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La mayoría eran mujeres. Sencillas, bien arregladas,
acompañadas de sus pequeños hijos. Llegaron temprano
al comando de Fuerzas Especiales, poco antes de
las 9 de la mañana, para saber más de sus maridos
que no ven desde hace un mes, soldados todos que
ahora patrullan las calles de Iraq.
Las expectativas en la sede del comando en Ilopango
eran grandes. El programa no solo incluía “información
detallada” de las actividades del Cuscatlán
IV, el batallón de soldados salvadoreños en la
ciudad de Hilla, sino la proyección de un video
con saludos de la tropa.
A las 10, el salón que hace las veces de comedor
estaba repleto con centenares de familiares. Las
miradas no se despegaban de la enorme pantalla
que en ese momento proyectaba imágenes de las
ruinas de Babilonia. Poco después, el subjefe
del Estado Mayor, general Herbert Andrade, dio
la bienvenida.
“Nuestros soldados están entusiasmados.
Sé que se escuchan noticias de Bagdad, pero Hilla,
en cambio, es una zona muy tranquila”, dijo
Andrade con convicción para referirse a la ciudad
iraquí donde hace menos de 15 días 114 personas
murieron en un ataque.
Luego del protocolo, comenzó la proyección del
esperado video. Los rostros de los familiares
se transformaron. Algunos hasta lloraron al ver
los saludos: “Buenas tardes, mi nombre es...
Un saludo para mi esposa, mis hijos y mis padres.
Decirles que estoy bien, que no se preocupen”,
repetían los soldados.
“Desde que se fue, no he podido hablar
con él. Me dijo que iba a reconstruir y ahora
que lo veo ya estoy tranquila”, contó Olimpia
Quevedo, junto a sus tres hijos, luego de ver
a su esposo Santos Hernández.
Hubo tiempo después para un par de llamadas
a Iraq, para que tres soldados del Cuscatlán III
contaran su experiencia y para que el jefe del
comando de Fuerzas Especiales, coronel Eduardo
Mendoza, relatara aún más sobre “la aventura”
de estar en Iraq para sembrar tranquilidad en
cientos de familias nostálgicas.
Pueden hablar por la internet
Marilú Rauda de Bolaños estaba
con la mirada fija al frente. Seria. Su hija de
cuatro años, Tirsa, estaba sentada a su
lado y contemplaba el billete de 25 dinares que
su madre se había ganado por tener el número
100 en su boleto para reclamar el refrigerio.
La moneda iraquí le dejó de importar
al saber que no tenía valor. En cambio,
había una cosa que para Marilú aún
no estaba clara. No sé cómo
funciona eso de la internet. En mi vida he estado
frente a una computadora, decía la
mujer luego de escuchar parte del discurso del
jefe del comando de Fuerzas Especiales.
La recomendación es para todos,
había dicho poco antes el coronel Eduardo
Mendoza. Vayan a un café internet
para que les abran una cuenta de correo, y así
puedan comunicarse con sus familiares en Iraq.
A pesar de la explicación, Marilú
seguía sin entender y se dio por vencida.
Vio su bolso y dijo: Yo por eso mejor traigo
este poco de cartas.
El Cuscatlán y sus labores humanitarias
El Salvador es el único país en
Latinoamérica que mantiene tropas en Iraq.
Desde el inicio del conflicto, los gobiernos salvadoreños,
primero con Francisco Flores y ahora con Antonio
Saca, han enviado cuatro contingentes de más
de 300 cada uno soldados al país asiático.
Ayer, el subjefe del Estado Mayor, general Herbert
Andrade, se encargó de mencionar lo que
el Gobierno y la Fuerza Armada no se cansan de
repetir a la hora de hablar del objetivo de la
tropa salvadoreña: Reconstruir Iraq.
Andrade lo dijo en su discurso: Hemos
construido escuelas, clínicas, carreteras;
participado en proyectos de agua potable.
Cuando se le preguntó más detalles,
el militar aseguró que en los últimos
tres meses, los soldados han participado en 29
proyectos. Reconstruyeron como cinco escuelas,
como seis clínicas de salud, recuperaron
como tres caminos, aseguró sin exactitud.
Luego, el general explicó que la tropa
no construye directamente, sino que supervisa
las obras, especialmente los oficiales de la misión,
mientras que los soldados se dedican a brindar
seguridad.
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