Le encontraron en un vehículo 20 bolsas de plástico transparentes llenas de cocaína, envueltas en papel higiénico. Y así, ese día, el 7 de febrero de
1997, “Rojito” quebró y drogó de tristeza el corazón de miles de niños que lo habían visto años atrás en Jardín Infantil. “Eso sí fue chocante para mí”, comenta Edwin Segura, periodista que cubrió
el hecho.
La captura ocurrió en las inmediaciones del bulevar Venezuela. Eduardo Antonio Alfaro Carranza —alias “Rojito”, el mismo que fue también su nombre artístico—
fue detenido junto a un amigo y llevado a la División Antinarcóticos de la PNC. Ahí, sin maquillaje, sin nariz roja, fue exhibido ante cámaras. El decomiso: 275.9 gramos de cocaína.
Testigos y evidencia
eran un mal chiste de payaso en su contra. Se le acusó de posesión y tenencia ilícita de drogas, delito por el cual luego el Juzgado Primero de lo Penal lo halló culpable. El 4 de marzo de 1998, al mediodía, “Rojito” fue condenado a cinco
años de cárcel.
Su buen comportamiento en la cárcel le ayudó y, pronto, consiguió la libertad condicional. El 29 de septiembre de 2000 se le extinguió por completo cualquier responsabilidad
penal. “Rojito” era un hombre libre, un payaso libre.