Un poco enfermos, pero de regreso a casa

Liliana Fuentes Monroy
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ABUNDANTE LLUVIA. Una habitante del barrio La Vega camina cerca de un deslizamiento de tierra en el sector.

La mayor parte de las personas evacuadas de las poblaciones en las riberas del río Grande de San Miguel fueron niños, cuyas familias regresaron a sus hogares.

“Yo tenía miedo por la llena, dormíamos en hamacas, pero mi papá dijo que era peligroso quedarnos, por eso nos venimos; no traje mis yinas, se me olvidaron”, cuenta Susana Martínez mientras juega con un grupo de amigas dando vueltas por las instalaciones del Instituto Nacional Isidro Menéndez (INIM), que fue abierto como albergue.

En el INIM, 300 personas permanecieron dos días y una noche, previendo inundaciones en sus lugares de origen ya que el jueves el cauce del río Grande subió su nivel y se anegaron las casas en las comunidades Zapotal, Cantora, Las Pampas, Avillal y Tecomatal.

Al final de la jornada, la Tercera Brigada de Infantería donó las colchonetas a los afectados por la lluvia.

Asimismo, los voluntarios entregaron una donación de comida por la que los afectados tuvieron que esperar alrededor de cuatro horas, debido a que personas inescrupulosas llegaron al lugar a hacer cola para recibir beneficios de las instituciones.

Coordinación eficiente

En el INIM, los docentes asumieron la responsabilidad del manejo del refugio, apoyados por todas las entidades estatales y clubes de servicio.

La atención en salud reveló que los padecimientos de las vías respiratorias superiores aumentaron, sobre todo en los niños.

“Los niños andaban mojados, la mayoría están enfermos y vamos a dar seguimiento a sus padecimientos desde unidades de salud a las que ellos tienen acceso en sus comunidades”, dijo la doctora Claudia Córdova.