[Escritores salvadoreños]
Claudia Lars
 

 

Seudónimo de Margarita del Carmen Brannon Vega, quien nació en la entonces villa de San Silvestre Guaymoco (ahora Armenia), departamento de Sonsonate, el 20 de diciembre de 1899.

Su casa natal, situada en el costado sur del Parque "Tomás Regalado", fue declarada "Sitio histórico" por la Asamblea Legislativa de El Salvador, mediante el decreto 185, fechado el 11 de diciembre de 1997. Junto con la de la condesa Consuelo Suncín de Saint-Exupéry, esa residencia fue demolida por el terremoto del sábado 13 de enero de 2001.

Escritora de exquisita vena lírica, vino a la vida en el hogar formado por el ingeniero estadounidense-irlandés Peter Patrick Brannon, su esposa salvadoreña Carmen Vega Zelayandía y sus hermanos Juan, María y Max Patricio. La confluencia de las sangres celta y salvadoreña marcó hondamente la identidad cultural y la poesía de esta autora nacional.

Primero fue educada en su casa, por una maestra particular, y luego en el Colegio de La Asunción, en la ciudad de Santa Ana.

Por la belleza física, inteligencia y dotes personales que la acompañaron siempre, el poeta Vicente Martínez la saludó con un madrigal, divulgado por el Diario del Salvador en su edición del 12 de octubre de 1907.

En 1916, cuando Claudia era adolescente, el general Juan José Cañas le publica -en San Salvador y sin su consentimiento- un folleto titulado "Tristes mirajes", cuadernillo de estampas del que la autora recogió todo vestigio existente y renegó de él.

En 1919, estaba comprometida para casarse con el militar, aventurero y poeta nicaragüense Salomón de la Selva (1893-1959), con quien fantaseó en su adolescencia y a quien, finalmente, conoció por casualidad en un recorrido por ferrocarril, entre Zacatecoluca y La Unión, cuando ella se dirigía hacia Honduras y él marchaba hacia Nicaragua, después de combatir en la Primera Guerra Mundial.

El padre de la escritora rompió toda intención de enlace y la envió a la casa de unos familiares, en Long Island y Nueva York, en Estados Unidos. En ese viaje entabló vínculos con el que sería su primer esposo, Le Roy Francis Beers Kuehn, con quien se casó el 11 de noviembre de 1923, en la iglesia católica de Nuestra Señora de la Esperanza, situada en la calle 157 de la urbe neoyorquina.

Desde esa ciudad, envió colaboraciones poéticas para diversas publicaciones periódicas salvadoreñas, entre las que se encontraban la revista La escuela salvadoreña -dirigida por Alberto Masferrer- y el diario El día (agosto de 1924). Aún calzaba sus escritos como Carmen Brannon.

Ya casada, vivió en Brooklyn y enseñó castellano en la famosa Escuela Berlitz. Regresó a El Salvador en 1927, junto con su consorte, quien había sido destinado como vicecónsul de Estados Unidos en el país. El 25 de diciembre de ese año, nació su único hijo: Le Roy Manuel Beers Brannon.

En la capital salvadoreña, frecuentó al círculo de intelectuales que se reunía en torno a Alberto Guerra Trigueros, para degustar literatura, música, teosofía y teoría estética. En ese cónclave, formado por Salarrué, Serafín Quiteño, Alberto Masferrer y otros, la autora vio potenciada su obra, debido a la crítica sana y afectuosa de sus compañeros de letras.

Tras la renuncia de su esposo al cargo diplomático, se trasladaron por vía marítima hacia Costa Rica el primer día de mayo de 1930, con el fin de que Mr. Beers laborara en la compañía naviera Grace Line.

Comenzó a usar el seudónimo de Claudia Lars a partir de 1933, en uso del cual publicó Estrellas en el pozo (1934), en las Ediciones Convivio que dirigía en San José el intelectual costarricense Joaquín García Monge. En ese volumen incluyó los dos Sonetos a un místico, dedicados al costarricense José Basileo Acuña, intelectual y exsoldado de la Primera Guerra Mundial, de quien la escritora salvadoreña se enamoró con fuerza y dolor.

En 1936, dio a la imprenta Canción redonda, volumen poético también publicado en suelo costarricense.

De vuelta en el país a raíz de la separación de su esposo (1934), se convierte en conductora de programas líricos radiofónicos, destinados semana a semana al público infantil. También orienta para la infancia salvadoreña la Página de los niños, que aparece semanalmente en El Diario de Hoy (1939-1940) además apoya los esfuerzos de jóvenes literatos agrupados en el Grupo Antena.

El domingo 21 de abril de 1940, un selecto conjunto social e intelectual salvadoreño se reunió en la finca de la familia Poma, en los Planes de Renderos, con la finalidad de despedir a Claudia Lars, con motivo de su viaje hacia Nueva York, del que regresó, vía Puerto Barrios, Guatemala, el domingo 28 de julio, para luego reingresar a sus labores en El Diario de Hoy, como responsable de la página semanal Para la madre y el niño.

El sábado 21 de septiembre de 1940, los escolares y los personales directivo y docente del colegio sonsonateco "Dorotea de Trigueros" la honraron al designar a la biblioteca de ese centro educativo con su nombre.

En noviembre de 1941, partió hacia Guatemala, donde le fue entregado el segundo premio poético de los Juegos Florales de la Feria Novembrina, obtenido gracias a sus Sonetos del arcángel y bajo el seudónimo de "Flama".

En 1942, en Santiago de Chile, la editorial Zig-Zag le imprimió su poemario La casa de vidrio.

Por tren y en compañía de su hijo, se marchó el viernes 5 de febrero de 1943 hacia la capital mexicana, donde pronto fue presentada por el destacado intelectual hondureño Rafael Heliodoro Valle ante el PEN Club mexicano (3 de marzo de 1943). Trabajó como traductora de historietas para la compañía Walt Disney, militó en la Unión Democrática Centroamericana y llegó a entablar amistad con la mecenas María Asúnsolo.

El 29 de junio de 1944, mediante una carta agradeció y rechazó el gesto de varios intelectuales salvadoreños para que se le nombrara como agregada cultural en la ciudad de México, donde su hermano Max P. Brannon fungió como ministro plenipotenciario y enviado extraordinario desde el 11 de julio hasta fines de octubre de ese mismo año.

Durante el resto de la Segunda Guerra Mundial, apoyó la causa de los seguidores del líder francés Charles de Gaulle y volcó sus ideas antinazis y antifascistas en el semanario sansalvadoreño El mundo libre.

En 1946, la Galería Renacimiento y la Imprenta Funes le editaron su poemario Romances de Norte y Sur, con nota prologal del poeta guatemalteco Alberto Velásquez.

En 1947, en Ediciones Estrella, de San Salvador, publicó Sonetos. Ese mismo año apareció Ciudad bajo mi voz, poemario con el que ganó el primer lugar en el Certamen Conmemorativo del IV Centenario del Título de Ciudad de San Salvador, promovido por la Alcaldía Municipal.

Trasladada a la ciudad californiana de San Francisco, entró a trabajar sucesivamente en la National Biscuit Company, en una empacadora de duraznos y como costurera de bonetes para una logia masónica. Además, tuvo ocasión de hospedarse por algún tiempo en la casa de Gabriela Mistral, situada en Santa Bárbara, y de impartir algunas conferencias literarias en varios centros educativos de aquel Estado de la unión norteamericana.

 

 

 
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