Ayudado por la fortuna o por el hechizo que le ampara en Europa, el Liverpool logró en el Emirates, ante el Arsenal, un empate a uno que confiere ventaja al plantel de Rafa Benítez, pese al dominio abrumador de su anfitrión, y que deja en el aire la resolución de los cuartos de final de la Liga de Campeones a la espera de lo que ocurra en Anfield.
El principio de una sucesión de tres encuentros en un intervalo de seis días entre ambos rivales anticipaba, cuanto menos, intensidad. El hada madrina que ampara al Liverpool en este torneo arropó a “los Reds” para contener la organización y la disciplina de la compacta formación de Arsene Wenger, cuya obsesión sigue siendo el cetro europeo.
El entrenador del Arsenal había rogado a sus pupilos que ayer, más que nunca, desplegaran un esquema que combinara la organización, la cautela y la solidez en la zaga y que estuvieran siempre listos para atacar. Emplearon un fútbol notable, pero su determinación y empuje no evitó un gol de su rival, marcado por Steven Gerrard (al ’26), un arma letal que les hará sudar en la próxima eliminatoria.
Al minuto 23, el togolés Emmanuel Adebayor remataba de cabeza a un lanzamiento de esquina de Van Persie y daba así ventaja a la formación local, que deberá esforzarse de forma extenuante para salir vivo de la serie.
“Tengo la sensación de que no se nos ha recompensando la forma en la que hemos jugado esta noche. Hemos tenido ocasiones de ganar”, dijo el entrenador francés al final del juego.