Tras el mostrador de la cafetería Arte Café, en San Miguel, Óscar López Portillo juega una partida de ajedrez mientras se escucha como música de fondo una canción de Joaquín Sabina. Entre jugada y jugada, el migueleño de ojos verdes atiende a los clientes que llegan atraídos por un concepto que conjuga el café gourmet, la exposición de pinturas y la venta de las más recientes obras de autores latinoamericanos.
Todos los que llegan al Arte Café lo conocen y saben de su gusto por la poesía de Benedetti y la narrativa de Vargas Llosa. De la peculiar manera con que sirve un capuchino o recomienda el nuevo libro que ha llegado al local, o de su reciente triunfo como ganador del primer lugar en la categoría de cuento del certamen Letras Nuevas, de LA PRENSA GRÁFICA.
“Le recomiendo que lleve el libro ganador del Premio Alfaguara, ya lo leí y está muy bueno”, dice mientras mueve una pieza del tablero y saluda al nuevo grupo de clientes.
En este ambiente inundado de libros, charlas, música y aroma a café fue que Óscar decidió participar en el concurso Letras Nuevas. Lo hizo como reto personal, para someter sus obras a un jurado de literatos.
Hace poco, el joven de 22 años no tenía claro si mandaría los versos escritos y recopilados durante cuatro años o si usaría su poco tiempo libre que le queda tras su paso por las aulas de derecho de la UNIVO para lanzarse a la aventura de escribir un cuento.
Al final se inclinó por la narrativa, e inspirado en una nota periodística sobre la captura de un grupo de sicarios comenzó a esbozar el cuento “Ángel limpiador”, que firmó con el seudónimo de Darío Sabina, que resulta de conjugar los nombres y apellidos de dos de los artistas que más admira: Joaquín Sabina y Rubén Darío.
Estructurar la pieza que narra la historia de Ricardo Corrales, “el hombre que mata por encargo”, le tomó dos semanas, aunque el gusto por la literatura lo comenzó a cultivar cuando siendo adolescente aprendió que la mejor manera de encauzar su temperamento hiperactivo era leer y escribir poesía.