse y murió víctima de serias
lesiones en el cráneo.
“Tenía talento, toda una vida por delante”, dice Henry Mejía, periodista. Una estrella que pudo ser. Un adiós. “Ay, yo no sé cómo pudiste dejarme...”