Una mamá con buen paso


Redacción
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A pesar de que su interés es sobresalir en el atletismo profesional, también dentro de sus metas está coronar, en primer lugar, su otra profesión: Madre.

 

 

Con todavía mucha pista por delante en el mundo de la marcha, Cristina López es, hoy por hoy, una de las atletas más representativas de El Salvador a escala internacional; sin duda alguna, una estrella que empieza a forjarse un gran nombre, literalmente, paso a paso.

Basta mencionar que en la prueba de 20 kilómetros marcha de la Copa Panamericana de Marcha efectuada en Lima, Perú, el año pasado, ganó el primer lugar y se consolidó como la mejor marchista latinoamericana de todos los tiempos y el 4 de junio ganó el Gran Premio de Marcha en La Coruña, España, superando incluso a las consideradas las favoritas para llevarse la prueba.

SU OTRO TRIUNFO

El 21 de junio del 2004, Cristina también triunfaba en otro ámbito. Se convertía en madre de una linda pequeñina llamada Mónica Michelle, quien desde entonces se ha convertido en la principal fuente de inspiración para esta joven madre, quien todos los días a tempranas horas de la mañana ya está entrenando en la pista del “Mágico González”.

“Ser madre para mí es muy bonito, mi hija es lo más especial en todo momento, ella es la que me da la fuerza para salir adelante. Por ella, yo tengo que ser la mejor y salir bien en todas las competencias y entrenos. Sin duda, me levanta el ánimo todos los días”, reflexiona Cristina.

Dentro de los sueños de esta sencilla profesional, destaca poder darle a Mónica todo lo que ella no pudo tener.“El día de mañana, mi hija tiene que salir adelante y ver que su mamá ha luchado por ella. Mi meta es que ella estudie y pueda lograr lo que se proponga, de una manera mejor que yo, pues aunque estoy estudiando, me toca pesado por los entrenos, el cuido de ella y, quiérase o no, es muy sacrificado lo que hago, pero es por ella”, manifiesta la campeona latinoamericana.

EL SACRIFICIO A DIARIO

Levantarse temprano todos los días, entrenar desde las cinco de la mañana o antes, estudiar desde las ocho hasta mediodía, y luego volver al entreno vespertino, incluso, hasta las seis de la tarde, obviamente le resta tiempo con su hija.

“A mi hija, aunque no quiera, le doy poco tiempo, cuando llego a mi casa, ya es poco lo que paso con ella antes de que se duerma, no la miro mucho realmente, pero así me toca; ese sacrificio más adelante valdrá la pena, y, además, me alegra que me reconozca en los periódicos, la televisión. Aunque lo más bonito para mí es estar a su lado y no separarme, cuando la tengo que dejar por mis viajes, ya sea quince días o un mes, es lo más feo que puedo sentir, pues me desespero. Pero regresar es lo más lindo, me ve y se le ponen los ojitos llorosos, ella siente cuando nos separamos”, afirma Cristina.

SUEÑOS EN LA PISTA

A parte de convertirse en la mejor de su especialidad y coronar con un triunfo mayor su carrera, Cristina desea culminar sus estudios de bachillerato y continuar estudios superiores, aunque no descarta más adelante poner un negocio.“Me gustaría comprar una casa también, entre otras cosas, todo eso me anima para esforzarme más a fin de lograr todos mis propósitos”, recalca animada.

¿Y EL ENTRENADOR?

Por su parte, según Cristina, su entrenador el profesor Rigoberto Medina, quien ha sido su gran apoyo y el artífice de sus éxitos, además de otro papá para ella, también la apoya en su rol como madre, él dice que Cristina es bastante cariñosa con su hija y que es una muy buena mamá, aparte de que ya se siente el abuelito de Mónica.