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Los 380 efectivos salvadoreños destacados en
Iraq resultaron ilesos ayer tras la explosión
de un coche bomba cerca de su campamento al sur
de Bagdad.
De acuerdo a los informes proporcionados por
el teniente coronel Artur Domanski, portavoz del
alto mando de la división internacional que controla
el sector centro-sur de Iraq, el ataque ocurrió
a primera hora de la tarde.
Los soldados iraquíes que resultaron heridos
protegían la entrada en la base Charlie, de Hilla,
en la que se encuentra acuartelado, entre otros,
el batallón Cuscatlán.
Cometido por suicida
De acuerdo a un comunicado emitido por el Ministerio
de Defensa de El Salvador, el ataque fue ejecutado
por un suicida iraquí que se conducía en un pequeño
camión tipo pick up de color azul.
“El suicida fue detenido por las tropas
de la Guardia Nacional iraquí que se mantienen
dando protección lejana al campamento para efectuar
el respectivo registro de seguridad”; momento
que aprovechó el atacante para hacer estallar
el vehículo.
El pasado 5 de enero, otro coche bomba que explotó
cerca de la base produjo un saldo de 10 muertos
(seis policías y cuatro civiles), además de 28
heridos. Tampoco en esa ocasión hubo bajas salvadoreñas.
Anuncian decapitación de 15 guardias
Insurgentes liberaron a ocho ciudadanos chinos
que amenazaban con matar, como un gesto hacia
Pekín.
El grupo extremista Ansar al Suna asumió
ayer la responsabilidad de la muerte de 15 iraquíes
de la Guardia Nacional, secuestrados hace una
semana tras caer en una emboscada al noroeste
de Bagdad.
En el mensaje difundido en su página
en internet, los extremistas comunican: Tras
interrogar a los guardias, confesaron haber cometido
crímenes junto a los cruzados contra civiles
iraquíes y muyahidines, por lo que merecían
la muerte.
Por el momento, no se ha confirmado la muerte
de 15 efectivos de la Guardia Nacional. Tampoco
queda claro si se trata del grupo de soldados
que fue secuestrado hace una semana.
Liberan a chinos
En otro hecho, los insurgentes en Iraq liberaron
a ocho trabajadores chinos que habían tomado
como rehenes y amenazado con matar, como gesto
de buena voluntad tras la recomendación
lanzada por Pekín a los ciudadanos chinos
de no viajar a Bagdad.
Un video grabado por los secuestradores mostró
a los ocho hombres de pie o arrodillados formando
dos filas en el desierto, sosteniendo sus pasaportes
abiertos.
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