No han sido el único grupo tropical o roquero que ha sufrido un percance de este tipo. Pero sí sirva este caso para ejemplificar a todos.
En enero de 1994, la gente de San Idelfonso, en San Vicente, había terminado la fiesta bailando “La bala” y luego se habían ido, contenta, para sus casas. Los integrantes de los Hermanos Flores, cansados, tenían ganas ya de hacer
lo mismo. Microbusito, para qué te quiero.
A las 3:30 de la madrugada y a pocos kilómetros de la salida del pueblo, fueron sorprendidos. “Aparecieron unos hombres y nos ametrallaron”, relata “Nono” Flores, director de la orquesta. Hirieron al tecladista. Se llevaron relojes, anillos y
los 20 mil colones que habían cobrado por la fiesta.
La mañana siguiente, la historia era una pieza de lego más en aquella estructura de tristes recuerdos. Ésa de la que ya forman parte la vez que quedaron en medio de un enfrentamiento entre guerrilla y el ejército o la vez
que hubo una balacera en una verbena de Sonsonate. “Uno debe acostumbrase a esto”, dice “Nono”. Gajes del oficio.