La devoción a la Virgen de la Paz crece cada año según los dirigentes católicos de San Miguel y se refleja en las muestras de amor hacia ella, como acompañarla en las procesiones que inician cada 21 de septiembre, así como el 21 de noviembre y los rosarios y misas ofrecidos.
Aunque en San Miguel ya no se acostumbra llevar pequeñas reliquias que son símbolos de los milagros concedidos, los fieles llevan velas, lágrimas, penitencias, alegría y agradecimiento al altar de la Virgen de la Paz levantado en la iglesia catedral.
Durante los días que duran las fiestas en honor de la excelsa patrona de El Salvador también florece el comercio de objetos religiosos, estampas, velas y otros.
La devoción a la Virgen no es exclusiva del mes de noviembre.
Todo el año, la catedral de San Miguel es visitada por cientos de feligreses que acuden a ella para agradecerle por algún milagro. Otros llegan para presentarles a los niños recién nacidos y pedir bendiciones para sus vidas.
Hay personas que viajan desde ciudades de Estados Unidos y otras para visitar a la patrona.
Coronación
La coronación pontificial de la imagen de la santa patrona se efectuó el 21 de noviembre de 1921.
Desde entonces, cada 21 es dedicado a la Virgen, lo cual se celebra con una solemne misa que es concelebrada y en la que participan obispos de las diferentes diócesis del país.
Después de la misa, en horas de la tarde, la imagen recorre las principales calles de la ciudad en una hermosa carroza adornada con flores naturales.
La procesión, que dura unas cinco horas, recorre diferentes calles y avenidas de la ciudad de San Miguel.
A la actividad religiosa muchos devotos llegan a cumplir promesas de los favores recibidos de su querida madre.
“Esta es una celebración muy bella dedicada a la madre de Dios, estamos muy contentos que poco a poco el festival mariano va tomando mucho protagonismo en las fiestas de San Miguel”, aseveró Rosa Pérez, una feligrés.