Carlos Armando Godoy Castro, vecino de la urbanización Valle del Sol,
en Apopa, se convirtió ayer en el segundo soldado del Ejército
salvadoreño que fallece en Iraq desde que, en agosto de 2003, el batallón
Cuscatlán se instaló en aquel país. Según la versión
hecha pública por el Ministerio de Defensa, Godoy no murió en
combate, sino como consecuencia de un accidente vehicular.
El ministerio identificó al soldado fallecido como integrante del Regimiento
de Caballería y del cuarto contingente de batallón Cuscatlán,
que tiene previsto su regreso para el mes de agosto.
En la actualidad, la tropa salvadoreña, según Defensa, desarrolla
misiones humanitarias en Al Hilla, en el centro de Iraq.
En cuanto al accidente, ocurrió dentro de la base militar Charly, cuando
Godoy Castro procedía a cambiar una llanta de un vehículo militar,
y fue arrollado por otro vehículo que llegaba de cumplir una misión,
explicó Defensa.
Godoy Castro es el segundo militar salvadoreño muerto en Iraq, luego
de que el 4 de abril de 2004 Natividad Méndez Ramos pereciera a manos
de combatientes chiitas en Nayaf.
El portavoz de la Fuerza Armada, Manuel Antonio Solano, explicó que el
accidente ocurrió a las 11:30 a.m. (9:30 p.m. en Iraq): Él
murió en un accidente... en el momento en el que estaba cambiando una
llanta.
Venía otro vehículo aproximándose, no le agarraron
los frenos, y se lo pasó llevando, dijo el vocero castrense.
No se reportó nada sobre el estado de salud de las personas que manejaban
ese segundo vehículo; tampoco si hubo detenidos.
Solano descartó que la muerte tenga que ver con atentados o bombas;
fue un accidente que nos ha caído como balde de agua fría.
La muerte de Godoy Castro llega justo en el momento en el que el país
debate si se enviará un quinto contingente al país asiático.
Si bien la Asamblea aún no ha votado ese punto, el presidente de la República,
Elías Antonio Saca, insinuó en París el pasado viernes
que la tropa salvadoreña seguirá en Iraq después de agosto.
Consultado ayer, Saca lamentó la muerte del soldado salvadoreño,
que se encontraba de alta en el Regimiento de Caballería, con sede en
San Juan Opico, La Libertad.
He recibido el informe del Ministerio de Defensa, y me pondré en
contacto con la familia para darle nuestro más sentido pésame,
dijo el gobernante.
Saca aseguró que ha girado instrucciones a la cartera de Defensa para
que, en la mayor brevedad posible, se ejecute la repatriación del cadáver.
Salvadoreño en Ejército de EUA murió el jueves
El soldado salvadoreño, quien era residente legal en EUA, partió
hacia Iraq en marzo e iba a regresar a Estados Unidos en agosto.
A la pérdida de un miembro del batallón Cuscatlán IV se
unió ayer la noticia de que Carlos Pineda, un soldado estadounidense
de 23 años nacido en El Salvador, murió en un ataque suicida perpetrado
el pasado jueves 23 de junio en Falluya, también en Iraq.
Pineda pertenecía al octavo regimiento de la Fuerza de Expedición
de la Marina de EUA, y desde el 30 de marzo se había sumado a la operación
Libertad Iraquí.
Un error, es una equivocación. Mi hijo no está muerto,
gritaba Silvia Hernández, de 43 años, a las 3 de la mañana
del viernes, hora en la que llegaron los oficiales a su casa en Los Ángeles
para informarle que su hijo había fallecido en combate.
Según Ana Griselda Pineda, la esposa, el joven salvadoreño fue
alcanzado por una ráfaga de balas cuando ayudada a los heridos de un
primer ataque. Cuando mi suegra me llamó a las 6 de la mañana,
yo no lo podía creer, tenía que ser un error. Nadie de la base
me había contactado, dijo Ana, de 20 años, quien es oriunda
de San Salvador.
Un día antes de su muerte, Pineda había llamado a su esposa. Ese
día el compatriota expresó la necesidad que tenía de ver
a su familia. Estaba muy triste. Nunca lo había escuchado así,
comentó Ana.
Desde que salió a los cinco años de su natal San Juan Opico, La
Libertad, Pineda quiso pertenecer a la Marina de EUA, y el 24 de julio del 2001
logró convertirse en soldado. En el último año, la madre
y la esposa de Carlos insistieron en un retiro voluntario. Yo le decía
que ya era suficiente. Nunca me lo habían mandado a Iraq y estaba tratando
de evitar esto, advirtió Silvia.
Por su parte, Julio Ayala, amigo de infancia del soldado salvadoreño,
afirma que Pineda aceptó su misión con orgullo. Él
tenía poco tiempo de haberse ido a Iraq. Antes de que se fuera, le dije
que se cuidara mucho, dijo Ayala, y recalcó que Pineda se acababa
de casar en diciembre.
El cuerpo del soldado se encuentra en la base de Maryland, y será trasladado
en los próximos días a la ciudad de Los Ángeles, en donde
será sepultado.
Su deseo era volver y estar juntos de nuevo
La esposa del soldado Godoy asegura que el militar evitaba hablarle de la situación
conflictiva de Iraq, pero sí le expresaba su deseo de regresar.
Aunque se comunicaban casi a diario por carta, internet o por teléfono,
Carlos Armando Godoy Castro evitaba ahondar en detalles sobre el conflicto iraquí
cuando hablaba con su esposa, Rubidia de Godoy.
Luego de más de cuatro meses fuera, y a menos de dos para el regreso,
el soldado le evitaba tener que escuchar sobre balas, enemigos o explosiones.
Acaso el miedo. En cambio, prefería expresarle sus ardientes deseos de
retornar al hogar donde pasaba la mayor parte de su tiempo libre.
Él solo me decía que estaba peligroso. Es lo único
que me decía. Y yo le decía: Dios te va a cuidar. Yo le
pido a Dios que no te pase nada. Y de allí solo me contaba que
ya quería regresar. Su deseo era volver y estar juntos de nuevo,
dice su esposa, con los ojos llorosos.
Pero si los detalles de la vida cotidiana de su esposo en Iraq quedaron bastante
superficiales, los motivos de su muerte no fueron tampoco precisamente específicos.
Con esfuerzo y la voz entrecortada, Rubidia recuerda la información que
le dio un comandante del Ejército cuando el reloj marcaba
las 12:30 del mediodía de ayer.
Irónicamente no fueron ni las balas ni las explosiones, sino un confuso
accidente automovilístico el que acabó con la vida del soldado
Godoy. Al menos esa es la versión oficial. La que le dijo el comandante:
Me dijeron que fue embestido por otro vehículo cuando estaba cambiando
una llanta.
No sabe con exactitud quién conducía ni cómo se dio el
accidente. El Ministerio de la Defensa le ha prometido ayuda, agrega,
pero tampoco sabe en qué consistirá. Para una mujer que se queda
con tres hijos adolescentes, la muerte de su esposo es un duro golpe. Él
nos había sacado adelante, dice casi sollozando.