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SEÑOR PRESIDENTE DE LA HONORABLE ASAMBLEA
LEGISLATIVA Y SEÑORES DIPUTADOS.
SEÑOR PRESIDENTE DE LA HONORABLE CORTE
SUPREMA DE JUSTICIA Y SEÑORES MAGISTRADOS.
EXCELENTISIMOS SEÑORES JEFES DE ESTADO
Y SUS DISTINGUIDAS ESPOSAS.
SEÑORA VICEPRESIDENTA CONSTITUCIONAL DE
LA REPUBLICA, SEÑOR CARLOS
PATRICIO ESCOBAR Y DISTINGUIDA FAMILIA.
EXCELENTISIMOS SEÑORES VICEPRESIDENTES
Y JEFES DE MISIONES ESPECIALES
DE PAISES AMIGOS QUE NOS ACOMPAÑAN.
SEÑORES DIPUTADOS AL PARLAMENTO CENTROAMERICANO.
SEÑOR EXPRESIDENTE DE LA REPUPLICA Y SEÑORA
DE FLORES.
SEÑOR EXVICEPRESIDENTE DE LA REPUBLICA
Y SEÑORA DE QUINTANILLA.
SEÑOR PRESIDENTE DE LA CORTE DE CUENTAS
DE LA REPUBLICA Y SEÑORES MAGISTRADOS.
SEÑOR PRESIDENTE DEL TRIBUNAL SUPREMO ELECTORAL
Y SEÑORES MAGISTRADOS.
SEÑOR FISCAL GENERAL DE LA REPUBLICA.
SEÑOR PROCURADOR GENERAL DE LA REPUBLICA.
SEÑORA PROCURADORA PARA LA DEFENSA DE LOS
DERECHOS HUMANOS.
SEÑORES EXPRESIDENTES Y EXVICEPRESIDENTES
DE LA REPUBLICA.
SEÑORES ALCALDES MUNICIPALES.
SEÑORES MIEMBROS DEL GABINETE DE GOBIERNO.
SEÑORES GOBERNADORES DEPARTAMENTALES.
EXCELENTISIMO Y REVERENDISIMO MONSEÑOR
FERNANDO SAENZ LACALLE, ARZOBISPO
METROPOLITANO DE SAN SALVADOR Y SEÑORES
MIEMBROS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL SALVADOREÑA.
SEÑORES REPRESENTANTES Y MIEMBROS DE LAS
IGLESIAS EVANGELICAS.
SEÑORES REPRESENTANTES DE PARTIDOS POLITICOS.
SEÑORES PRESIDENTES DE GREMIALES EMPRESARIALES
Y MIEMBROS DE SUS JUNTAS
DIRECTIVAS.
AUTORIDADES CIVILES Y MILITARES.
AMIGOS DE LA PRENSA.
PUEBLO SALVADOREÑO.
Asumo este día, por voluntad expresa
y masiva de los salvadoreños, la máxima
responsabilidad que puede ser encargada a un ciudadano:
la de conducir los destinos del país desde
la Presidencia de la República.
En primer lugar, quiero agradecer a Dios todopoderoso
el que me haya concedido esta suprema oportunidad
para servirle a mi gente. A él le ofrezco
el mandato de gobierno que este día comienza.
A los salvadoreños que me concedieron
el honor de su confianza les reitero mi gratitud
más sincera. En homenaje a esa confianza,
me convierto hoy en Presidente de todos, entendiendo
a cabalidad que la esencia de la democracia exige
que el Presidente gobierne para todos por igual.
A mi partido ARENA, bajo cuya bandera joven
y vibrante recorrimos el país de punta
a punta, formando una inmensa red de voluntades
encendidas por el anhelo de mejoramiento, de seguridad
y de progreso, le reitero mi cariño y mi
gratitud.
Nuestro pueblo reconoce la lucha de ARENA para
superar los tiempos oscuros del populismo y de
la guerra. A toda esa gente arenera, entregada
y amante de las libertades, nunca me cansaré
de darle las gracias, por haberse entregado a
este nuevo proyecto de renacimiento y renovación.
Al iniciar este proyecto de servicio quiero
manifestar que sin el apoyo y el amor de mi esposa
Ana Ligia y de mis hijos Gerardo, José
Alejandro y Christian no me sería posible
enfrentar los enormes desafíos que nos
esperan.
Mi familia, que me acompaña y me da fortaleza,
también me sirve de estímulo para
trabajar día tras día, con entusiasmo
y devoción, para que todas las familias
salvadoreñas tengan una vida mejor.
En este momento tan decisivo de mi vida quiero
inspirarme en el recuerdo de mis padres, Ricardo
Saca y María Luisa González de Saca,
que ya gozan de la gloria de Dios. Fueron ellos
quienes me enseñaron los principios y valores
que han hecho posible que hoy me encuentre aquí
ante ustedes.
Tenemos mucho que agradecerle a la comunidad
internacional. Este día, nos honra, nos
estimula y nos compromete la asistencia gentil
y solidaria de altísimos dignatarios de
muchos países.
Saludamos calurosamente a los Excelentísimos
señores Presidentes que están con
nosotros en este momento tan significativo. Agradezco
también la presencia de honorables representantes
de gobiernos, organismos y organizaciones de todo
el mundo.
El pueblo salvadoreño y su nuevo Gobierno
los reciben con los brazos abiertos y la disposición
sincera de continuar trabajando con el empeño
y la fraternidad de siempre. Recibimos la Presidencia
de la República en una coyuntura nacional
e internacional a la vez, compleja y esperanzadora.
El mundo vive una ola de incertidumbre, y nuestro
país no puede apartarse de los efectos
de situaciones adversas, como el terrorismo y
los quebrantos económicos.
El Salvador ha logrado notables progresos políticos,
económicos y sociales; pero eso mismo hace
que esté cada vez más claro todo
lo que nos falta por avanzar en esos campos. Nos
preocupa el presente y nos inquieta el futuro;
pero ya no estamos atados al pasado.
Es cierto que hay múltiples amenazas a
nuestra estabilidad y a nuestro modelo democrático
de vida; sin embargo, la convicción ciudadana
es el mejor escudo frente a cualquier intento
de regresión.
Nada ni nadie nos hará retroceder. Por
el contrario: nuestro compromiso democrático
es cada vez más vigoroso, y eso nutre nuestro
capital nacional de esperanza.
Mi convicción, compartida con la inmensa
mayoría de nuestra población, es
que hoy somos más fuertes que nunca para
vencer las adversidades, sustentar el optimismo
y seducir el progreso.
Desde que los salvadoreños logramos resolver
de una manera pacífica y ejemplar un conflicto
armado tan destructivo como el que sufrimos por
más de una década, El Salvador ha
afianzado el camino hacia la democracia plena.
Desde 1992, hemos ido construyendo, con sacrificio
y dedicación, la institucionalidad que
se necesita para que nuestra sociedad sea segura,
estable, pacífica, progresista y moderna.
No podemos hablar de nuestra democracia y de
El Salvador de hoy sin mencionar a nuestra Fuerza
Armada, cuyo carácter y profesionalismo
son hoy más ejemplares que nunca. Esta
noble institución es el mejor paradigma
de lo que puede lograrse cuando hay verdadera
capacidad de adaptación a los nuevos tiempos
y las nuevas misiones. Merece por eso nuestra
admiración y reconocimiento.
Los gobiernos presididos por Alfredo Cristiani,
por Armando Calderón Sol y por Francisco
Flores sentaron los cimientos de este nuevo País,
que hoy nos comprometemos a impulsar de manera
decidida e innovadora.
Gracias al coraje, visión y liderazgo
de nuestros antecesores podemos sentirnos seguros
de que nuestro país está preparado
para enfrentar, de manera responsable y segura,
las exigencias de una modernización creciente,
que es ejemplar en la región latinoamericana
y en el entorno centroamericano.
Gracias a lo logrado en estos quince años,
nuestro país ha ganado credibilidad internacional,
respeto político y solidaridad financiera.
No estamos solos, porque hemos sido responsables.
Se nos cree y se nos reconoce, porque hemos sabido
actuar coherentemente.
El Salvador se ha preparado para abrirse al mundo
por primera vez en su historia.
Hechos sin precedentes como el Tratado de Libre
Comercio entre Centroamérica y Estados
Unidos nos abren un espacio de desarrollo incalculable.
Hace cuatro días quedó firme el
texto de dicho tratado.
Con el TLC ganamos todos, porque es un instrumento
excepcional para aterrizar los beneficios de la
globalización y las bondades de la apertura,
y convertirlos en oportunidades concretas de prosperidad
para los salvadoreños.
Los frutos de la apertura ya comenzaron a beneficiar
a nuestra gente a través de acuerdos suscritos
con México, Panamá, Chile y República
Dominicana. Ya iniciamos además un acercamiento
comercial con la Unión Europea, y muy pronto
esperamos concluir un acuerdo con Canadá.
Es de justicia reconocer la visión integradora
del presidente Francisco Flores. Quiero hacer
una pausa en esta solemne ocasión para
honrar ante todo el país, el trabajo, la
dedicación y su esfuerzo de los últimos
cinco años.
Su liderazgo durante los terremotos del 2001
y las obras completadas por su Gobierno nos han
permitido vestir al país con un rostro
de modernidad.
El país lo recordará además
como el Presidente que nos condujo a cruzar el
puente hacia la integración en el nuevo
siglo.
Hermanos salvadoreños:
Hoy comienza una nueva etapa en nuestra historia.
Mi primera tarea es presentarle al país
y a la comunidad internacional mi visión
del tipo de gobierno que los salvadoreños
dibujaron en las urnas el pasado 21 de marzo.
Con claridad incuestionable los salvadoreños
escogieron un gobierno que ante todo defienda
las libertades, que genere oportunidades, que
se abra a entendimientos, que vele por el cumplimiento
de la ley y que garantice la seguridad ciudadana.
En esta línea de valores, los salvadoreños
se han pronunciado masivamente por un gobierno
que tenga como proyección principal la
cercanía a las necesidades del ciudadano
común, que sea tolerante en el buen sentido
de la palabra y ejerza la voluntad solidaria para
entender y atender las exigencias y las aspiraciones
populares.
Como Presidente, recibo y asumo ese mensaje,
y me comprometo solemnemente a impulsar un gobierno
entregado al bienestar de la gente, atento a la
suerte de los más necesitados y decidido
a trabajar en esa línea de servicio, sin
un solo minuto de descanso.
Los salvadoreños me verán constantemente
cara a cara, brazo a brazo, a lo largo y ancho
del país, no en visitas de ocasión
sino llevando el gobierno a sus comunidades, para
que los ciudadanos de todas las condiciones sientan
que el Estado existe, que trabaja para ellos y
que es capaz de responder a sus demandas más
sentidas.
La pobreza es una condición a la que
ningún salvadoreño debe resignarse.
Los que hemos recibido el encargo de conducir
los destinos del país debemos combatirla
de manera frontal.
En tal sentido, nuestro gobierno iniciará
de inmediato la construcción de una red
de bienestar social, que tendrá por objetivo
ofrecer los estímulos necesarios a todos
aquellos compatriotas que se encuentren en desventaja
económica y marginación social,
para incorporarlos a la vida productiva.
Las prioridades hace 15 años respondían
a un entorno difícil,
del que ya hemos salido. El debate económico
mundial ahora replantea una fórmula que
priorice lo social sin abandonar la estabilidad
económica y el crecimiento sostenible.
Va quedando claro que la modernización
económica no es sostenible sin el desarrollo
humano.
En países como el nuestro, la necesidad
del énfasis en lo social es más
urgente.
En nuestro Gobierno, lo social no es un complemento
de nada, sino la base de todo.
A partir de esa filosofía elaboramos
nuestra oferta electoral, que hoy se convierte
en proyecto de gobierno.
Voy a poner la agenda social en primer plano...Seremos
un gobierno, ante todo, con un profundo sentido
humano.
Durante la campaña me comprometí
a ser un Presidente concertador y accesible. Esa
promesa la voy a cumplir firmemente desde este
mismo momento.
Pero una cosa es un Presidente tolerante y abierto
que busca entenderse con la oposición constructiva,
y otra muy distinta es que la oposición
intransigente quiera chantajear al Presidente.
No confundamos las demandas legítimas con
los desmanes políticos...
No confundamos las necesidades con las necedades.
Tengo la sincera esperanza que mi disposición
al diálogo será correspondida por
todos aquellos con quienes nos toque hacerlo.
Llego a la presidencia sin prejuicios ni reservas;
pero sí con principios y valores. Esos
principios y esos valores nos dan la fortaleza
para sostener nuestras posiciones.
El pueblo salvadoreño, al que nos debemos,
nos verá actuar, y juzgará la transparencia
de nuestras acciones. Si alguna cosa no camina
por falta de entendimiento, ese mismo pueblo sabrá
dónde están los obstáculos...
ese mismo pueblo, sabio y prudente como es, sabrá
empujar a los que no quieran caminar, a los que
no quieran colaborar.
Haremos una gestión de valores. Y al mencionar
valores me refiero en especial a algunos que son
esenciales: responsabilidad, solidaridad, justicia,
orden y libertad. Tales valores se asientan en
tierra muy firme: la fe en la divina providencia
y la entereza moral. Y los valores aludidos significan,
en el ámbito institucional, honestidad
escrupulosa en el desempeño de la gestión,
respeto irrestricto a la legalidad en todas sus
expresiones, apuesta a la superación del
ser humano y concordia social. Nuestra Presidencia
nace bajo el signo del entusiasmo por el progreso,
la fe en la democracia y la búsqueda de
la unidad y la armonía. La inmensa mayoría
de los salvadoreños comparten estos valores
y acogen la convivencia pacífica.
A los que están aquí y a los que
no están aquí, a los que comparten
nuestro ideario y a los que no lo comparten, a
los que le apuestan al futuro y a los que están
atados al pasado, a todos les digo: tendrán
en mí un interlocutor dispuesto a abrir
brecha para que el país siga adelante.
A los diputados y a los alcaldes que nos acompañan
y a los que están ausentes les invito a
que nos comprometamos en un proceso de entendimientos
sostenibles, para dar a los salvadoreños
soluciones coherentes y consensuadas.
Los salvadoreños merecemos una clase
política constructiva, seria y responsable...Lograrlo
es tarea de todos.
A los diputados y alcaldes que, superando consignas
o mandatos partidarios, están aquí
con nosotros, los saludamos con respeto, reconocimiento
y admiración.
Este día invito a los diputados, alcaldes
y al sector privado a que, en compañía
del gobierno central, conformemos una Comisión
de Entendimientos.
Propongo que abordemos, cuanto antes, puntos
críticos de la agenda nacional, como el
municipalismo, la descentralización, el
desarrollo rural y el financiamiento de los gobiernos
locales.
Ahora, quiero presentarles las grandes líneas
de mi Plan de Gobierno, País Seguro. En
los próximos días, con el equipo
de trabajo que este día se constituye,
haremos el lanzamiento oficial de muchas de las
medidas que desarrollaremos dentro de los próximos
cinco años.
País Seguro es un proyecto con auténtico
sentido humano, que ha nacido de las entrañas
mismas del sentir nacional. Es un programa que
no tiene precedentes, porque es el resultado de
la gira “Hablemos con Libertad”, que
nos permitió tener contacto directo con
las personas, sus necesidades y anhelos.
Aquella gira, que nos llevó a cada uno
de los 262 municipios del país, fue solo
el comienzo de lo que vamos a hacer y que marca
un nuevo estilo de gobierno.
Nuestro despacho será el país...Nuestra
oficina es la casa de
todos.
Desde hoy anuncio que estaré en giras
periódicas y sistemáticas, para
mantener vivo y fresco el pacto permanente que
nos permitió llegar a la voluntad y al
corazón de nuestros compatriotas.
Aquella primera gira era para convencer...las
que hoy emprenderemos son para cumplir.
País Seguro refleja lo que los salvadoreños
me han pedido. Un gobierno democrático
siempre debe responder a las necesidades del ciudadano.
Estaremos al lado de la gente. No estamos inventando
fórmulas, imaginando paraísos, ni
ofreciendo magia. Venimos de la realidad, vivimos
en ella, nos debemos a ella. Soñamos, desde
luego, con un país mejor, pero con los
pies en la tierra. Pondremos la imaginación,
el ingenio y la audacia al servicio de la realidad
que queremos transformar para bien de todos.
En ese ejercicio de escuchar a los salvadoreños
de todos los niveles y condiciones, uno de los
clamores más sentidos es la seguridad ciudadana.
Como hombre de trabajo y de familia, me he unido
a ese clamor desde hace mucho tiempo. Hoy cuento
con las herramientas gubernamentales para trabajar
en serio y a fondo por la seguridad.
Estoy convencido de que la calidad de vida de
la familia salvadoreña mejorará
sustancialmente cuando logremos romper la espiral
de la violencia, en todas sus manifestaciones.
Problemas como el crimen organizado y la delincuencia
de las maras deben ser extirpadas de nuestra sociedad.
Lograrlo no puede ser sólo responsabilidad
de las instituciones: tiene que participar activamente
la ciudadanía. Formaremos un equipo de
seguridad ciudadana que combatirá la delincuencia
en todas sus facetas.
Aplicaremos Súper Mano Dura para llevar
a los delincuentes ante la ley, pero a la vez
tendremos la Mano Extendida para evitar que los
que están en riesgo delincuencial caigan
en él y para rescatar y rehabilitar a aquellos
que buscan reinsertarse en la sociedad.
A nivel institucional, seguiremos fortaleciendo
nuestra corporación policial, para que
cumpla sin reservas su delicada misión
dentro de la dinámica democrática.
Otro gran compromiso de nuestro gobierno con
sentido humano es la generación de empleo.
A lo largo de nuestro recorrido por las comunidades
del país, la petición más
común era oportunidad de trabajo.
Por lo tanto, multiplicar el empleo es el principal
desafío nacional.
Y sólo enfrentaremos con éxito
ese desafío si creamos y consolidamos las
condiciones para ser un país cada vez más
productivo y más competitivo.
Vamos a seguir abriendo las fronteras y dándole
mayor fluidez al intercambio comercial, buscando
así hacer más competitivos a nuestros
empresarios.
Con el mismo propósito, impulsaremos
la asociatividad de empresas -medianas y pequeñas--,
y la agilización y simplificación
de trámites burocráticos.
Lanzaremos además un ambicioso programa
internacional destinad a multiplicar la inversión
extranjera. Estamos dispuestos a estructurar un
adecuado sistema de incentivos, que se maneje
con transparencia y efectividad, a fin de animar
a los inversionistas nacionales y extranjeros
a poner sus recursos al servicio del desarrollo
nacional.
El Salvador tiene un amplio potencial para la
inversión en turismo.
Convertir a nuestro país en un verdadero
destino turístico implica, en primer término,
que los salvadoreños valoremos las grandes
oportunidades en este campo.
Tenemos que apostarle en grande al turismo.
Una de las grandes ventajas del turismo es que
hace posible que participen desde la grande hasta
la microempresa.
Nuestro gobierno dará la pauta, y mejorará
la infraestructura básica para facilitar
la inversión privada.
La primera prueba de ello es que por primera
vez en nuestra historia habrá un Ministerio
de Turismo, cuya misión es impulsar esta
actividad para convertirla en uno de los motores
del desarrollo nacional.
Estoy decidido a encontrar y activar las herramientas
legales e institucionales para proteger el bolsillo
de los salvadoreños.
Con ese fin, crearemos la Defensoría
del Consumidor, que será autónoma
y que protegerá los derechos de los consumidores.
Debemos proteger la economía familiar,
sabemos que existen abusos... y nuestro gobierno
no los permitirá más.
En nuestro gobierno con sentido humano, la educación
será prioritaria.
El reto es ampliar la cobertura, y sobre todo
mejorar la calidad.
Los salvadoreños que se eduquen en el
sistema deben estar capacitados no solo para el
trabajo, sino fundamentalmente para la vida, tal
como lo exigen los tiempos modernos.
Incluiremos en nuestra gestión educativa
un ambicioso programa de rescate de la Universidad
de El Salvador. La Universidad estatal debe estar
preparada en todas sus dimensiones para atender
la demanda educativa de amplios sectores nacionales.
Queremos que El Salvador se convierta en la
capital del conocimiento en Centroamérica.
La Salud será otra área que atenderemos
con especial dedicación.
Como lo dije durante la campaña, nuestro
Gobierno no privatizará la salud pública.
Impulsaremos una reforma integral del sistema,
para lo cual existen ya múltiples insumos
técnicos.
Desarrollaremos el Seguro Social, garantizando
honestidad y transparencia en el servicio y manteniendo
las cotizaciones tal como están.
Dicha reforma pondrá al ser humano por
encima de cualquier otra consideración,
y estará basada en el entendimiento con
todos los sectores que participan en esta tarea
de servicio tan esencial.
Nuestro gobierno tomará en serio al medio
ambiente. Vamos a fortalecer el Ministerio encargado
de esa problemática a través de
la revisión de los marcos legales, y lanzaremos
una campaña masiva para la preservación
y recuperación de nuestros cada vez más
escasos recursos naturales.
Aprovecharemos las fuentes de apoyo internacional,
que son muchas y muy variadas.
Trabajaremos en un proyecto nacional para el
desarrollo hídrico; defenderemos el bosque
cafetalero; y fomentaremos la educación
ambiental, indispensable para que los salvadoreños
reconozcamos que la naturaleza, así como
la historia, es responsabilidad de todos.
Los caminos hacia el progreso y la modernización
pasan necesariamente por una gestión ambiciosa
y efectiva en el área de infraestructura
física. Vamos a consolidar la conectividad
interna del país para avanzar nuestro liderazgo
en el proceso de integración regional.
Fomentaremos los sistemas de ciudades intercomunicadas,
poniendo énfasis en la comunicación
vial de las pequeñas poblaciones, muchas
de las cuales están hoy prácticamente
incomunicadas.
La infraestructura del país debe ser
la mejor palanca para el desarrollo nacional.
Una herramienta para combatir la pobreza es integrar
las comunidades aisladas al progreso.
Nuestro Gobierno trabajará sin descanso
a favor de la estabilidad y bienestar de las comunidades
de salvadoreños en el exterior.
Trataremos este tema como lo que es: una parte
importante de la vida nacional.
Para ellos realizaremos un agresivo cabildeo
a favor del TPS y otros instrumentos legales para
favorecer su estatus migratorio en Estados Unidos.
Este día juramentaré a una nueva
funcionaria, con rango ministerial, que se dedicará,
a tiempo completo, a velar por los intereses de
nuestros hermanos cercanos.
Vamos a proteger sus remesas y buscar mecanismos
que permitan reducir los costos de envío.
Durante la campaña, prometí que
las mujeres ya no estarán
solas.
Trabajaremos por el desarrollo integral de la
mujer, sobre todo por aquellas miles de salvadoreñas
que son papá y mamá a la vez, que
tienen que enfrentar la vida solas y sudar más
de lo debido.
Para ello, facilitaremos la llegada de créditos
y asistencia técnica a aquellas mujeres
que quieren salir adelante con su microempresa.
Buscaremos la participación del sector
productivo para establecer más guarderías
y centros de bienestar infantil.
Las mujeres que trabajan y que no tienen dónde
dejar a sus hijos, ya no estarán desamparadas.
La mujer será el eje principal de nuestro
proyecto social. Por eso les reitero que la mujeres
en El Salvador ya no estarán solas.
El futuro de El Salvador está en los
jóvenes. No podemos, no
debemos desatenderlos. No puede haber mejor inversión
en una sociedad que apostarle al desarrollo integral
de la juventud. La Secretaría de la Juventud
tendrá como misión fundamental garantizar
el futuro de nuestra juventud.
A los agricultores también quiero decirles
que no los dejaré solos.
Este día me comprometo con ustedes que
buena parte de mi tiempo como Presidente estará
dedicado a encontrar soluciones a sus problemas.
Vamos a encontrar la manera de proveerlos de
insumos agrícolas más accesibles.
Y tendremos a un Banco de Fomento Agropecuario
más cercano a ustedes.
Crearemos el programa presidencial PROAGRO,
que en forma complementaria a las acciones realizadas
por el Ministerio de Agricultura y Ganadería,
buscará soluciones ingeniosas y de corto
plazo a problemas estructurales que propicien
la reconversión productiva del sector.
Finalmente, no podemos permitir que los agricultores
se vean amenazados por la inseguridad. Por eso,
crearemos la Policía Rural que, juntamente
con la Fuerza Armada, llevará seguridad
al campo.
Este es sólo un esbozo de lo que nos
proponemos emprender a partir de este día.
Nuestra voluntad, nuestra convicción y
nuestra energía están ya al servicio
del país.
Necesitamos que el país nos acompañe.
Ninguna iniciativa de gobierno prospera si no
tiene el respaldo ciudadano.
Y, además, son vitales el respaldo legislativo
y el respaldo político de sectores claves
de la vida nacional. Nuestra tarea es construir
desde el primer día todos esos respaldos.
Ganamos ampliamente el voto popular, y eso nos
da una plataforma extraordinaria para construir
gobierno.
El pueblo tiene el poder; nosotros sólo
somos sus representantes.
En esa línea, con la participación
de las distintas fuerzas del
país, nuestro Gobierno impulsará
un Acuerdo Nacional que habrá de buscar,
entre otras cosas, una inaplazable Reforma del
Estado que nos lleve a una profunda Reforma Electoral
cuyo objetivo será fortalecer nuestra democracia.
En el mismo espíritu, convencido de que
no hay atajos fáciles
ni fórmulas mágicas para alcanzar
el desarrollo, quiero convocar
a la empresa privada de todos los niveles a que
juntos construyamos un gran Pacto por el Empleo.
A los empresarios del país, que son millones
de salvadoreños emprendedores, les insto
a continuar creando riqueza, comprometiéndose
con un futuro de estabilidad, solidaridad y desarrollo
integral.
Para poder gobernar hay que saber escuchar.
Esa es la sencilla pero vital clave del éxito
en el desempeño
de la gestión pública.
Yo estoy acostumbrado a escuchar, porque vengo
de la escuela de la vida.
Sería incomprensible que al asumir esta
investidura creyera ser el dueño de la
verdad. La realidad del país la vamos a
vivir y a resolver juntos.
Quiero una vez más hacer mía la
frase de San Agustín:
“No busques qué dar; date a ti mismo”.
Este sabio pensamiento espiritual, que ha guiado
constantemente mis acciones personales, hoy inspira
el Proyecto Social del Gobierno que estamos iniciando.
El corazón de nuestro Plan de Gobierno
es el Proyecto Social, y el corazón del
Proyecto Social es el ser humano.
Nace y tiene su motivación en las personas,
no en las estadísticas.
Mi Gobierno estará siempre con los salvadoreños,
allí donde ellos sufren, allí donde
ellos necesitan sentir que alguien comprende sus
adversidades y sus necesidades. Y también
allí donde ellos sueñan y confían
en una vida mejor.
El Estado no puede ni debe abandonar a los más
desafortunados. El Estado no puede ni debe desentenderse
de la marginalidad, que es una de nuestras fallas
históricas.
Nuestro Proyecto Social responde a una realidad
difícil, compleja y desafiante. Es importante,
entonces, dejar claro que, como Presidente, voy
a mantenerme siempre en contacto con la realidad,
con los pies en la tierra y la mirada puesta en
el horizonte de lo que queremos y merecemos llegar
a ser como pueblo y como país.
Hoy les reitero mi compromiso de escuchar con
humildad y paciencia, trabajar con seriedad, buscar
respuestas con sensibilidad humana, y actuar siempre
como lo que soy...
Un ciudadano más que tiene hoy una responsabilidad
trascendental: trabajar al servicio de los demás.
No voy a permitir que los espejismos del cargo
que hoy ostento me roben la naturalidad, la humildad
y el buen juicio. No voy a dejar que las frivolidades
del poder me alejen de la misión principal
que he asumido... hacer que el poder sirva como
palanca eficaz de la felicidad colectiva.
Hoy los invito a caminar juntos hacia un País
Seguro. Hacia un país más cálido,
más humano y, por consiguiente, más
convivible.
Les invito a fortalecer la confianza en nosotros
mismos. No podemos aceptar el chantaje de la violencia
ni los estribillos del desaliento.
Caminemos con entusiasmo y gallardía,
porque esa es nuestra naturaleza.
Siempre optimistas, siempre viendo al futuro,
siempre creyentes en nuestra fuerza fundamental,
que es la voluntad de seguir adelante.
Caminemos juntos porque El Salvador vale la
pena.
Mi mandato es seguir construyendo un país
donde sea normal tener oportunidades... un país
donde ya no se repita el círculo vicioso
de la pobreza estructural... un país donde
haya trabajo suficiente para todos y espacios
abiertos para el talento e ingenio individual.
Pero que nadie espere de nuestro Gobierno prebendas,
privilegios ni ventajas irresponsables.
No vamos a regalar lo que no tenemos, somos
conscientes de nuestras posibilidades y limitantes.
Actuaremos con plena conciencia de nación,
dentro de las disciplinas de decisión y
trabajo público que demanda el sano ejercicio
de la responsabilidad democrática.
Actuaremos con prudencia fiscal para asegurar
la sostenibilidad de las finanzas públicas.
No verán en mi Gobierno dogmatismo económico
ni veneración desproporcionada a la lógica
del mercado. Tenemos un rumbo económico,
fundado en las libertades, y esa es la ruta que
vamos a seguir.
Pero seremos capaces, desde luego, de ejercer
la función estatal vigilante, para que
el interés público y el interés
privado se potencien mutuamente.
Esperen de mi Gobierno firmeza, pero también
flexibilidad.
Estaremos siempre atentos a tenderle una mano
solidaria a quien la necesita para superarse.
Me identifico con las dificultades y los desafíos
que enfrentan el pequeño empresario, el
profesional, el obrero, el ciudadano común.
Estén seguros de encontrar en mi Gobierno
solidaridad efectiva con el agricultor, con el
comerciante, con el maestro; en fin, con todos
aquellos que luchan diariamente por salir adelante.
Estimados compatriotas:
Como Presidente, voy a velar porque todos los
salvadoreños encuentren las condiciones
favorables de superación que casi nunca
encontré durante los años más
duros de mi lucha por construir una vida propia.
Las circunstancias que tuve que enfrentar como
salvadoreño emprendedor fueron difíciles,
como lo son para casi todos los que están
en la situación en que yo estuve. El reto
es cambiar las condiciones, para cambiar las vidas.
Yo hice realidad mi propio sueño salvadoreño
con trabajo y sacrificio, con limitaciones y angustias.
Ese esfuerzo lo pongo hoy al servicio del país.
Vengo de trabajar, y voy a trabajar.
Mucha gente me dio consejos, me abrió
puertas, confió en mis capacidades. Tuve
una suerte extraordinaria. Y tuve fe, en Dios
y en mí mismo.
Hoy es mi turno de extenderle la mano motivadora
y comprensiva al que lucha por ser mejor, al que
trabaja doble turno, al que suda bajo el sol,
a la que transita por las calles vendiendo lo
que puede, a los que se quiebran la espalda para
sobrevivir.
Es mi turno de corresponder...Quiero corresponder...Voy
a corresponder.
Hoy dedico mi Presidencia a los miles de salvadoreños
que, sin alarde vanidoso ni reclamo estéril,
hacen de El Salvador una fuente de riqueza moral
y de conciencia verdaderamente patriótica.
Por aquellos que hacen de El Salvador el ejemplo
de espíritu y de carácter que despierta
la admiración del mundo.
Tal como prometí hace un año en
Usulután, mi tierra natal, el día
que anuncié mi candidatura, quiero pagarle
a mi país la deuda que le tengo pendiente.
Nunca podré pagar del todo esa deuda, pero
la suerte me ha otorgado la inmensa oportunidad
de hacer un abono sustancial.
Quiero entregarme por completo a El Salvador,
porque a mi país y a mi gente les debo
todo lo que soy.
A partir de este instante, coloco mi Presidencia
en las manos de Dios, para que inspire cada una
de mis decisiones y cada uno de mis actos. Sé
que Él ha puesto en mis manos este encargo
trascendental.
Salvadoreños, amigos y compatriotas todos:
soy Tony Saca... su Presidente, y seguiré
siendo el mismo, porque el poder no me cambiará.
Seguiré siendo el mismo que conocen,
el que viene de ustedes, el que pertenece a ustedes.
Hoy inclino mi frente ante Dios todopoderoso
para rogarle los dones de la sabiduría
y la humildad. Lo hago con la plena certeza de
que con mi trabajo y el trabajo de todos los salvadoreños,
lo mejor está en nuestras manos... lo mejor
empieza hoy a ser realidad.
MUCHAS GRACIAS
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