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Abrazos. Rezos. Lágrimas. Las expresiones de
380 familias despidieron ayer a igual número de
efectivos del batallón Cuscatlán IV, que hoy parte
rumbo a Iraq.
La ceremonia, cargada de emotividad, se realizó
en el Comando de Fuerzas Especiales (CFE), en
Ilopango. Esta es la unidad élite que ha entrenado
a los legionarios.
“Nosotros como madres vivimos pidiendo
a Dios por ellos”, decía María Julia Hernández,
de 62 años de edad y progenitora de uno de los
legionarios, mientras se realizaban los actos.
La tristeza pintada en los rostros era el detalle
más destacado en el paisaje de familiares y en
el ambiente que se respiró durante el acto de
despedida.
El grito de batalla
El presidente de la República, Antonio Saca,
entregó el pabellón nacional al comandante del
Cuscatlán IV, coronel William Igdalí Moreno Segovia.
Los 380 soldados, que lucían un impecable uniforme
verde camuflaje, dejaban escapar el grito de “Cuscatlán”
cuando su comandante les daba alguna orden.
Saca se refirió a la labor que los anteriores
contingentes del Cuscatlán han realizado en Iraq,
desde que El Salvador decidió enviar tropas en
2003.
“Parten hacia Iraq a cumplir una misión
humanitaria... hoy estamos despidiendo a valientes
soldados y tenemos la firme convicción de que
cumplirán la misión que se les ha sido encomendada
con profesionalismo y humanismo”, dijo.
El gobernante, al final de su discurso, imploró
la protección para la tropa. “Que Dios los
bendiga en esta misión... rezaremos por todos
ustedes”, manifestó.
Al mismo destino
El ministro de la Defensa Nacional, Otto Romero,
reveló que los soldados estarán destacados en
la ciudad de Hilla, provincia de Babil.
“Vamos a ayudar a un pueblo en su reconstrucción
y estamos orgullosos de ello y eso es nuestro
deseo”, dijo el sargento mayor José Arístides
Reynosa, uno de los legionarios.
El embajador de Estados Unidos, Douglas Barclay,
dijo que la continuidad de la presencia militar
de El Salvador en Iraq dependerá de lo que decidan
las autoridades locales que resulten electas.
El Salvador relevará a los 380 soldados que actualmente
se encuentran destacados en la ciudad de Hilla.
El contingente del Cuscatlán IV partirá hoy en
dos vuelos.
Que Dios me los cuide y
me los traiga con bien
Doña Teresa Cuéllar intenta
secar sus lágrimas con un pañuelo
blanco antes de despedirse de sus dos hijos, Francisco
y Misael Vladimir, soldados del Cuscatlán
IV.
La mujer, de 43 años, ha venido desde Tacubita,
una zona rural cercana a la ciudad de Ahuachapán,
para estar junto a sus dos hijos, a quienes volverá
a ver hasta el próximo agosto.
Que Dios me los proteja y que me los traiga
con bien, dice la campesina al lado de sus
dos hijos.
Francisco, de 26 años, y Misael, de 22,
ingresaron al Ejército en septiembre de
2001; están destacados en el batallón
de Paracaidistas del Comando de Fuerzas Especiales.
Le pido a Dios que así como hemos
venido a despedirlos, vengamos también
a traerlos en agosto, dice la madre de los
dos soldados, mientras estos intentan mantener
la compostura.
El padre de los dos jóvenes soldados, Juan
Francisco Jacobo Sánchez, no fue a despedirlos:
se quedó en Ahuachapán cuidando
la casa de la familia.
Misael Vladimir trata de consolar a su madre y
se recuesta sobre sus hombro.
Francisco busca hacer menos dramático el
momento; juega con su hija, Bessy Stefany, de
tres años.
Pese al sentimiento de tristeza, los hermanos
están orgullosos de ser parte de la misión.
Para mí es un orgullo, porque voy
representando a mi país, dice Francisco.
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