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Las pensionadas del año 2017

El perfil es tan específico como un anuncio en los clasificados: una mujer, trabajadora, de 50 años de edad, y que haya cotizado por las dos últimas décadas a una Administradora de Fondos de Pensiones (AFP). Puede ser de cualquier profesión u oficio: una profesora de matemática, la enfermera de un gran hospital, una oficinista o la madre de familia que cose en una maquila.

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Lo importante es que desde el 15 de abril de 2017, ellas serán las primeras salvadoreñas obligadas a pensionarse bajo el sistema previsional que se implementó hace 15 años. El mismo camino por el que todos los nuevos pensionados tendrán que transitar tarde o temprano.

Lucy de Córdoba es una de las mujeres de la generación 2017. Y dice que está ansiosa. En tan solo cinco años, ella planea dejar de dar clases en la escuela de Santa Tecla donde trabaja, e irse a descansar a su casa. Será el punto y final de un magisterio de 33 años. No más aulas de clase, niños bulliciosos, ni libros de texto. Su plan es sencillo: disfrutar de los cuatro hijos que ya terminó de criar y dejar la docencia en manos de los nuevos maestros.

–Yo les digo a los bichos que voy a renunciar el día que no pueda poner disciplina–dice De Córdoba, sentada en su escritorio después de una clase de matemática.

Pero las últimas noticias de pensiones inquietan a la profesora. Ya ha oído de la deuda de $2,289 millones del Gobierno para pagar las pensiones actuales y la posibilidad de aumentar en cinco años la edad requerida para pensionarse. Al mismo tiempo, los más altos funcionarios han comenzado a enfatizar la implicación que tiene la generación del 2017. Miles de mujeres como Lucy de Córdoba que van a recibir pensiones bajas en comparación al viejo sistema.

“¿De cuánto les van a quedar las pensiones? no sabemos, pero puede que los números no sean tan generosos como en el modelo anterior, y si las pensiones son demasiado bajas se va a vivir una fuerte presión social”, asegura Omar Martínez, superintendente adjunto de pensiones.

El panorama es complicado. Estudios realizados por tanques de pensamiento advierten que la escasa ganancia que generan los ahorros de cada pensionado, un mercado laboral en que los trabajadores pierden su empleo y hay meses que dejan de cotizar, entre otros factores; se van a traducir en tasas de reemplazo del 25% al 30%. Es decir, que si una persona gana $1,000 al momento de jubilarse, va a recibir una pensión de $300. O que si pasó décadas ganando el salario mínimo, la administradora de pensiones le devolverá todos sus ahorros para que el cotizante los administre y perderá el beneficio de su seguro social.

Por eso, funcionarios como el superintendente de pensiones hablan de la urgencia de reformar el sistema previsional en un plazo máximo de los dos próximos años. Un intento por sortear el endeudamiento y atender la situación de los nuevos pensionados. Si no se hace nada, Martínez pronostica que el Gobierno llegará al impago de las pensiones en 2023. En solo 10 años, de seguir igual, ya no habrá dinero para los pensionados.

Parece la tormenta perfecta.

Lucy de Córdoba ve unos exámenes de matemática mientras sus alumnos están afuera del salón. Solo faltan unos minutos para despacharlos a sus casas. Mientras tanto, la profesora se entretiene platicando con otras maestras del tercer ciclo que también están cerca de cumplir la edad de pensión. De Córdoba ríe mientras cuenta que no sabe el monto de sus ahorros en el sistema. Bromea que solo espera que al final su mensualidad no sea de $50, y que sus planes de retiro no sean postergados por muchos años. No quiere ser esclava de su trabajo en la vejez.

–Hay incertidumbre pero, ¿qué podemos hacer? Ahora, solo nos queda esperar para ver qué pasa –dice la maestra, encogiéndose de hombros.

Las maestras que se quieren pensionar y no pueden

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Relato de una profesora próxima a jubilarse

Suena la campana de salida en la escuela Walter Soundy de la ciudad de Santa Tecla. Cientos de niños salen disparados de los salones de clase como si fueran un enjambre de abejas. Atrás de ellos, caminan las docentes de cada curso. La mayoría son mujeres que llevan libros y exámenes bajo el brazo. Muchas de ellas ya están tramitando su pensión, otras están a un paso de cumplir su edad de retiro. Cada una vive su propio dilema.

Lucy de Córdoba sale del salón de clases en la segunda planta y se encamina a las gradas. A su alrededor, decenas de adolescentes del tercer ciclo se apresuran en busca de la salida. Mientras camina, Lucy de Córdoba es acompañada por Lilian de Díaz, la profesora de lenguaje. De Córdoba es una mujer alta y espigada que viste de rosa, De Díaz es de tez clara y pelo ensortijado. Las dos mujeres ya tienen 50 años y esperan cautelosas por su jubilación en 2017.

Las dos son de las generaciones que fueron “obligadas” a pasar al nuevo sistema de pensiones. El Salvador transformó su régimen previsional el 15 de abril de 1998, pasando del viejo Sistema de Pensiones Público (SPP) al nuevo Sistema de Ahorro de Pensiones (SAP). Y desde esa fecha en adelante, los cotizantes se dividieron en tres grupos: uno de mujeres y hombres que a finales de los noventa ya les faltaban cinco años para pensionarse y se quedaron en el viejo sistema; otro grupo de personas mayores de 36 años al que se le dio la opción –optados– de elegir entre el antiguo o el nuevo esquema; y el tercer grupo de 36 años o menos al que se le obligó –obligados– a entrar al nuevo sistema de pensiones.

La generación de mujeres de 2017 tenía justo 36 años cuando sucedió el cambio del sistema, y se convertirán en el primer grupo en pensionarse bajo el nuevo modelo. Ellas están afiliadas a una de las dos Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) del país –el único duopolio en Latinoamérica–, pero los registros de las cotizaciones en sus primeros años laborales están en el Instituto Nacional de Pensiones de los Empleados Públicos (INPEP). Según las estadísticas de afiliación del SAP, a diciembre de 2012 hay 254,538 personas de 50 a 55 años en el sistema.

De Díaz camina con su cartera negra al hombro junto a su compañera. Las dos mujeres dicen estar sabedoras que sus pensiones serán exiguas. Una de las maestras asegura que tiene $12,000 ahorrados después de 27 años en las aulas, algo que considera insuficiente. “Es complicado pensar en una jubilación digna con las proyecciones del país, una sabe que no le va alcanzar tan solo con ir al mercado y conocer la inflación”, dice Lilian de Díaz.

Las dos profesoras cuentan que el impacto del retiro con bajas pensiones ya se refleja en esta escuela de Santa Tecla. Aquí, hay muchos maestros que prefieren seguir trabajando aunque ya estén pensionados, lo que quita espacio a los docentes que recién se gradúan. Un hecho que según Paz Zetino, el director del centro escolar Walter Soundy y Secretario General de Bases Magisteriales, también se traduce en un detrimento de la calidad educativa.

“Esta es una profesión de desgaste. Una docente que lleva 30 años en un aula no va a enseñar tan bien a las futuras generaciones ¿Y qué tenemos hoy? un magisterio envejecido donde los profesores se mantienen en las aulas por muchos años, y no haciendo las cosas como deberían sino que tratando de ahorrar más para que su pensión no sea tan baja”, plantea Zetino.

Pero ese no es caso de Lucy de Córdoba y Lilian de Díaz, las dos maestras de la escuela Walter Soundy que se van a pensionar en 2017. Ellas aseguran que su plan es retirarse al cumplir su edad de pensión dentro de cinco años. Al menos ese es el plan por ahora. Antes de despedirse, Lucy de Córdoba dice que tendría que replantearse el año de su retiro si al final su pensión es raquítica. “Si esto no cambia me va a pasar lo mismo que mis compañeras que prefirieren no jubilarse. Es que nadie se va a querer jubilar. Vamos a llegar a los 65 años queriendo salvar el salario que tenemos”, dice Lucy, antes de despedirse con sus libros en la mano.

Una enfermera que no deja de trabajar para aumentar su pensión

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La larga jornada de una mujer a pensionarse en 2017

Hoy es una noche de turno en el hospital San Rafael, de Santa Tecla. Encima de una camilla, cerca de la entrada de emergencias, hay un niño con el brazo quebrado que se cubre el rostro del dolor, rodeando al niño hay ancianos que también aguardan en camillas, alrededor del niño y de los ancianos están sus familiares con los ojos hinchados de tanto llorar. Y en medio de todos ellos camina Celina Escobar, una de las supervisoras de enfermeras del sanatorio.

Escobar avanza con paso ágil por el hospital al que vino en 1985. Va vestida con su uniforme blanco y sus anteojos. Celina Escobar está a meses de cumplir los 50 años y también estará en la primera generación de pensionadas bajo el nuevo sistema. Esta es otra noche de turno para ella, serán unas 36 horas seguidas de trabajo. Su labor aquí es supervisar la atención de todas las enfermeras que se encuentran distribuidas en el hospital.

El reloj marca las ocho de la noche de un viernes y Escobar camina apresurada hacía la oficina del departamento de enfermería. Por los altoparlantes del nosocomio se solicita de urgencia que los encargados del oxígeno se dirijan a la emergencia. Escobar baja unas gradas y cruza un pasillo en zigzag. Después entra al salón donde está su escritorio.

La supervisora de enfermeras se sienta y contesta llamadas telefónicas provenientes del resto del hospital. Entre cada llamada, Escobar hace memoria de los días de 1998 cuando se cambió el sistema previsional. “En el hospital se tenía muy poca información sobre el cambio en las pensiones y todos dudaban, en mi caso me uní a la AFP Máxima pero al poco tiempo desapareció y me pasé a otra, todo eso nos llenaba de incertidumbre, por un momento a uno le daban ganas de volver al viejo sistema”, confiesa Escobar.

Pero volver al viejo sistema no era una opción para los funcionarios de Gobierno. A pesar de que el cambio en el sistema de pensiones sucedió el 15 de abril de 1998, la decisión se había tomado desde 1996. La urgente transformación impulsada por la administración de Armando Calderón Sol consistió en pasar del sistema de reparto –una especie de ahorro colectivo donde todas las cotizaciones iban a un gran fondo– al modelo chileno de capitalización individual –donde cada uno de los cotizantes tiene su propia cuenta–. El motivo del cambio, según las autoridades, era que el antiguo modelo era insostenible, y que para 1998 tenía compromisos con los pensionados valorados en $14,000 millones y las reservas técnicas rondaban los $300 millones.

Según el actual superintendente de pensiones, el gran desbalance ocurrió, entre otros motivos, porque el viejo sistema previsional era demasiado bondadoso. Los trabajadores ahorraban el 3% de su salario y sus pensiones eran más del 60% de su sueldo en los últimos tres años de su vida laboral. Al final, los trabajadores solo ahorraban lo suficiente para financiar dos años de sus pensiones después de retirarse, de allí en adelante, era el Estado quien sacaba el dinero de sus arcas. Y la pensión en el viejo sistema era vitalicia.

Otro de los motivos del descalabro del viejo sistema de pensiones también fue la evidente mala administración de parte de los Gobiernos anteriores. “Todavía estamos tratando de saber cuál era el déficit cuando se migró al nuevo sistema en 1998, porque el destino del dinero no se sabe, nunca se supo. Como era un fondo común, los cotizantes no sabían cuanto había y esa información solo la manejaba el consejo directivo de cada instituto. Las cifras se podían maquillar. Y uno puede imaginarse varias cosas, hay gente que dice que el dinero se utilizaba para apaciguar las demandas sindicales. Podría ser un caso, malos manejos administrativos, pero en realidad no sabemos”, asegura el actual superintendente de pensiones.

En contraste, la generación de mujeres como Celina Escobar que se pensionaran en 2017 no representará mayor carga para el Estado. Sin manutención estatal, su pensión será el resultado de los 25 años trabajando –300 cotizaciones– y la ganancia que generaran sus ahorros. Su pensión se calculará en base a una fórmula que contempla la edad, el estado civil, hijos menores de 18 años, estudios, entre otras variables. Con el cálculo se pretende garantizar que la pensión rinda durante los años después de la jubilación. Según las estimaciones de la Dirección General de Estadísticas y Censos (DIGESTYC), la esperanza de vida es de 76 años para las mujeres, un aproximado de 20 años después de su edad de pensión.

Celina Escobar espera que, al final, la cuota mensual que obtenga no sea tan baja. Sentada tras su escritorio, dice que tuvo dos trabajos simultáneos por 15 años, y que en ambos le descontaban AFP. Actualmente, su cuenta ya asciende a $32,000. Ese es el fruto de años y años laborando entre el hospital y una clínica privada. Años en los que fue el sostén de sus tres hijos. La situación de la enfermera es distinta a la de miles de mujeres que ganan el salario mínimo, y que después de décadas trabajando en maquilas o haciendo limpieza no tienen más de $8,000 en sus cuentas individuales de pensiones. Ellas recibirán su dinero y tendrán que administrarlo precavidas pensando en que una mala inversión se traducirá en una vejez en pobreza.

Pero en el caso de Celina Escobar, ella misma dice todavía no piensa en su jubilación, después de tantos turnos como el de esta noche. La enfermera asegura que desde 2017 continuará trabajando 10 años más. Ella misma enumera sus motivos: “todavía disfruto mi trabajo, tengo dos hijos que estarán en la universidad en 2017 y hay que darles sus estudios, tengo que seguir pagando la cuota de mi casa, y de ribete que en las noticias veo de la crisis y que no hay pisto para pensiones”, explica Celina, mientras hay un efímero momento de calma en el sanatorio.

Los funcionarios ya advierten de la deuda previsional heredada del viejo sistema de pensiones. En una entrevista a El Economista en septiembre de 2012, Carlos Cáceres, ministro de Hacienda, aseveró que “las pensiones van a llegar a ser el verdadero problema fiscal que tenga el país…creo que en 2017”. Mientras que el ex presidente del Banco Central de Reserva (BCR), Carlos Acevedo, apareció en televisión el 12 de abril de 2013, y detalló el borde del abismo por el que camina el Gobierno arrastrando la carga de pensiones. “Yo he dicho que cada hora la deuda pública aumenta $50,000 por pensiones, lo que es $1.1 millones cada 24 horas, y unos $400 millones anuales…por eso si no queremos hablar (de que la deuda) es una bomba de tiempo, hablemos de un cáncer”, expresó Acevedo, frente a las cámaras.

Celina Escobar sale del departamento de enfermería porque necesita ir a dar una de sus rondas por los servicios del nosocomio. La enfermera camina ágil mientras los altoparlantes solicitan más personal en emergencias. Una de esas mujeres que será de las primeras en pensionarse bajo el nuevo sistema dice que la única interrogante que tiene es: ¿qué va a pasar en el año 2017? Es una pregunta compleja que en ese año, o de preferencia antes, tendrá que responder el próximo inquilino de la Casa Presidencial.

Un pacto nacional para reformar el sistema de pensiones

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El próximo presidente tendrá la obligación de transformar el sistema y hacerlo sostenible

La tarde de hoy se corona a la reina de las fiestas patronales de Santa Cruz Analquito, en el departamento de Cuscatlán. Todos en el pueblo parecen querer ver el acontecimiento. La gente ya camina cerca del parque que desde hace un par de días está atestado de ventas de churros españoles. La coronación de la reina será en una especie de carroza que se encuentra frente a la desvencijada iglesia del poblado. A esta hora, las tres de la tarde, todo parece estar listo. Solo falta el invitado especial que coronará a la reina: Elías Antonio Saca.

Pero el ex presidente de la República (2004-2009) y candidato presidencial por el movimiento UNIDAD tiene media hora de retraso. Saca es uno de los tres candidatos a la presidencia que tendrá que incluir –a fuerza– la deuda y cómo amortiguar las bajas pensiones de la generación de 2017 en su plan de Gobierno. Hace cinco horas, Norman Quijano, candidato del partido ARENA, ya habló de la “bomba de tiempo” que representa el compromiso con el grupo de ya pensionados, y las primeras mujeres que se pensionaran bajo el nuevo sistema.

Quijano aseveró que le preocupa la baja ganancia que generan los ahorros en pensiones, pero no tiene propuestas concretas porque todavía es un tema de estudio en el grupo de expertos que elaboran su plan de Gobierno. “Estamos conscientes de la gravedad del tema y lo tenemos que discutir más, por un lado está la deuda y por otro que los ahorros de los trabajadores no dan mucha rentabilidad”, precisó Quijano, después de un acto en un hotel capitalino.

Los actuales funcionarios de Gobierno ya atisban el alto costo político que pagará la próxima administración por las urgentes reformas que necesita el sistema de pensiones. Medidas drásticas e impopulares como aumentar la edad requerida para pensionarse, los años de trabajo, o tener tantas deudas acumuladas que no se podrá ayudar económicamente a las primeras generaciones que se pensionen en 2017. Mujeres como Aracely de Blanco, una asistente de ventas que está a pocos meses de cumplir 50 años y que ha trabajado toda su vida en empresas del sector privado. Dice que lo único que pide es que el Gobierno y las AFP den cuentas claras de cómo se administran las pensiones y las reformas que necesitan con urgencia.

“Cuando cambiaron el sistema no nos explicaron bien cómo funcionaba y mucho menos el grave problema que se arrastró con el viejo sistema, ahora lo que queda es que hablen, por primera vez, con la verdad, necesitamos más retroalimentación y que digan qué van a hacer para solucionar este gran problema”, dice Aracely de Blanco, sentada en una amplia sala de reuniones, al fondo de una exclusiva tienda en la colonia Escalón.

Pero todavía nadie parece tener respuestas claras. Antonio Saca llega a Santa Cruz Analquito en medio de una pequeña comitiva de partido. El alcalde del pueblo, Luis Napoleón Servellón, camina impaciente entre la multitud. La reina luce seria en un vestido azul profundo. El alcalde espera a Saca para pedirle que lo ayude para reparar la iglesia dañada desde los terremotos del 2001. Antes que Saca fuera presidente por primera vez.

Saca sonríe ante el público. Todo está listo para la coronación. La reina de Santa Cruz Analquito se sube a la carroza. La infraestructura se mueve como si estuviera a punto de caerse. Saca la ve con recelo. “Si me subo me voy a caer”, dice el ex presidente en voz baja, solo para sus asesores más cercanos. Uno de ellos se monta en la carroza para ver si aguanta el peso. El candidato presidencial sube con cuidado. La carroza se tambalea y Saca se queda inmóvil. Algunos de los lugareños no pueden evitar reírse. Pero el candidato ha subido lo suficiente como para coronar a la reina y solo se mueve lo necesario. Todo pasa en cuestión de minutos.

Después, el ex presidente baja de la carroza y comienza a estrechar manos. Mientras lo hace se le pregunta que hará con la situación de pensiones. “Ese es un problema que tenemos que afrontar, el Gobierno está adquiriendo una deuda aproximada de $500 millones anuales, y en 2017 el compromiso se dispara a $1,000 millones porque cada vez se pensiona más gente con el viejo sistema, pero no quiero adelantarme a las reformas que tenemos que hacer”, expresó Saca.

La respuesta del candidato de UNIDAD fue casi la misma que la del presidenciable por el FMLN, Salvador Sánchez Cerén, dos días después. Durante una reunión con artistas en la ciudad de San Salvador, Cerén dijo que se tiene que estudiar a profundidad el sistema antes de aventurarse a cualquier propuesta de reforma. “Las pensiones son una de las demandas más sentidas por la población, yo creo que se tiene que subir el monto que reciben los pensionados pero eso requiere un estudio y no solo voluntad”, dijo Cerén.

Sin ninguna respuesta concreta por parte de los tres candidatos presidenciales, el problema de pensiones será el gran dolor de cabeza para la próxima administración. El director ejecutivo de la Fundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE), Roberto Rubio, asegura que la situación del sistema de pensiones ya es insostenible, y que lo más sensato sería utilizar el contexto de las elecciones para sentar a los tres candidatos y que se comprometan para hacer las reformas necesarias, independientemente del costo político y el desgaste que signifiquen para sus partidos. Un día después de la coronación de la reina en Santa Cruz Analquito, los tres candidatos a la presidencia se reunieron con el actual mandatario, Mauricio Funes, para comenzar a discutir los temas más importantes del país. Después del cónclave político, los participantes manifestaron que la discusión había girado en torno a la tregua entre pandillas. La problemática de la deuda de pensiones y qué hacer con la generación del 2017 tendrá que esperar.

Las maquileras que no tienen suficiente pensión después de dos décadas de trabajo

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¿Cómo serán las pensiones de las mujeres que ganan el salario mínimo?

Esta es la primera vez que María Elba Torres viene a esta casa cerca de la iglesia María Auxiliadora (don Rúa). Una casa austera que mantiene su puerta entreabierta como invitando a cualquier persona a pasar. Es la nublada mañana de un sábado y en la parte de atrás de la casa hay un nutrido grupo de mujeres esperando a que inicie una charla. Esta es una casa sindical y todas las presentes son trabajadoras de maquilas. Aguardan a que un empleado del Ministerio de Trabajo venga y les hable sobre derechos laborales. María Elba Torres espera sentada entre ellas.

Torres no es parte de ningún sindicato, pero una de sus mejores amigas y compañera de trabajo sí lo es, y hoy la convenció de venir a la charla. María Elba tiene 50 años cumplidos y viene desde San José Las Flores, en Tonacatepeque. La trabajadora textil es una mujer que se pensionará en 2017. El grupo de maquileras toman café y comen pan dulce mie ntras esperan el inicio de la actividad. Un grupo de niños ven absortos la televisión y juegan sobre el piso. Sus madres no tenían con quien dejarlos así que los trajeron a la casa sindical.

María Elba platica con su amiga Alicia Piche. Ambas son trabajadoras de una fábrica textil que se encuentra en la antigua calle al Matazano, Soyapango, que tiene un año sin el servicio de agua potable ¿Cómo subsiste una maquila donde trabajan 250 mujeres sin agua? Cada día, una pipa de la alcaldía llega a dejar un suministro. María Elba gana $79 cada quincena con los descuentos del Seguro Social y su cotización a las AFP. Lleva 20 años obteniendo el salario mínimo por su trabajo poniendo etiquetas a trajes de chefs, médicos, o vestidos para niña.

La charla inicia en breve y las dos mujeres prestan atención al expositor. Mientras el empleado de gobierno expone sobre derechos laborales, Aracely Martínez se mantiene en la parte de atrás del salón. Ella es dirigente de la Mesa Sindical de Trabajadoras de la Maquila, un colectivo de maquileras que vela por sus mismos derechos. Y uno de los temas que siempre está entre las discusiones del grupo es el de las pensiones.

En voz baja, Aracely Martínez asegura que una de sus principales preocupaciones es que los patrones de la maquila descuenten la cotización a sus empleadas, pero que no la transfieran a las administradoras de pensiones. Una situación que escucha muy a menudo.

–Nosotras no vamos a lograr nada de nuestras pensiones: ya ganamos poquito, algunas veces el patrón nos roba nuestra cotización y la Fiscalía nunca resuelve nada– dice la maquilera.

LA PRENSA GRÁFICA solicitó en reiteradas ocasiones una entrevista con los encargados de la unidad penal del Estado de la FGR, pero no se tuvo respuesta. Este medio también solicitó estadísticas sobre los casos de empresas que descuentan el dinero en concepto del ahorro de pensión a sus empleados, y que no los transfieren a las AFP, pero tampoco lo proporcionaron.

Después de un rato en la charla, María Elba Torres se va a la parte de atrás del salón y habla sobre los cinco años que le quedan antes de pensionarse en 2017. Ella todavía no sabe cuánto dinero ha acumulado pero espera que aunque sea le alcance para la pensión mínima. Para María Elena Rivera, coordinadora de Estudios de Política Pública en la Fundación Guillermo Manuel Ungo (FUNDAUNGO), lo complejo del sistema de capitalización individual son casos en los que –después de toda una vida de trabajo– un empleado no tiene el dinero suficiente en su cuenta para alcanzar una pensión.

“Si se tiene una cantidad insuficiente, el administrador devuelve el dinero al trabajador, y allí no solo se corre el riesgo de ser un buen o mal inversor sino que también se pierde la afiliación al seguro social, entonces lo responsable sería estudiar cuantas de las mujeres que se pensionan en 2017 se van a enfrentar a esta situación, y definir qué medidas tomar, ahorita ya estamos súper cerca de esa fecha y si no se hace nada la situación en todo el sistema se irá complicando cada vez más”, asegura María Elena Rivera.

A pesar del difícil panorama que se cierne sobre los próximos años, mujeres próximas a pensionarse, como María Elba Torres, no pierden la esperanza. En la casa sindical cerca de la iglesia María Auxiliadora (don Rúa), ella dice que hace años perdió el miedo. Ya pasaron las décadas en las que tenía que criar a sus tres hijos con su salario mínimo. Muchas quincenas que terminaban merendando tortillas con sal. Años enteros trabajando en la maquila. Ella sabe que se merece su pensión, y si solo le entregan su ahorro, dice que piensa poner un negocio. ¿Y si no pega? ¿Y si se acaba el dinero? ¿Y si se enferma? ¿Y si tiene alguna emergencia? ¿Y si la tiene alguno de sus hijos? La respuesta a todo pasa por encogerse de hombros y decir que quizá antes de que todo eso ocurra, la alcanzará la muerte.

15 años del nuevo sistema de pensiones

El 15 de abril de 2013 se cumplieron 15 años desde que El Salvador cambió su sistema de pensiones. Pasando de un esquema dirigido por el INPEP y el ISSS a otro liderado por las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). Estas son algunas de las publicaciones del cambio que se vivió en 1998.

AFP arrancan mañana

¿Cómo afiliarse a una AFP?

Inauguran sistema privado de pensiones

Arranca sistema privado de pensiones

El nacimiento del nuevo sistema de ahorro para pensiones

AFPs inician con bombos y platillos

Prevén pensiones 50% mayores a la actualidad

Posiciones opuestas

Sistema de pensiones

Oposición amenaza AFPs

FMLN pide derrogar Ley de Pensiones

Casi 60 mociones engavetadas

Historia del sistema de pensiones en El Salvador

Audios

Las trabajadoras, el superintendente de pensiones, y un economista explican lo que esperan de la primera generación que se pensione bajo el nuevo sistema previsional en 2017.

La maestra de un centro escolar público responde a la pregunta: ¿qué espera del año en que se pensione?

La enfermera de un hospital asegura que quiere seguir trabajando a pesar de llegar a la edad de pensión en 2017

El superintendente adjunto de pensiones, Omar Martínez, explica sobre la generación de 2017

El economista Roberto Rubio asevera la compleja deuda de pensiones de El Salvador