Colocar banderas que simbolizan el nivel del daño de
un inmueble es tarea de los comités de evaluación.
Detrás de los colores rojo, naranja, amarillo y verde,
sin embargo, no hay nada más. El camino de seguimiento
de los edificios en mal estado es difuso. Las instituciones
en las que recae la responsabilidad no cuentan con capacidad
financiera, tecnológica o humana para realizar la tarea.
La Oficina de Planificación del Área Metropolitana
(OPAMSS) apenas exhibe un listado parcial de las edificaciones
dañadas por el sismo de 1986. El Viceministerio de
Vivienda es el encargado de velar por el crecimiento estructural
del resto del país, pero en la actualidad no conserva
ni un documento que haga referencia a la tragedia que marcó
la historia de El Salvador
hace 20 años.
No tenemos registros de ese terremoto, se limitó
a comentar el encargado de comunicaciones de esta entidad,
Fausto Valladares. Debido a eso, Enfoques buscó una
entrevista por otras vías y logró contactar
a un funcionario que admitió tener la información
que se buscaba. No obstante, Valladares, al saberlo, logró
que se cancelara la cita. Esa no es responsabilidad
de nosotros, dijo, para zanjar el tema.
La evaluación de los daños es solo el primer
paso de un proceso de reconstrucción supervisada que
en el país, pese a los frecuentes sismos, nunca se
ha hecho. Nosotros hacemos un estudio preliminar con
los colores. Luego se necesita un estudio preparado con la
solución propuesta. En eso es en lo que hay deficiencia,
explica José Mario Sorto, presidente de la Asociación
de Ingenieros y Arquitectos (ASIA).
Calladitos
Fuera del peligro evidente de los edificios que ya han recibido
calificación de inhabitables o inservibles están
otros que, sin ser vociferantes, están deteriorados
como lo estuvo el Rubén Darío hasta su muerte.
De esos, todo mundo dice saber que hay varios, pero nadie
se atreve a señalarlos.
En la historia salvadoreña hay un movimiento telúrico
que apenas ocupa la memoria. El 19 de junio de 1982 la tierra
se sacudió con una magnitud de 7.3 Richter. Al menos
ocho personas perdieron la vida, 96 quedaron heridas y 5 mil
damnificadas. Sorto lo caracteriza de manera muy peculiar:
Fue un sismo guerrillero. Esos sismos que pensamos que
no nos hicieron nada, debilitan la estructura. Yo creo que
hemos tenido un segundo sismo guerrillero, es el de 2001.
Debilitó los edificios y los dejó solo para
que otro movimiento los bote. Cree que bastaría
una magnitud de entre 5.1 y 6.1 para desplomar los inmuebles
mal parados.
Pero, de nuevo, no hay un inventario plenamente confiable
de las estructuras que son una amenaza.