Rodrigo Samayoa
Tal y como fue empujado a participar a las internas de ARENA, así entró a ser miembro del partido que ahora representa, 25 años atrás. Aquella mañana de mayo de 1980, la reforma agraria ya estaba en marcha. En las paredes exteriores del Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria (ISTA), se publicaban las listas de las propiedades expropiadas.
Frente a las listas, esperando una respuesta a su demanda de recobrar las tierras, estaban Armando Calderón Sol, Gloria Salguero Gross y Rodrigo Samayoa. “Le pregunté qué propiedad perdió. Me dijo que la finca de su familia”, recuerda Ernesto Kury, un político pecenista ya retirado. A la familia Samayoa Rivas se le había embargado la propiedad algodonera Las Hojas, en el departamento de La Paz.
Kury hizo un censo de los afectados y así nació un movimiento que, con el tiempo, daría vida a ARENA, una vez se contactaron con Roberto D’Aubuisson.
La reunión fue en la residencia de los Kury, en la colonia Escalón, donde se le entregó a d’Aubuisson una lista de unos 10 mil nombres, teléfonos y direcciones de afectados por la reforma. En la sala de la casa estaban el mismo d’Aubuisson, Eusebio Argueta, Kury y Samayoa.
Con los meses, Kury se reintegró al PCN y Samayoa se convirtió en uno de los reclutas en el ahora partido político.
No fue sino hasta 1988 cuando logró un cargo administrativo dentro de ARENA, mismo que había rechazado en un principio.
En 1984, cuando cuidaba urnas en la elección presidencial, conoció a Eduardo Interiano, quien luego sería miembro del COENA y ministro de Salud. “Busqué a un grupo de amigos para que me ayudaran a cuidar urnas en los centros de votación. Rodrigo estuvo a cargo de la Zacamil”, narra pausadamente Interiano, al recordar el día en que ambos llegaron sin vestir los colores del partido, por temor a ser agredidos.
Samayoa era nuevamente empujado a actuar.
En 1988, D’Aubuisson, que perdió las elecciones presidenciales cuatro años antes, convocó a Interiano para hacerle una propuesta que terminó aceptando sin mucho placer. Quería que fuera el director departamental de San Salvador y se acercaban las elecciones municipales de 1988. Interiano no aceptó y propuso a Samayoa como director de asuntos económicos y sociales. “En las campañas se maneja mucho dinero y Rodrigo es un hombre honesto y buen administrador”, explica Interiano. Pero Samayoa le dijo “no” al mayor D’Aubuisson.
“El mayor (d’Aubuisson) me propone entrar a la departamental de San Salvador. Bien me acuerdo de mis palabras: ‘Pero es que yo no tengo tiempo’. Y él me dijo: ‘No se preocupe. Es solo por ratitos’. ”
Samayoa argumentaba que debía atender su empresa, los Laboratorios Clínicos Samayoa, compañía que fundó en 1977.
“Siempre supo qué quería hacer al entrar a la Universidad (de El Salvador). Le gustaba la tecnología médica”, recuerda el diputado Héctor Silva, que de joven entabló un lazo estrecho con los hermanos Rodrigo y Mauricio Samayoa (hoy presidente del Banco Cuscatlán), en el colegio Externado San José.
La idea del laboratorio nació en la mente de Samayoa en Estados Unidos, cuando cursaba la maestría en Salud Pública en Michigan State University, a mediados de los años 70. “Me lo encontré un par de ocasiones. Conversábamos de que él quería innovar en el país los estudios en laboratorio clínico”, relata Silva.
D’Aubuisson, no obstante, finalmente convenció a Samayoa de ser más activo en el partido, y ya en 1990 lo enviaron al exterior a recibir un curso de oratoria, junto con Interiano y con la hoy ex diputada Miriam Mixco, presidenta del Registro de las Personas Naturales.
Es que la fortaleza de Samayoa no estaba en las relaciones públicas. “A los dos nos temblaban las piernas cuando tocaba hablar en público. Él siempre huía para no hablar”, recuerda Interiano.
Tras completar el curso, Samayoa no convenció a la timidez de marcharse, y ahora es el ladrillo hueco que muchos areneros ven en el edificio de su candidato, aunque creen que tiene remedio.
Interiano, quien era el superior de Samayoa en la dirección departamental, lo describe como un hombre que le encuentra sazón al trabajo de campo. “Le gustaba estar en las comunidades, ayudando en proyectos”, explica. Y ese es uno de los atributos que también ven Guillermo Gallegos, Julio Gamero y Norman Quijano, diputados con quienes Samayoa trabajó en la departamental.
Sus amigos de colegio lo tienen presente en sus recuerdos como alguien con conciencia social. “Trabajábamos en la comunidad El Manguito, cuando íbamos a construir champas por parte del colegio”, dice César Augusto Saavedra, quien estudió con Samayoa. Y Víctor Cáder comenta: “Pese a ser una persona que nació en el seno de una familia acomodada, no tenía el tufo de niño rico.”
Esa “conciencia social” al parecer volvió a aflorar más tarde, cuando Samayoa, un estudiante de la Universidad de El Salvador, se involucró en movimientos estudiantiles.
Sus buenas calificaciones lo hacían sobresalir en la Facultad de Áreas Comunes de la UES y así fue elegido en 1967 para integrar la directiva de la Asociación de General de Estudiantes Universitarios (AGEUS), un organismo con larga fama de ser antigobierno y de tradicional carga izquierdista.
Samayoa está lejos de ser un competidor exitoso. De hecho, las batallas partidarias más importantes las ha perdido. En 1997, investido como director ejecutivo de la departamental de San Salvador, le encargaron la estrategia para ganar las alcaldías de Mejicanos y Soyapango, y terminó perdiendo. El FMLN obtuvo una ventaja de 47% en Mejicanos, y del 70% en Soyapango, mientras que ARENA apenas tres años antes había triunfado con ventajas casi similares sobre el FMLN.
Por corresponsabilidad también sufrió la derrota de su partido en la capital, a manos de un renacido Héctor Silva.
Ya en 2000, Samayoa se convirtió en director departamental, por recomendación de Interiano al presidente arenero, Félix Cristiani. Samayoa no solo perdió por segunda vez consecutiva la capital, sino en todos los municipios que tres años antes había ganado el FMLN, y agregó una derrota en Ayutuxtepeque.
ARENA la ha apostado a un hombre que asegura que no le gusta la confrontación. “Por eso no he sido nunca diputado. No me llama la atención confrontar”, dice. Las oportunidades de postularse estuvieron en sus manos, pues entre Interiano y él armaban la lista de diputados que participaban por San Salvador: “Ni él ni yo nos poníamos. Pero en una ocasión (1991), como no había gente que quisiera ser diputado, lo puse para completar la lista”.
A pesar de sus largos años en ARENA, de sus seis vicepresidencias en el Parlacen y una presidencia, no muchos en su partido se convencen de que tenga credenciales suficientes. “Nunca se ha entregado de lleno a la política”, puntualiza el diputado Ernesto Angulo.
Su hermano, Mauricio Samayoa, se rehusó a hablar sobre el candidato. “No me apoyó ni en la precampaña, por los riesgos. Claro que ahora sí me respalda”, comenta el aspirante a la silla edilicia.
No obstante que en las encuestas el candidato arenero lleva significativa ventaja sobre la nominada por el FMLN, los más temerosos no se confían, pero creen que la imagen del presidente Antonio Saca pueda ser útil. “Puede engancharse al efecto de locomotora del presidente”, resuelve un ex miembro del COENA.
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