Las fracturas del Salvador del Mundo

Camila Calles/
fotos: Salomón Vásquez

dominical@laprensa.com.sv

Hace 20 años, cuando se desplomó el Cristo de El Salvador del Mundo, se agrietó su pedestal y se detectó que el suelo sobre el que está construido no era estable.



Los salvadoreños se unieron para levantar El Salvador del Mundo. “Unidos en la solidaridad, juntos en el dolor” fue el lema que se decía en ese momento.

Cifras

$57 mil aproximadamente costó la restauración
del pedestal
del monumento.


$11 mil
costó la restauración
del Cristo del monumento
al Salvador
del Mundo.


14 metros
de altura tiene el monumento, con el pedestal, el mundo y el Cristo.


"Cuando se hicieron las inspecciones de estructura y geotécnico se encontró que estaba simentado sobre suelos sueltos fracturados y con características no óptimas"
Enrique Melara ingeniero geotécnico
"Es necesario respetarlo y cuidarlo, en todo sentido, observarlo siempre. El que este restaurado no significa que no se puede caer de nuevo"
David Hernández ingeniero estructuralista

El terremoto de 1986 provocó fracturas grandes en el monumento del Salvador del Mundo. Ese hecho significó la puesta en práctica de lo mejor de la ingeniería que existía en ese momento en el país.

Andamios especiales, arneses, una grúa moderna, topógrafos, especialistas en estructuras y geotecnología fueron necesarios para ponerlo de pie el 10 de octubre de 1988.

En la recuperación participaron —comandados por la Iglesia católica— la empresa privada, ingenieros y arquitectos nacionales, que formaron el Comité de Restauración del Salvador del Mundo.

El monumento, ubicado en la actual plaza Las Américas, fue inaugurado en noviembre de 1942 durante la clausura del primer congreso eucarístico nacional. En ese entonces, señalaba el límite de la capital.

El movimiento telúrico provocó que la escultura se fragmentará al caer al suelo. “Se rompió en varios pedazos. La mano quedó en mil pedazos”, dijo David Hernández, ingeniero estructuralista que participó en la restauración del sitio.

El pedestal, que es hueco, sufrió grietas en su interior. “No se veían las grietas, porque las tapaban la capa de mármol”, aseguró Hernández.

Para habilitar el lugar, los ingenieros tuvieron que estabilizar el suelo. Un diagnóstico determinó saturación de agua en la zona. “Había rastros de lo que pudo ser una quebrada de invierno”, explicó Enrique Melara, ingeniero especialista en geotecnia, quien también trabajó en la recuperación del monumento.

De los problemas que tenía el terreno es que “eran suelos no estabilizados, suelos sueltos, fracturados y con características no óptimas”, estableció Melara.

Los especialistas hicieron perforaciones de 14 metros para ver las características del suelo. “Se decidió recimentar con pilotes (enterrados), se colocaron en la parte interna del terreno inmediato al monumento, en sus cuatro lados. Se colocaron aproximadamente 12 pilotes”, dijo Melara.

Para lograr colocar los pilotes, Hernández diseñó una mecanismo de andamios y sistemas de reforzamiento para mantener prácticamente en el aire al pedestal del monumento.

“La recimentación era una experiencia nueva, en ese momento no había muchas técnicas”, afirmó Hernández.

Imagen símbolo

El Cristo blanco que reposa sobre el mundo y que hoy por hoy es un ícono capitalino fue hecho en Italia, en mármol de carrara; el autor se desconoce pero se cree fue hecho entre 1920 y 1922, según Irma Flores, encargada de sitios y monumentos de CONCULTURA.

Originalmente estaba en el monumento funerario de la familia del ex presidente de la República Manuel Enrique Araujo, en el cementerio General. La imagen se dañó con el terremoto de 1934, por ello la familia decidió donarla a la Iglesia católica, que la mantuvo en San José de la Montaña desde 1938 a 1942, según los documentos de sitios y monumentos.

Cuando cayó al suelo en 1986, fue restaurado por el brasileño Flavio de Phino, con ayuda de lo salvadoreños Héctor y Napoleón Mena.

Para subirla al pedestal, el 8 de octubre de 1988, se utilizó la grúa más moderna que existía en El Salvador, según Melara y Hernández. Este último, diseñó una “doble jaula”, una interior con base y varillas de acero y otra exterior más fuerte con el propósito que la de afuera diera seguridad al agarrar la escultura con la grúa.

“Una vez en el sitio se quitaba la exterior y quedaba la otra que permitía colocar el concreto en la base del pedestal. La parte más crítica fue unir la imagen con el pedestal”, dijo Hernández.

 
 
Contenido: Óscar Luna | Diseño: Andy Rodríguez | Edición: Margarita Funes
 
® 1997 - 2006 LA PRENSA GRÁFICA Todos los derechos son reservados.
No se reproduzca en ninguna forma. All rights reserved.
Do not reproduce in any form.