A Eduardo Chang le molesta “la idea del artista en el ideario común y corriente: como un ser romántico que produce a partir de musas que lo iluminan”, dice.
Su trabajo no tiene un halo divino: “El arte no tiene que ver con el talento, sino con el trabajo, con el compromiso hacia el trabajo”, opina. Y para él es tangible. Desde 2004, cuando ganó el primer concurso de arte digital de la Fundación Clic, Eduardo Chang ha estado irrumpiendo en espacios de “quilataje”, como el Museo de Arte de El Salvador (MARTE) y la Bienal de Arte del Istmo Centroamericano.
Es el artista más joven expuesto en la muestra permanente del MARTE. A los 24 años, “dentro de los artistas emergentes, más jóvenes, él tiene las propuestas que me parecen más cuerdas, más coherentes, de una manera que contenido y formato hacen un buen juego”, explica el curador de la muestra, Jorge Palomo.
A Chang le interesan la teoría y la discusión. “El arte no es un objeto divino que no puede ser discutido, es lo contrario. Quisiera más discusión sobre mi obra, interpelaciones”, dice Chang, que desde hace un año vive en Costa Rica, casado con una historiadora de arte.
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