Menores en riesgo. Un grupo de niños pasa la tarde frente a un edificio en Langley Park. Algunos de ellos ya utilizan gestos de pandillas.
Condados de EUA crean unidades antipandillas


Los dos condados de Maryland con más población latina en el área metropolitana de Washington acordaron en 2002 unir esfuerzos para prevenir que jóvenes centroamericanos entren a las pandillas.


Acción civil contra las pandillas en Los Ángeles

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Entrevista con Rocky Delgadillo

Entrevista con Miguel Cruz

Plan antipandillas de Prince George y Montgomery, en Maryland, y la acción civil contra ellas de Los Ángeles.

Cuando los jóvenes llegan desde El Salvador, en sus casas no los tratan bien, el país no los trata bien. Eso es lo que hay que trabajar.”
Mauricio Alarcón, maestro en Arlington.

A veces la madre no puede ver a su hijo porque tiene tres trabajos, pero hay que decirle que si no le da calor, la mara se lo arruinará.”
Rich Pérez, Policía Fairfax.

Violencia
12%

de latinos en Montgomery County.

7.1%

de latinos en Prince George County.

3/4

de crecimiento atribuido a latinos.

El problema llegó primero a las escuelas. A finales de 2002, el Ejecutivo local del condado de Montgomery empezó a notar que los pleitos interraciales aumentaban en las secundarias de la zona, que había un leve despunte de los homicidios relacionados con pandillas y que sus oficiales de policía reportaban más presencia de armas en las calles.

Un año después, Montgomery y Prince George, el condado vecino, crearon una fuerza antipandillas con policías, ONG, asociaciones civiles y maestros para intentar evitar más casos como el de un pandillero degollado que había aparecido meses antes en Fairfax, otro condado aledaño.

Ahí, en el edificio que alberga la Policía de Fairfax, Virginia, el oficial Rich Pérez explica que los homicidios atribuidos a pandillas han tendido a disminuir en la zona metropolitana de la capital estadounidense, pero aún suceden.

“Hay homicidios relacionados con las pandillas. Y esta es una epidemia social que aquí aún es controlable, pero se puede descontrolar si no se toman acciones ahora. Se trata de entender por qué los muchachos se meten a las ‘gangas’ y tratar de evitar eso”, se extiende el detective P. Rodríguez, de la unidad de homicidios de Prince George County.

Una de las conclusiones escritas en el reporte de Montgomery y Prince George es que la prevención de la que habla Rodríguez debe empezar por la escuela, primer punto de encuentro de los jóvenes hispanos migrantes recién llegados a la zona. “Ahí llegan los centroamericanos después de un viaje traumático, ahí es donde hay que actuar primero”, asegura Joe Heiney-González, jefe de la recién creada oficina de contacto latino en Montgomery.

Presencia en secundarias

En Arlington, condado del estado vecino de Virginia, las iniciativas de prevención también tienen ya años de funcionar. Es el caso de la Arlington Mills High School, una secundaria que solo recibe a jóvenes con dificultades de adaptación, la mayoría de ellos migrantes recién llegados.

“Aquí vienen estudiantes de Ruanda que sobrevivieron de milagro a las matanzas con machetes. Ellos conviven con los estudiantes salvadoreños, que algunos de ellos han estado en las pandillas”, cuenta Mauricio Alarcón, uno de los tres docentes salvadoreños en ese condado.

Identity, ONG que trabaja con jóvenes latinos en riesgo y desarrolla proyectos en Montgomery, coincide en que los primeros campos de acción deben ser la casa y la escuela.

“Hay mucho resentimiento en los jóvenes que recién llegan de El Salvador porque se sintieron abandonados y cuando vienen acá se enteran de que los padres tenían otros hijos, otras parejas, que se divorciaron. Hay una desilusión muy grande: hay una fiesta el primer día y luego nunca se habla de qué pasó, lo que crea muchos conflictos que derivan en que echan a los chicos de la casa y la que está afuera es la pandilla”, explica Diego Uriburu, director adjunto de Identity, al reconstruir los testimonios de los jóvenes con los que trabaja.

La iniciativa Montgomery-Prince George incluye programas de prevención, de represión y de rehabilitación, como los que se desarrollan en la cárcel de Clarksburg (ver notas en www.laprensagrafica.com).

En los apartados de represión y prevención está contemplada, por ejemplo, la presencia de un oficial de la policía en todos los centros escolares medios y secundarios. La fórmula también se aplica en Virginia. “Tenemos 57 oficiales en las escuelas, uno por cada escuela media y secundaria”, sostiene Rich Pérez, de Fairfax. Este oficial, que brega con pandillas en el barrio de Culmore desde 1994, cree que el problema es atajable aún.

Su filosofía para hacerlo, según se desprende de sus palabras, es la combinación adecuada entre represión y prevención: “Para que aquí no pase lo de Los Ángeles o lo de Centroamérica debe estar claro que voy a aplicar la ley si cometen un crimen, pero también tengo que ayudar a los padres a entender que es muy fácil que sus hijos acaben en la pandilla”.