Salarrué
 

Cuentista, novelista, pintor, escultor, poeta y compositor, nació en Sonsonate, el 22 de octubre de 1899, bajo el nombre de Luis Salvador Efraín Salazar Arrué. Fue el segundo hijo del maltrecho matrimonio de Joaquín Salazar Angulo, empleado de aduanas, y María Teresa Arrué, costurera descendiente de educadores vascos y quien falleciera en San Salvador, el lunes 9 de marzo de 1953.

Ante la falta de apoyo del padre y la pobreza de la madre, ella y sus hijos se trasladaron a vivir a Nueva San Salvador y a la capital de la república.

A partir de 1909 aparecieron prosas de Salazar Arrué en Diario del Salvador, importante medio periodístico (1895-1934) dirigido por el escritor y periodista nicaragüense Román Mayorga Rivas. En este mismo año, inició sus pininos en la pintura, el dibujo y la escultura.

Aunque su formación literaria fue autodidacta, realizó sus estudios primarios en el Colegio Municipal de Sonsonate, dirigido por los mentores Pedro F. Cantor y Rafael Estrada. Completó la educación secundaria, de corte mercantil, en el Liceo Salvadoreño, el Instituto Nacional de Varones y la Academia de Comercio.

En compañía de su primo, el caricaturista Antonio "Toño" Salazar, recibió conocimientos básicos de pintura y dibujo en la escuela dirigida por el moscovita-parisiense Spiro Rossolino, llegado al país en junio de 1915 y cuya institución comenzó a funcionar en agosto del mismo año.

En 1916, el gobierno del presidente Carlos Meléndez le otorgó una beca para proseguir su aprendizaje artístico en los Estados Unidos y mejorar su manejo del inglés. Así fue como ingresó a la Corcoran School of Art de Washington D. C. En esta ciudad, la japonesa Hisada's Gallery presentó su primera exposición individual en 1918, que se constituyó en el evento inaugural de dicha sala de exposiciones artísticas.

Retornado al país en 1919, con estrecheces económicas y dedicado casi por entero a pintar, entró a trabajar en las oficinas de la Cruz Roja, como oficial de esa entidad en un campo de refugiados establecido en San Marcos, como resultado de las graves inundaciones que abatieron al sur de San Salvador en junio de 1922.

El 8 de diciembre de 1922 contrajo matrimonio religioso con la también artista plástica Zélie Lardé y Arthés, proveniente de una destacada familia franco-salvadoreña de intelectuales y científicos. Procrearon a Olga Teresa (de Clark, nacida en 1924. Radicada en Estados Unidos desde los 21 años de edad, es madre de dos hijos abogados), María Teresa (llamada Maya, 1925-1994. Fue monja, pintora primitiva y escritora de cuentos) y Aída Estela (1926-1995. Afincada en México, fue madre de dos hijas), cultoras de las artes, las letras y del régimen vegetariano sostenido por su padre.

En enero de 1926, inauguró una exposición pictórica en los salones de la capitalina Sociedad de Empleados de Comercio. En marzo de ese mismo año, ingresó como miembro a la Asociación de Periodistas de El Salvador.

Autor de la novela El cristo negro (1926), con El señor de La Burbuja alcanzó, en 1927, el primer premio de 200 colones y medalla de oro, otorgado por el jurado del Certamen Nacional de Novela, convocado por el diario El salvadoreño y al cual se presentó amparado por el pseudónimo "Manik".

En 1928, laboró como jefe de redacción de Patria, periódico dirigido y administrado por Alberto Masferrer y, luego, por Alberto Guerra Trigueros. Allí publicó artículos varios, sus primeros Cuentos de cipotes y la primera edición de su libro O-Yarkandal (1929. Conocido desde 1924 por el colombiano Porfirio Barba Jacob y Alberto Masferrer, fue reeditado en 1971, con ilustraciones del autor) y tuvo varios choques frontales con Arturo Ambrogi -cronista y escritor costumbrista que fungía como censor de prensa del gobierno del general Maximiliano Hernández Martínez- y con Guerra Trigueros.

Desde el 15 de septiembre de 1929, se desempeñó como profesor de mitología y arte decorativo indígena en la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Denunciante de los actos gubernamentales y comunistas de enero de 1932 -mediante su escrito epistolar Mi respuesta a los patriotas (publicado en la revista costarricense Repertorio americano, de donde fue rescatado por el investigador salvadoreño Jaime Barba)-, divulgó su propia visión de El Salvador en su célebre obra Cuentos de barro (San Salvador, ediciones La montaña, 1933), dedicado a su amiga Alice Lardé de Venturino y el cual se ha constituido en uno de los libros de literatura salvadoreña más reeditados y estimulados por el sistema escolar nacional.

Hasta su fallecimiento, colaboró activamente con prosas, versos e ilustraciones en los principales periódicos y revistas del país y Centro América, publicaciones entre las que destacan Para todos, Espiral -a la que bautizó, mediante un concurso-, Germinal, Cactus, Alma (Santa Ana, 1928), El amigo del pueblo, Brújula, Síntesis, Cultura y Vida universitaria, al igual que los periódicos El salvadoreño, Queremos, Diario Latino, Diario de Ahuachapán, LA PRENSA GRÁFICA y El Diario de Hoy.

Fue integrante de la Sociedad de Amigos del Arte (1935-1939); representante cultural salvadoreño en la Exposición Centroamericana de Costa Rica (1935); miembro de la Comisión de Cooperación Intelectual de El Salvador (junio de 1937), dependencia de la Sociedad de Naciones, antecedente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU, 1948): fundador-director de la revista Amatl (1939), participante en la Conferencia Internacional de Educación realizada a fines de mayo de 1941 por la Universidad de Michigan y secretario del Comité de Investigaciones del Folklore Nacional y de Arte Típico (San Salvador, mayo de 1942).

En diciembre de 1938 se agenció un premio nacional de pintura, otorgado por el Club Rotario de San Salvador. Dos años después, en enero de 1940, obtuvo un premio literario de 200 pesos, conferido por el diario La nación (Buenos Aires, Argentina) a su cuento Matapalo, poco antes de que un óleo suyo fuera escogido por la Asociación de Amigos del Arte, el Ministerio de Fomento y el Club Rotario capitalino para que representara al país en la Exposición de la Unión Panamericana (Washington D. C.), del 5 al 12 de abril de 1940.

El lunes 17 de agosto de 1942, concluyó su pintura mural -la primera que hubo en el país- en el interior de la Escuela Municipal "Eduardo Martínez", en la capitalina colonia América. Dicha alegoría representaba a la vieja y nueva escuelas mediante un espantapájaros y un animal cornúpeta que se lanza al ataque. Por desgracia, el tiempo y la desidia dieron cuenta de ella y fue destruida para siempre.

El 12 de marzo de 1946 inauguró una exposición de sus pinturas en el segundo piso del Casino Salvadoreño (ahora Centro Comercial Libertad), misma fecha en que sus hijas Olga, Maya y Aída dieron apertura a su propia muestra en la segunda planta del Club Internacional (hoy Almacén Prado sucursal Centro).

Fue decidido opositor de la pena de muerte, contra la que publicó el folleto La justicia no aniquila y varios artículos periodísticos.

Se desempeñó como agregado cultural de la embajada salvadoreña, aunque no con sede en la capital estadounidense, sino en Nueva York, como una deferencia especial de los gobiernos para con el artista (1946-1958), que allá estrechó su relación de amistad con la poetisa chilena Gabriela Mistral -a quien conoció en San Salvador en 1931, durante una breve visita de la futura Premio Nobel de Literatura- y recibió mejores estímulos para sus afanes creadores.

Delegado salvadoreño en la Conferencia Panamericana para la Protección de Derechos de Autor (Washington D. C., 1946), en mayo de 1947 expuso sus pinturas en la casa neoyorquina Knoedler Galleries. Su trabajo mereció una elogiosa publicación en la página de crítica y arte del prestigioso periódico The New York Times.

En septiembre de 1947, su relato Tocata y fuga fue premiado con la primera mención honorífica en el Concurso Internacional de Cuentos "Alfonso Hernández Catá" (Cuba), evento al que asistieron 192 trabajos de cuentistas del continente americano.

Participó en una exposición colectiva en la ciudad californiana de San Francisco (1948) y en mayo de 1949 presentó una muestra individual de sus óleos, acuarelas y dibujos en The Barbizon Plaza Galleries, de Nueva York, en la que en abril de 1950 su hija Olga también inauguró una exposición de su obra pictórica.

Cuadros de él, de sus hijas y de otros pintores y pintoras nacionales fueron expuestos en la capital estadounidense entre el 9 y el 30 de marzo de 1951, durante una muestra salvadoreña que tuvo por escenarios al United States National Museum y a la Smithsonian Institution.

Con ocasión de sus vacaciones, regresó a San Salvador a mediados de junio de 1952. La oportunidad fue aprovechada por la Sección de Teatro Escolar del Ministerio de Cultura Popular, la Compañía Artística Salvadoreña y el Instituto Central de Señoritas para presentar, el miércoles 16 de julio de 1952, en el Teatro Nacional de San Salvador, la obra Resplandor de juventud -escrita por Julio Alberto Martí a partir del cuento El maistro, de Salarrué- y entregarle un diploma de reconocimiento al pintor y escritor.

Pocos meses más tarde, el Ministerio de Cultura le compró su cuadro La monja blanca, altamente elogiado por la crítica especializada estadounidense, para hacerlo parte de la colección salvadoreña que se alojaría en un proyectado Museo Nacional de Pintura que nunca se construyó.

Desde su estancia neoyorquina, colaboró con diversos trabajos gráficos y literarios con la revista Síntesis (1954-1958), una publicación cultural de la Secretaría de Información de la Presidencia de la República, iniciada durante la presidencia del teniente coronel Óscar Osorio y continuada un par de años por su sucesor, el también teniente coronel José María Lemus.

Varios de los cuadros de Salarrué fueron adquiridos por el matrimonio formado por Francisco Núñez Arrué y María Escalón de Núñez para decorar su Quinta Istmania. Diseñada, construida y decorada por el artista español Julián Gamoneda en la colonia Escalón, fue bendecida e inaugurada como residencia el miércoles 8 de diciembre de 1954. En la década final del siglo XX, tras la venta de esta propiedad en ruinas, esas pinturas fueron trasladadas a la Fundación "María Escalón de Núñez", en cuyas paredes se exhiben en la actualidad.

Entre los títulos de sus pinturas de entonces se encuentran Meditación sobre formas del mar, Ensueño de sandía, Meditación sobre una flor en forma de ojo, Proyecto de castillo en el aire, Meditación sobre la nuez, Túnel en el ojo del búho, Concha noctícula a la hora del alba, Restos de una góndola de feria, Proyecto de una flor, Armadura de mujer, El toro azul, La mujer pintada, Ave María en el crepúsculo, Tlaloc, el dios de las aguas, Espíritu Santo de la alfarería y varias imágenes de Managuas (duendes de la lluvia) y Semblanzas (trazos caricaturescos o "retratos psicológicos, del alma", como él mismo los definía) de Claudia Lars y del propio Salarrué, una de las cuales figura en la segunda edición de O-Yarkandal.

Para ese momento, entre sus técnicas pictóricas y artísticas poseía dominio del tapiz, fresco, óleo sobre papel y tela, acuarela, carbón, lápiz, grabados en metal, etc.

Retornó otra vez, de forma provisional, el viernes 28 de octubre de 1955, como parte del jurado internacional que evaluó las pinturas presentadas al anual Certamen Nacional de Cultura, del 6 al 10 de noviembre siguientes.

Vuelto al país de forma definitiva en los meses finales de 1957, ubicó su casa familiar en la jurisdicción de Los Planes de Renderos. En fecha reciente, el lugar fue adquirido por el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA), con el fin de reconstruirlo y establecer allí un museo o centro cultural.

Al año siguiente, montó una exposición de sus cuadros en el recién inaugurado Hotel El Salvador Intercontinental (actual Radisson Plaza, colonia Escalón). Por las mismas fechas, fue designado como jefe de la Dirección General de Bellas Artes, nombramiento que rechazó de forma pública, por considerarlo incompatible con sus aspiraciones artísticas y familiares de ese momento.

Aunque dedicó unas páginas de su autoría para el libro biográfico Lemus, coronel del pueblo (San Salvador, Ahora, 1956),se distanció del mandatario salvadoreño cuando éste quiso que exhibiera sus cuadros en los salones de Casa Presidencial, a lo que el artista se negó de manera rotunda.

En 1960, su libro Cuentos de barro formó parte de los diez volúmenes de la colección Festival del libro centroamericano, que contó con la selección y colaboración literaria del novelista guatemalteco Miguel Ángel Asturias y con tirajes populares de quinientos mil ejemplares, distribuidos en todo el continente americano por el poeta peruano Manuel Scorza. Pese a que la colección completa costaba ocho colones, la realización del Festival en la ciudad de San Salvador, en julio de ese mismo año, se convirtió en un rotundo fracaso económico para su creador y promotor, apoyado por el escritor nacional Álvaro Menén Desleal. A pesar de esto, es importante destacar que ningún autor salvadoreño había logrado antes un lanzamiento editorial de tal magnitud y trascendencia internacional.

Desde el jueves 5 de mayo de 1960, participó con cuadros suyos en la exposición colectiva El autorretrato y el desnudo en la pintura salvadoreña, desarrollada en la Galería Forma, de la pintora nacional Julia Díaz, lugar donde volvió a colgar otra de sus pinturas, en una exposición colectiva inaugurada el lunes 20. Por las mismas fechas, una de sus obras pictóricas fue llevada a una exposición internacional de pintura salvadoreña, desarrollada en Japón, bajo la protección del diplomático y escritor salvadoreño Walter Béneke, quien ya antes había presentados cuadros suyos en exposiciones colectivas en Alemania y Austria.

El domingo 18 de septiembre de 1960, volvió a anotarse una nueva marca en su masiva difusión internacional, cuando su cuento Matraca fue seleccionado para aparecer en las páginas del suplemento internacional Hablemos magazine, creado en la ciudad estadounidense de New York y dirigido a periódicos de diez países americanos -entre ellos el salvadoreño El Diario de Hoy-, los que totalizaban 340 mil ejemplares.

Desempleado, en marzo de 1961 hubo varias personas que sugirieron que se le diera un cargo oficial en el Museo Nacional "David J. Guzmán", a lo que se opusieron varios columnistas de periódicos, quienes alentaron al gobernante Directorio Cívico-Militar para que lo enviara como agregado cultural a algún país europeo. Las sugerencias no fueron escuchadas.

En abril de 1961, mostró en la Galería Forma un total de 62 cuadros, creados durante sus años de residencia norteamericana.

En julio de 1962, abrió otra exposición pictórica en la misma sala, sostenida en esos momentos por la Cámara Junior de El Salvador, en reemplazo de su fundadora, radicada entonces en Europa. De esa muestra, el Ministerio de Educación, presidido por Ernesto Revelo Borja, adquirió siete cuadros, por los que pagó la suma de cinco mil colones, una de las más altas pagadas en vida del artista por sus obras.

En diciembre de 1962, varias de sus pinturas participaron en una exposición colectiva de artistas salvadoreños, organizada por el Museo de Arte de la Universidad de Kansas (Estados Unidos). Tras múltiples declaraciones de apoyo por parte de la intelectualidad local, el martes 12 de febrero de 1963 fue designado jefe de la Dirección General de Bellas Artes, cargo en el cual permaneció poco menos de dos años y al que renunció, debido a la crítica falta de presupuesto asignado por el Estado para esa oficina cultural.

En 1967, dirigió la Galería Nacional de Arte, fundada el miércoles 23 de diciembre de 1959 y ahora llamada Sala Nacional de Exposiciones, en el capitalino Parque Cuscatlán. En ese mismo año, presentó una exposición de 43 obras en el Centro El Salvador-Estados Unidos (actual Centro Cultural Salvadoreño).

Fue homenajeado por el gobierno salvadoreño con dos grados de la Orden Nacional "José Matías Delgado" (junio de 1962 y noviembre de 1973), por la Asamblea Legislativa (noviembre de 1967, con un reconocimiento económico de diez mil colones), por el gobierno mexicano (Premio "Benito Juárez", noviembre de 1967), por la Academia Salvadoreña de la Lengua (1969) y por la Biblioteca Nacional (1970).

En 1971, la Biblioteca Nacional publicó una escasa edición mimeográfica titulada Algunos poemas de Salarrué, la cual fue seleccionada por el escritor David Escobar Galindo, por entonces director de ese centro cultural y gubernamental.

Negado a recibir un doctorado honoris causa de la Universidad de El Salvador por considerar más digna y elevada su condición de artista, participó como jurado de narrativa en el Premio "Ricardo Miró", en Panamá.

Por su negativa a cobrar una pensión gubernamental a pesar de los apuros económicos que pasó durante buena parte de su existencia, desde 1973 hasta el día de su muerte física se desempeñó como asesor cultural del equipo de trabajo del entonces Director General de Cultura, Carlos De Sola (1949-1979).

Tras el fallecimiento de sus amadas Zélie y Claudia Lars en 1974, Salarrué se marchó de la vida terrenal en su villa "Montserrat", situada en el cantón Los Planes de Renderos, jurisdicción de San Salvador, a las 22:30 horas del jueves 27 de noviembre de 1975. La muerte le sobrevino por un paro cardíaco-respiratorio, aunque su cuerpo estaba invadido desde tiempo atrás por un cáncer maligno. Fiel a sus ideas místicas, sostuvo que su reencarnación y vuelta al mundo se produciría en el año 2043.

Dada su profunda identificación con el mundo vital del campesino salvadoreño y sus exploraciones en los asuntos esotéricos orientales y de ciencia ficción, se le considera uno de los fundadores de la corriente narrativa contemporánea a nivel latinoamericano y, por ende, uno de los más altos exponentes de la cultura salvadoreña.

Otros de sus libros son: Remotando el Uluán (San Salvador, 1932; reeditado en 1969), Conjeturas en la penumbra. Decadencia de la santidad (conferencia, 1934; reeditada en San Salvador, 1969 y 1995), El libro desnudo (1936, reeditado en San Salvador, 1995), Eso y más (cuentos, 1940, volumen reeditado en 1962), Cuentos de cipotes (San Salvador, 1945, en fo-lleto de 44 págs.; 1961, edición íntegra; varias reediciones), Trasmallo (San Salvador, Dirección general de Bellas Artes, 1954), La espada y otras narraciones (San Salvador, 1960), La sed de Sling Bader (novela, San Salvador, 1971), Catleya luna (novela, San Salvador, 1974; reimpresa en 1980) y Mundo nomasito (poemas, San Salvador, Universitaria, 1975). Algunas de estas obras fueron ilustradas por sus propias manos, las de Zélie, las de su hija Maya, las de su amigo José Mejía Vides o las de los entonces jóvenes pintores Mario Araujo Rajo y Carlos Cañas.

Bajo el rectorado del ya fallecido economista Rafael Menjívar Larín, la editorial de la Universidad de El Salvador, dirigida por Ítalo López Vallecillos, publicó los dos tomos de sus Obras escogidas (1969-1970), volúmenes prologados por el escritor Hugo Lindo a petición del propio Salarrué. Años más tarde, el Dr. Lindo escribió una adaptación dramática de su novela El cristo negro, la cual fue musicalizada por el salvadoreño Dr. German Cáceres, para una ópera que aún espera ser estrenada.

El amplio trabajo literario de este autor salvadoreño ha merecido ediciones y recopilaciones en Perú (1959), Chile, Cuba (Cuentos, selección de Roque Dalton, La Habana, 1968), Venezuela (El ángel en el espejo y otros relatos, selección, prólogo y cronología del escritor nicaragüense Sergio Ramírez Mercado, Caracas, Ayacucho, 382 págs.), España ("La lumbra" y otros textos, edición de Antonio Fernández Ferrer, Agencia Española de Cooperación Internacional-Instituto de Cultura Hispánica, 1998, 358 págs., volumen IX de la Biblioteca Literaria Iberoamericana y Filipina) y en las series de Periolibros y Archivos, promovidas a nivel internacional por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, París).

Al momento de su desaparición física, dejó inéditos los textos dramáticos La resurrección del mínimo (teatro infantil escolar), El árbol de la vida y La cadena -pieza escenificada en el Teatro Principal (hoy Lotería Nacional de Beneficencia), a las 20:30 horas del viernes 5 de octubre de 1928, por la Escuela de Declamación y Prácticas Escénicas, dirigida en San Salvador por Gerardo de Nieva. Por disposición del autor, el manuscrito fue retirado y quizá destruido-. También dejó sin publicar los poemarios Sed, Ciclo, El caballo instantáneo y una gran cantidad de relatos y artículos sueltos.

 

 

 

 

 
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