Al ritmo y sincronía de infinitos 1-2-3, una Diana Aranda de nueve años fue internándose en el mundo del ballet. Su profesora, la connotada bailarina y coreógrafa argentina Alcira Alonso le transmutó todos sus conocimientos y soporte sobre danza clásica a través de su Compañía Ballet de El Salvador en la que Diana figura como una de sus principales representantes y promesas.
Ahora, con 23 años, continúa en la búsqueda perpetua por la perfección en la danza, no sin tesón y sacrificio, lo que ha supuesto que dedique largas jornadas de su tiempo entre ensayos y exámenes de administración de empresas, alternados con intensas presentaciones en diversos festivales de ballet clásico de toda la región: Nicaragua (2007); Guatemala (2006); Panamá (2004); Costa Rica (2003). En 2005, tomó clases en el Teatro Colón y de La Plata de Buenos Aires, Argentina.
Su más reciente satisfacción fue haber asistido al programa de verano del American Ballet Theater de Nueva York —una de las más prestigiosas compañías de ballet del mundo—, para lo cual audicionó al lado de miles de participantes y logró clasificar en el nivel más alto (de cinco), junto a 19 bailarines.
La pretérita y sensual “Cenicienta” vislumbra para el próximo año convertirse en la protagonista del clásico romántico “Romeo y Julieta”. “La entrega, la disciplina, la fortaleza y la perseverancia que exige el ballet me ha formado el carácter y ha impreso un sello indeleble que marca permanentemente mi vida”, reconoce la bailarina salvadoreña.
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