Las pensionadas del año 2017
El perfil es tan específico como un anuncio en los clasificados: una mujer, trabajadora, de 50 años de edad, y que haya cotizado por las dos últimas décadas a una Administradora de Fondos de Pensiones (AFP). Puede ser de cualquier profesión u oficio: una profesora de matemática, la enfermera de un gran hospital, una oficinista o la madre de familia que cose en una maquila.
Lo importante es que desde el 15 de abril de 2017, ellas serán las primeras salvadoreñas obligadas a pensionarse bajo el sistema previsional que se implementó hace 15 años. El mismo camino por el que todos los nuevos pensionados tendrán que transitar tarde o temprano.
Lucy de Córdoba es una de las mujeres de la generación 2017. Y dice que está ansiosa. En tan solo cinco años, ella planea dejar de dar clases en la escuela de Santa Tecla donde trabaja, e irse a descansar a su casa. Será el punto y final de un magisterio de 33 años. No más aulas de clase, niños bulliciosos, ni libros de texto. Su plan es sencillo: disfrutar de los cuatro hijos que ya terminó de criar y dejar la docencia en manos de los nuevos maestros.
–Yo les digo a los bichos que voy a renunciar el día que no pueda poner disciplina–dice De Córdoba, sentada en su escritorio después de una clase de matemática.
Pero las últimas noticias de pensiones inquietan a la profesora. Ya ha oído de la deuda de $2,289 millones del Gobierno para pagar las pensiones actuales y la posibilidad de aumentar en cinco años la edad requerida para pensionarse. Al mismo tiempo, los más altos funcionarios han comenzado a enfatizar la implicación que tiene la generación del 2017. Miles de mujeres como Lucy de Córdoba que van a recibir pensiones bajas en comparación al viejo sistema.
“¿De cuánto les van a quedar las pensiones? no sabemos, pero puede que los números no sean tan generosos como en el modelo anterior, y si las pensiones son demasiado bajas se va a vivir una fuerte presión social”, asegura Omar Martínez, superintendente adjunto de pensiones.
El panorama es complicado. Estudios realizados por tanques de pensamiento advierten que la escasa ganancia que generan los ahorros de cada pensionado, un mercado laboral en que los trabajadores pierden su empleo y hay meses que dejan de cotizar, entre otros factores; se van a traducir en tasas de reemplazo del 25% al 30%. Es decir, que si una persona gana $1,000 al momento de jubilarse, va a recibir una pensión de $300. O que si pasó décadas ganando el salario mínimo, la administradora de pensiones le devolverá todos sus ahorros para que el cotizante los administre y perderá el beneficio de su seguro social.
Por eso, funcionarios como el superintendente de pensiones hablan de la urgencia de reformar el sistema previsional en un plazo máximo de los dos próximos años. Un intento por sortear el endeudamiento y atender la situación de los nuevos pensionados. Si no se hace nada, Martínez pronostica que el Gobierno llegará al impago de las pensiones en 2023. En solo 10 años, de seguir igual, ya no habrá dinero para los pensionados.
Parece la tormenta perfecta.
Lucy de Córdoba ve unos exámenes de matemática mientras sus alumnos están afuera del salón. Solo faltan unos minutos para despacharlos a sus casas. Mientras tanto, la profesora se entretiene platicando con otras maestras del tercer ciclo que también están cerca de cumplir la edad de pensión. De Córdoba ríe mientras cuenta que no sabe el monto de sus ahorros en el sistema. Bromea que solo espera que al final su mensualidad no sea de $50, y que sus planes de retiro no sean postergados por muchos años. No quiere ser esclava de su trabajo en la vejez.
–Hay incertidumbre pero, ¿qué podemos hacer? Ahora, solo nos queda esperar para ver qué pasa –dice la maestra, encogiéndose de hombros.