En cada festival de artes escénicas que se lleva a cabo,
la queja, unánime y sin variación alguna, es la misma: no
hay sala nacional teatral.
Desde 2003, el Teatro Nacional, en San Salvador, ha sido
sometido a un proceso “de reconstrucción y restauración”,
según Héctor Ismael Sermeño, director nacional de patrimonio
del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA).
Las proyecciones de la anterior administración del órgano
estatal señalaron, en algún momento, como fecha tope 2004,
al término de la gestión.
Las últimas noticias fueron que la sala teatral capitalina
por antonomasia talvez vuelva llenarse de sonidos, drama y
público hasta 2008.
Para el terremoto de 1986, el Teatro Nacional fue bendito
entre la desolación. Ubicado en la avenida Monseñor Romero
o 2.ª avenida sur, resultó casi ileso entre las desgracias
sucedidas a pocas cuadras en torno a él: la caída del edificio
Rubén Darío, el Gran Hotel San Salvador, la ruina de un edificio
comercial entre la 2.ª y la 4.ª avenidas sur, y muy cercano,
además, el edificio de la Lotería Nacional.
Las grietas de entonces fueron resanadas y la sala siguió
funcionando por varios años más.
Para el 13 de enero y el 13 de febrero de 2001, la historia
del teatro fue diferente y los daños considerados resultaron
peores de lo que parecían. Hasta ahora, su historia de silencio
continúa.