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La peliculita ni fu ni fa en otros países. Pero la hoy aún más célebre Dirección de Espectáculos Públicos Molotov y El crimen del padre Amaro le mandan saludos hizo de
ella una bombón taquillero en estas tierras.
Recién iniciaba febrero de 2000 cuando el ente censor emitió un dictamen advirtiendo que la película (que narra cómo una joven, atea confesa, sufre las heridas de Cristo) debía ser retirada de los cines por atentar contra el orden
público.
Y se armó el pleito. La dirección decía tener quejas de instituciones y ciudadanos católicos. Los distribuidores de la cinta querían que les comprobaran cómo el filme alteraba el orden. Y la gente de criterio amplio se ensañó
con el ente censor.
Fue una tontería de las autoridades. El tiro les salió por la culata, dice Héctor Silva, crítico de cine.
De hecho, como Amaro y Molotov, Estigma se convirtió en el hit de la temporada: Más de 1 mil personas asistieron a verla el día que se hizo pública la censura, sólo en un complejo de cines. La película se
quedó en cartelera. La gente la volvió un éxito. Y la dirección aprendió la lección... bueno... eh... este... eh... mejor olvidarlo.
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