Humildad y sacrificios

La sonrisa de la cachiporrista Fany Rodríguez, de 17 años, esconde una lección de superación.

Óscar Leiva
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Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 8/10/2007

Fany Rodríguez Menjívar cursa tercer año de bachillerato en Salud en el INFRAMEN y lleva dos años en la banda de paz del instituto: “Esto no implica que uno descuide sus estudios.

Yo hasta la vez no he dejado materias”. Todos los días ensaya al menos una hora con sus compañeras para poder estar en forma. “Lo que más cuesta de ser cachiporrista es mantener la figura y la condición física, pero lo más difícil es que uno casi no pasa con su familia”, dice Fany, quien vive en Joyas del Norte, cerca del ingenio El Ángel, en Apopa.

Fany proviene de una familia de escasos recursos económicos y para pagar sus estudios esta joven empezó a recoger latas para venderlas para reciclaje: “La mayoría de veces en la tarde voy por la calle recogiendo latas, recolectó esta basura para poder pagarme los estudios y otras cosas que mis padres no me pueden dar”. Al principio Fany dice que le costó superar la pena. “La gente se te queda viendo extraño cuando te ve recogiendo basura”, afirma, “la primera vez recolecté $30 por 60 libras de latas.

Eso me motivó, con eso pude pagar la cuota de mis estudios de $11 mensuales”.

En cuanto a la banda Nuestros Ángeles, Fany dice que al principio le costó acoplarse a las demás cachiporristas de los otros institutos, pero afirma que han aprendido a llevarse bien.