El silencio cómplice del GRP

Miembros del extinto GRP prefieren el silencio a aceptar el programa de protección a testigos para decir todo lo que saben de la desaparición de la agente Ayala, quien hoy cumple 100 días desaparecida.


El semáforo cambia a verde, mientras el reloj marca las 11:40 de la noche del jueves 28 de diciembre de 2017. El agente Wilfredo Deras, mejor conocido entre sus compañeros por el indicativo Gladiador, pone en marcha el pick up policial doble cabina, número 02-2924. Detrás de su asiento, el alcoholizado agente Juan Josué Castillo Arévalo, a quien todos en el Grupo de Reacción Policial (GRP) conocen como Samurái, quita el seguro de su arma de equipo: una Smith y Wesson 9 mm, propiedad de la Policía Nacional Civil (PNC), con la serie 5933 grabada sobre el cañón. Luego apunta a la agente Carla Mayary Ayala, con quien comparte el asiento trasero del vehículo, y le dispara en la pierna izquierda: ¡BANG!

El sonido ensordecedor del disparo desconcierta al agente Ovidio Antonio Pacheco, o Buffer como prefiere ser nombrado, y mira hacia atrás por encima de su hombro izquierdo, desde el asiento del copiloto, para averiguar lo que sucede.

Imagen en la que Samurái dispara a Carla Ayala

—¡Eso querías perra!—le grita Samurái a Carla Ayala, mientras sostiene el arma, apuntándole.
—¿Qué pasa? ¿Qué pasa?—pregunta Buffer, alterado, mientras Gladiador disminuye la marcha del vehículo, a unos 50 metros desde el semáforo del tramo del bulevar Constitución que pasa por la colonia La Gloria, rumbo al norte de San Salvador.
—¡Dale, no te detengás! ¡Dale! ¡Dale!—grita Samurái a Gladiador, agitando su arma hacia adelante, como indicando el camino.
—¡Vaya, hombre! ¡Tranquilo!—exclama Buffer.
—Buffer, Buffer… ¡No me vayas a cagar el palo!—vocifera Samurái, para asegurarse de que Buffer no lo denunciará ante las jefaturas.
—No hombre, tranquilo, no ya sabés vos, pues, que no.
—Buffer…
—Que no, tranquilo. Resolvamos esto. Llevemos a la muchacha a un lugar para que la atiendan…
—Buffer, que no me cagués el palo. ¡Te estoy diciendo que no me cagués el palo! ¡Que no!
Samurái baja la pistola y con su mano derecha golpea el asiento de Gladiador. Una y otra vez.
—Tiremos a esta vieja aquí. Hay que tirar a esta vieja aquí—repite, mientras golpea el asiento y el vehículo avanza hacia el redondel Integración.
—Resolvamos esto, hombre —dice Gladiador— volvamos a la base y digamos que todo esto se ha tratado de un accidente.

Imagen en la que Samurái dispara a Carla Ayala

Samurái asiente con su cabeza para mostrar, repentinamente, que está de acuerdo con volver a las oficinas. Lo mismo que Buffer. Así que Gladiador retorna en el redondel de regreso a la base, en vez de tomar la carretera de Oro hacia Apopa, donde tenían que ir a dejar a Carla Ayala en su vivienda, después de la fiesta y cena bailable de fin de año, en la que habían estado celebrando desde las 6 de esa tarde.

Al llegar a la residencial San Fernando, al sur del estadio Cuscatlán, donde estaba ubicada la sede del GRP, Gladiador aparca el vehículo en la entrada, frente a la caseta de la comandancia de guardia. Apaga el motor. Deja las llaves puestas. Se baja, junto a Buffer, y dejan adentro del vehículo a Samurái y a la agente Carla Ayala, herida de bala.

Suben la pendiente de la entrada, buscan el dormitorio de Pablo Villalobos, quien esa noche era el jefe que estaba de oficial de servicio, y Gladiador toma la palabra para contar lo ocurrido. O al menos eso es lo que consta en una serie de 12 entrevistas que fiscales e investigadores policiales hicieron el día siguiente y también en otros días de enero de este año.

Los entrevistados fueron algunos de los que asistieron a la fiesta y todos los que cruzaron palabras o al menos vieron a Carla Ayala después de las 10:30 de esa noche, cuando la fiesta terminó y la música dejó de sonar; tal y como algunos vecinos de la residencial San Fernando ya lo habían solicitado a los jefes del GRP.

Lo que dijeron en esas entrevistas, según el análisis que ha hecho la jefa fiscal de la Unidad Especializada Antipandillas y Homicidio, Guadalupe Echeverría, no es toda la verdad. “Hay incongruencias”, sostiene Echeverría.
El fiscal asignado al caso, Salomón Nerio, ha dicho en las audiencias que se han realizado en contra de los capturados, que hace falta saber algunas partes de todo lo ocurrido.

“No han sido dos horas y ya, las que se han necesitado para entrevistar a cada testigo. Han sido jornadas de 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde, para intentar profundizar y llegar hasta la verdad. Pero ellos no lo han dicho todo. Hasta se les ha ofrecido el programa de protección a testigos, pero nadie quiere decir nada. Están encubriendo lo que sucedió, están encubriendo a alguien más que solo al agente Castillo Arévalo, Samurái. La Fiscalía no quiere ser tapadera de ningún jefe de la Policía. Ellos, los entrevistados, hablan mucho, pero no dicen todo”, dice el fiscal Nerio.

Una de las cosas que no dicen, según constató LA PRENSA GRÁFICA al revisar las entrevistas, es lo que dijo Carla Ayala mientras iba en el vehículo policial, o si luchó por su vida o si gritó. Simplemente la mencionan sin atribuirle ninguna acción. Así como cuando Gladiador, en la puerta de Villalobos dice que han “tenido un accidente con el arma de Samurái”. El accidente, según le asegura a Villalobos, es que el arma de Samurái se disparó en contra de la agente Ayala y la hirió en la pierna. Pero no dice nada acerca de cómo reaccionó Carla.

Villalobos, al escuchar todo lo que dice Gladiador, busca el dormitorio del jefe del GRP, Julio César Castro Flores, a quien todos conocen como Ernesto. Toca la puerta y luego le cuenta todo lo que Gladiador le ha dicho sobre el “accidente”.
—¿Dónde está la muchacha?—pregunta el jefe del GRP.
—Allá abajo, en el vehículo—responde Gladiador.
Los cuatro deciden bajar hasta la caseta de la comandancia y ven que el vehículo ya no está en el lugar.
—Osmín, ¿Qué pasó con el vehículo que estaba aquí?—pregunta el jefe del GRP al guardia de esa noche.
—Samurái se pasó para el asiento del conductor, encendió el vehículo y se fue—responde el guardia.
El jefe del GRP mira a Villalobos y le dice que ordene a tres patrullas que den persecución a Samurái, hasta encontrarlo. Una de esas patrullas es conformada por Gladiador y Buffer, quienes después de 15 minutos se comunican, a través del radio, con el jefe del GRP para decirle que han perdido el rastro de Samurái. Él contesta que lo más probable es que se fue por la carretera Litoral rumbo a Usulután, donde vive su familia y ordena que lo sigan por esa ruta. Pero luego les ordena que regresen, para una tener una reunión sobre lo que sucedió.

Imagen de patrullas persiguiendo un vehículo

Así llegó Carla a la fiesta

El jefe del GRP le contó a los fiscales que no conocía en persona a la agente Carla, sino hasta la noche de la fiesta. Pero les confesó que tres días antes le llamó por teléfono por un asunto relacionado a la Unidad de Investigación Disciplinaria de la Policía, donde trabajaba Carla. En esa llamada aprovechó para invitarla a la fiesta, diciéndole que fue el comisionado Mauricio Arriaza Chicas, quien autorizó la celebración. Según el jefe del GRP, sin conocerlo en persona, Carla aceptó la invitación.

Imagen en la que Samurái dispara a Carla Ayala

Yenny Rosales, amiga y compañera de oficina de Carla, dijo en una entrevista que el jefe del GRP también la había invitado a la fiesta, a través de WhatsApp. Ella no solo aceptó la invitación, también motivó a Carla para que asistieran. Una vez decidido, ambas llegaron a la fiesta, por sus propios medios, a las 6:30 de esa tarde. Cenaron, bailaron, pero no probaron ni una gota de alcohol. O al menos eso fue lo que Yenny le dijo a los fiscales.

Al terminar la fiesta, según el jefe del GRP, el oficial Humberto Ventura fue el encargado de enviar, en vehículos policiales, a la gente que había llegado y que no tenía carro o forma de regresar a sus viviendas. Los únicos que no tenían cómo regresar eran una familia de un agente y las agentes Carla Ayala y Yenny. Fue Ventura quien ordenó a Gladiador y a Buffer que llevaran a sus viviendas a las agentes.

Mientras Ventura organizaba todo, Carla Ayala respondió un mensaje que su pareja, Lucio Guevara, le envió preguntando que si ya había llegado a casa. “Me van a ir a dejar”, recuerda Lucio que le respondió a las 10:20 de la noche.

Yenny, por su lado, le dijo a Carla que se fueran juntas a su vivienda en San Salvador, pero Carla le dijo que no, que ella prefería que la llevaran a su casa, donde la esperaban sus dos hijos, su mamá y dos perritos. Al escuchar eso, Daniel Orantes, encargado de los asuntos disciplinarios del GRP y amigo de Yenny, dijo que lo mejor sería llevarse en su motocicleta a Yenny y que así los otros dos agentes se llevaran a Carla. Yenny aceptó.

En eso estaban, cuando Gladiador apareció para encender el vehículo, en el que Buffer ya estaba sentado. Detrás de Gladiador venía caminando Samurái. Fue en ese momento, según recuerda Yenny, en que ambas saludaron por primera vez a Samurái, ya que Gladiador se los presentó. Según Yenny, Samurái estaba borracho y hablaba con acento mejicano, donde supuestamente vivió un tiempo, según los que lo conocían.

Luego del saludo, Yenny caminó, en medio de la oscuridad de la noche, hasta la caseta.
—¿Qué se hizo? ¿Qué pasó?, no me deje sola—escribió Carla por WhatsApp a Yenny.
—No se preocupe, bajé a la comandancia. Ya se la van a llevar a usted— le respondió.
Yenny llamó a Carla, y ella le contó que ya se había subido al vehículo. En ese instante, el vehículo pasó frente a Yenny y observó que Samurái también iba a bordo, vestido de civil. No había sido designado para ir a dejar a Carla, pero se subió porque quiso y los otros dos agentes se lo permitieron.

La llamada de las 2:30 AM

Después de lesionar a Carla, hurtar el vehículo e irse de la base, con Carla a bordo, Samurái también logró escapar de las tres patrullas que lo perseguían, según cuentan los entrevistados.

Cuando Gladiador y Buffer regresan de la persecución, el jefe del GRP los hace entrar en un salón de reuniones para que le expliquen todo. En medio de las explicaciones estaban cuando Samurái, a las 2:30 de la madrugada, le llama a un agente de indicativo Ponzoña, desde el número de celular 6180-2525, pidiendo que le pase con urgencia a Gladiador. Cuando el jefe del GRP se entera de que es Samurái quien está llamando, le pide a Gladiador, a señas, que ponga el teléfono en altavoz.
—Ya tiré a la vieja. Quiero regresar a dejar el vehículo, pero tengo miedo de que me capturen—dice Samurái, sin saber que el jefe, Villalobos y Buffer lo están escuchando.
—No te preocupés. Aquí nadie sabe todo lo que ha pasado. Venite, no tengas miedo—le dice Gladiador y la llamada termina.

El jefe del GRP, según su versión, le ordena a Villalobos que prepare equipos para capturarlo por si regresa.

Samurái aparece a las 4:50 de la mañana, con una ropa distinta: una camiseta y un short. Aparca el vehículo afuera de la base. Se baja, camina hasta la caseta, entrega las llaves al agente Antonio Linares, ante la presencia del agente Antonio Pérez Pineda, y luego camina hacia la salida de la residencial San Fernando, donde su hermano y un cuñado lo están esperando en un vehículo tipo sedán, color gris.
Villalobos, quien estaba a 25 metros de la caseta, ve que se va caminando y decide seguirlo, hasta que lo alcanza en la entrada de la residencial.
—¡Hey! ¿Para dónde vas?— le pregunta Villalobos.
—Yo sé la gravedad de los hechos. No me voy a entregar— responde Samurái, mientras Villalobos le da un empujón.

Samurái aprovecha para correr hasta el vehículo. Y, según Villalobos, en ese momento saca su arma y dispara a las llantas, para intentar detenerlo, pero el vehículo huye rumbo al redondel del Árbol de la Paz.

Una patrulla de policías alcanza el vehículo. Dispara, hiere al conductor, quien es Isaac Castillo, el hermano de Samurái, y finalmente se detiene.

Cuando los policías llegan, abren las puertas, buscan a su compañero Samurái, pero no está. Ha huido a pie, ante la intervención de los hombres con la mejor preparación de toda la Policía. Ninguno vio por dónde se escapó. O al menos esa es la versión que han repetido cada vez que les preguntan.Imagen de patrullas persiguiendo un vehículo

Verdades a medias