A los 13 años, Stephan Moys dio un paso decisivo y abrupto en su vida: dejó las clases de judo por el ballet. “Mi mamá me puso a clases de baile con Mauricio Bonilla. Llegó Alcira Alonso y me preguntó si me gustaba el ballet, yo le dije que no”, recuerda. Han pasado cinco años y ahora piensa en el ballet como su vida, más allá de los estereotipos: en la Fundación Ballet de El Salvador, donde baila, hay solo cinco hombres. “Estamos rompiendo mitos, el ballet no es solo para mujeres ni afeminados”, afirma orgulloso Stephan.
En abril de este año, viajó a Cuba, a una capacitación con el Ballet Nacional de la isla. Tiene la posibilidad de estudiar la carrera en Cuba el próximo año y en octubre hará una audición en Guatemala para la Royal Academy de Londres.
A pesar de esto, Stephan todavía se pregunta: “Yo no sé qué me vio doña Alcira, yo era pie plano y cascorvo”.
La respuesta es una: “Tiene interés y vitalidad por el ballet”, dice Alonso.
Stephan toca el piano y la guitarra, estudia inglés y odontología, y consagra sus noches al ballet.
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