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A pesar de que le cuesta expresarse verbalmente,
José Ricardo Sibrián Lara es un
joven de 17 años que ha derribado varios
muros y hoy es un ejemplo para los demás
y un orgullo para su familia.
El haber sido niño símbolo en
dos ocasiones hace que los recuerdos vengan a
la mente de este risueño y entusiasta estudiante,
quien obtuvo la más alta nota en la PAES,
y que ahora dedica su tiempo y esfuerzo en ampliar
sus conocimientos de computación.
Simbolizar a todos los niños discapacitados
del país fue algo honorable para mí.
Me sentí satisfecho, porque se lograron
los objetivos y metas de esos años,
dice José Ricardo.
Sus padres, Carbilio Madrid y Celia Lara de
Madrid (quienes en verdad son sus tíos),
también dicen sentirse orgullosos, porque
la experiencia le ayudó a socializar y
participar con otras personas.
Él tuvo la oportunidad de hablar
con gente de todas las edades y de brindar consejos
a otros niños en iguales condiciones,
recuerda Carbilio.
Un regalo de Dios
José Ricardo se vio afectado de pequeño
por una parálisis cerebral producto de
una transfusión sanguínea que no
pudo llevarse a cabo en su debido momento.
Le afectó la motricidad, fue fue
duro. Los médicos nos dijeron que el niño
necesitaba 24 horas de amor. Pero para nosotros,
realmente, no fue sacrificio, porque él
ha sido un regalo de Dios, nos sacamos la lotería
con él, recalca don Carbilio, quien
adoptó como a un auténtico hijo
suyo a su sobrino desde que era un bebé.
Cuidados especiales y mucho amor. Los esposos
han caminado con José Ricardo en todo momento
brindándole todo el afecto que cabe en
sus corazones.
Yo he estado a su lado todo el tiempo,
era su secretaria en su época de estudiante.
Siempre a los niños discapacitados los
ven tan raros los demás, que les quieren
pegar, los empujan , dice Celia Lara de Madrid,
quien recuerda que la salud de José Ricardo
de pequeño se vio afectada a tal grado
que por ocho años fue un asiduo visitante
del hospital.
La fe mueve montañas y poco a poco
hemos ido obteniendo respuestas a lo que pedíamos:
José nos ha enseñado y demostrado
lo que por amor se puede hacer por los demás,
medita Madrid, quien no deja de agradecerle a
FUNTER el haber logrado el milagro de la rehabilitación
de su apasionado de la computación.
Y agrega: Esto ha tenido un final feliz,
porque lo vemos a él autosuficiente en
muchas cosas y en la medida que pasa el tiempo,
las irá superando. Lo único que
le pedimos a Dios son más años de
vida para verlo formado, que ya no dependa de
nosotros, que pueda manejar su vida solo.
José Ricardo medita a la vez sobre el
futuro de los niños discapacitados del
país y manifiesta que desea que en el país
haya más oportunidades, como las que él
tuvo, para lo demás.
Que no nos miren como si fuéramos
extraños, porque nosotros tenemos la capacidad
de hacer muchas cosas, no hay nada que nos impida
cumplir nuestros sueños. Queremos que nos
den la mano para que nos podamos sostener,
dice sonriente.
¿Cuántos niños habrá
como José Ricardo en el país esperando
una mano y una sonrisa amiga? Usted podría
cambiar la historia de muchos chicos. ¿Quiere
usted ser parte de un milagro más?
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