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| Cita |
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Yo considero que Tania es realmente mi matrimonio, mi estabilidad, la única vez que yo realmente me he casado.”
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La boda fue en 1988. Daniel Rucks, un chele, entonces greñudo, medio loco y que estaba poniendo la TV local de cabeza con sus extravagancias, se casaba con una de sus modelos: Giselle
Weil. (Ya hubiera querido la revista People una historia así.) Fue rápido. Más un arrebato de locura, dice, como subirse a una jirafa —cosa que también hizo—. “Fue un matrimonio producto de pura pila”, reconoce.
Pila que apenas le duró 10 meses. Años después, en 1992, con la mente más clara , Rucks inició los trámites para anular la boda, ante las autoridades eclesiásticas del país
y no en el Vaticano, como se rumoró en su momento. Argumentó que el sacramento no había sido a conciencia y el 14 de julio de 1995, según contó, obtuvo la anulación. Cinco años más
tarde se volvió a unir en matrimonio, y con otra modelo: Tania Henríquez. Llevan cuatro años casados y tienen dos hijos. Son felices.
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