El 30 de julio en la mañana, Verónica Orantes Hernández, de 26 años, se levantó más temprano de lo normal. Tomó un microbús y dejó atrás su ciudad de origen —Ahuachapán— con la certeza de que se reuniría con otro grupo de jóvenes en San Ignacio (Chalatenango) a los que hasta ese momento no conocía.
Otros cinco jóvenes compartieron la visión de sus mundos a través de un medio de comunicación. Los bosques de pino fueron testigos de dicha actividad. Una vez ahí, la juventud salvadoreña adquirió rostros y nombres. Los seis jóvenes, entre 20 y 26 años, comenzaron a presentarse: Mónica Argueta, Roberto Valle, Sandra Zamora, Carlos Umaña, Víctor Calderón y —claro— Verónica. Haciendo un derroche de entusiasmo, los jóvenes fueron respondiendo atentamente a una serie de preguntas relacionadas con temáticas de actualidad, como control natal, aprovechamiento de tecnologías y medio ambiente. La mañana se fue idealizando con la introspección de cada uno de ellos.
Víctor Calderón, originario del municipio de San Ignacio, narró cómo él ha podido superarse con muy poco presupuesto a través de un proyecto de desarrollo económico regional enfocado en la atención del turismo: “El hecho de que un joven tenga éxito depende en gran medida de uno mismo. La clave es tocar puertas, trabajar mucho y ser creativo”.
Al mediodía se disfrutó del almuerzo en total camaradería, de esta manera los jóvenes se dieron cuenta de que procedían de diferentes lugares, y además de su edad compartían la inquietud de ser escuchados por la sociedad.
Carlos Umaña aprovechó para contar que es vicentino y que estudia Comunicaciones en la Universidad Tecnológica. Sandra Argueta es cantante y estudiante de Administración de Empresas de la Universidad Dr. José Matías Delgado.
La última parte de esta reunión supuso que el sexteto desmitificara conceptos idealistas de diversas temáticas como la de si los jóvenes deben de estudiar y trabajar simultáneamente; o la existencia de una supuesta desidia juvenil hacia la política. Las respuestas debían ser justificadas con límite de tiempo. La dinámica obtuvo frutos informativos con diversos matices, pero que reivindicó el valor del pensamiento juvenil. Al final de la tarde, Verónica regresó con nuevos bríos a Ahuachapán, obtenidos por un convivio. En este “resultó ser pedagógico y positivo que nuestras voces se escuchen, como una sola”, comentó la chica que estudia Trabajo Social en su natal departamento.