El nuevo capítulo de la historia comienza con un Iron Maiden incierto, en busca de una voz líder que dé frescura y al mismo tiempo reuna las cualidades de presencia, soltura y, claro, ser inglés. Las audiencias, y quizá las amistades, consiguieron que al final la vacante fuera para Blaze Bayley, para ese entonces con 30 años y con un color de voz más grave que Dickinson.
Sin embargo, la era de cambios no se quedaría ahí. La nueva alineación entró al estudio en 1995 para concebir su disco número once. Aunque los vientos de cambio soplaban demasiado fuerte, al grado que también alejó del proyecto a Martin Birch, el productor que por décadas acompañó cada disco de los ingleses. Y no solo eso, también el concepto visual tendría trastoques sin la colaboración de Derek Riggs, considerado el padre de Eddie.
Así las cosas, “The X factor” salió al mercado con Nigel Green en la producción y un arte fotográfico que mostraba a Eddie mientras era torturado. El siguiente paso fue salir de nuevo a la carretera con un tour que pondría a prueba la nueva garganta y los cambios de Iron Maiden. El resultado fue una parcial división de sus fans gracias a la voz de Bayley, un tanto alejada de los tonos altos.
Lo curioso es que a pesar de las críticas, en su momento Steve Harris explicó que este disco es uno de sus tres favoritos, junto al “Piece of mind” y el “Seventh son of the seventh son”. De “The X factor” se recuerdan todavía temas como “Sign of the cross”, “Lord of the flies” y “Man on the edge”. La temática bélica de Iraq fue parte de la inspiración del disco y, de hecho, gran parte del la gira “X Factour” se desarrolló en Oriente Medio.
En este disco, Bayley tuvo participación en la composición, pero para el siguiente trabajo, el de 1998, su aporte se vio reducido, quizá como señal de que algo pasaba en el seno de la banda. Así, el nuevo disco, “Virtual XI”, se montó a la corriente futurista y de computadoras que invadía el mundo, pero también fue el primer paso hacia otros cambios: la salida definitiva de Bayley y el fin de su reinado de cinco años.
El reencuentro
El año en curso era 1999, y la separación de Bayley fue el preámbulo para reencontrarse con su antiguo vocalista Bruce Dickinson. Y no solo eso, el cambio de milenio trajo la reincorporación de Adrian Smith a la doncella de hierro para formar un trío de guitarras que erizó a sus fans. Si de por sí las cuerdas de los ingleses eran parte de su mayor fortaleza, Smith, Murray y Gers elevaban las expectativas a un nivel astronómico, pues prácticamente ninguna banda utiliza tres guitarristas.
Para celebrarlo, Iron Maiden lanzó el primer disco del siglo, el “Brave new world”. Nuevamente volvió Derek Riggs a trabajar la portada y, además, el estilo y la calidad de los acordes aumentó. Steve Harris aprovechó para crear nuevas canciones, entre las que está la que confesó a la revista Kerrang que era su favorita de toda su carrera: “Blood brothers”.
La nueva era también exigía un documental en formato digital. Ya habían sido grabados algunos como el “Raising hell” o el “Live after death”, pero el concierto que brindaron en Brasil a principios de 2002, conocido como Rock in Río, sobrepasó las expectativas tanto en producción como en afluencia. Según datos de los organizadores de ese festival, cerca de 250,000 personas disfrutaron del show.
En los siguientes años, la historia más contemporánea de Iron Maiden, aparecieron dos discos más —“Dance of death” y “A matter of live and death”— y sus respectivas giras. Pero la noticia más representativa para los centroamericanos golpeó la puerta a finales del año pasado: Iron Maiden, después de 32 años de carrera, pasearía su heavy metal por la región en un concierto enmarcado en la treintena de fechas de su “Somewhere back in time world tour”. Esta historia continuará... el 26 de febrero.
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