| Cuando René Luna, artísticamente conocido como “Míster Moon”, emprendió el viaje a España con el baúl cargado de ilusiones, casi al mismo tiempo Jorge González, “el Mágico”, armaba sus maletas para enrolarse en una travesía semejante. Era 1982.
Las metas trazadas por los dos artistas tuvieron diferentes destinos: el primero, pintor y caricaturista, con sus pinceles y acuarelas quería dibujar toda la Madre Patria; el segundo, futbolista, con sus dotes en las piernas intentaría hacerse de un nombre.
Ya eran amigos antes de viajar, los unía una pasión: el FAS. Ambos hombres son confesos fanáticos del equipo “tigrillo”.
Pero la historia de “Míster Moon” es singular, porque fue de los pocos salvadoreños que siguió de cerca la historia del “Mágico”.
Al echar a volar los recuerdos, el pintor pareciera querer trazar un lienzo con sus pensamientos. “Es que la historia del ‘Mágico’ es un poco de luz y sombra”, dice, para ilustrar la conducta libre del jugador, su afición por las discotecas y las tardes memorables de fútbol que nos
regaló a todos.
¿Cuánto tiempo coincidió usted con Jorge en España?
>> Yo viajé en 1982, el mismo año que él, y estuve allá durante toda su carrera. Él estuvo en Cádiz y yo, en Barcelona, ciudad desde adonde pude seguirlo. Lo observé en varios partidos e incluso viví tres meses en su casa de Cádiz, pero ya cuando él estaba de salida.
¿Cómo era la vida de Jorge en Cádiz? ¿Qué se decía de él en Barcelona?
>> Su vida era jugar al fútbol, hacer los entrenos y, por la noche, la fiesta y las discotecas. Cuando yo estuve en Cádiz, Jorge estaba muy calmadito, quizá porque ahí estaba Silvia (Rodríguez, una salvadoreña con quien tiene una hija). Pero la noche siempre fue parte de la
vida de él, el amor, la conquista.
¿Entonces estaba siempre cerca del bullicio?
>> Es que él visitaba las discotecas porque le encanta la música, pero Jorge siempre fue muy apartado, es raro en él. Cuando estuve en Cádiz y salíamos a comer, por ejemplo, siempre le gustaba estar en los rincones apartados del restaurante. Le gustaba estar adonde no lo vieran,
adonde no lo molestaran mucho, adonde de verdad pudiera comer tranquilo. Imagínate que se quitaba el pelo en una peluquería muy modesta de Cádiz. Allí lo descubrió una vez un emocionado grupo de niños. Los niños rodearon la ventana, él salió, abrió el baúl de su carro, sacó unas fotos,
las firmó y se las dio a los muchachitos.
¿Y Silvia cómo era con él?
>> Un amor, ella lo mimaba, lo consentía, pero aquella nunca fue una relación muy comprometida.
¿Fue la mujer que más convivió con él?
>> Probablemente. Sé que ellos se conocieron aquí en San Salvador; después se escribían o hablaban por teléfono. Ella le dijo que lo visitaría en Cádiz y él la recibió, pero Jorge nunca estuvo atado a ella. Jorge no se ata a nadie. La respetaba mucho, eso sí. Incluso tiene una
hija con ella, Mayita, pero después que regresaron de España creo que Jorge sólo la ha visto ocasionalmente. En cuanto a convivir, creo que sí es con la que más ha compartido. Ni con la esposa, (Ana María) “la Baiza” Ruano, creo que convivió tanto.
¿Y Jorge cambió sus hábitos de vida con la estancia de Silvia en Cádiz?
>> Más que por ella, creo que fue porque ya estaba de salida en Cádiz y prácticamente desligado del club. El argentino Dertycia ocupaba su puesto. Además, estaba incómodo con el caso que le sucedió con una chica gaditana.
La que lo acusó de abusos deshonestos...
>> Sí, ella. Recuerdo que estuve en el juicio. Prácticamente fue todo intrascendente, lo defendió uno de los abogados del club, Miguel Iglesias. Él estaba también con “Mami” Quevedo cuando pasaron las cosas. ¿Qué te puedes imaginar si dos chicas se van con dos amigos a sus apartamentos?
¡Vamos!
¿Pero a Jorge lo molestó aquel incidente?
>> Claro, todos saben que Jorge es una persona humilde, que no le gusta el escándalo. Eso no dejó de amargarlo un poco. Se pasaba las tardes frente a su ventana, viendo las puestas de sol.
¿Dejó la noche por ese tiempo?
>> Salía menos, pero es que su afición por la noche es normal en un país como España, adonde todo mundo trasnocha. Lo que pasa es que él era “el Mágico”, y es lógico que lo que él hiciera llamara tanto la atención. Algunas noches también se pegaba a las ventanas. No decía nada,
pero quizá de ese modo evocaba su periplo español.
¿Y qué hacía cuando no salía de casa?
>> Se pegaba a la televisión o escuchaba música de los años 60 y 70. La Orquesta de la Luz Eléctrica (ELO, por sus siglas en inglés), los Bee Gees, el cantante gringo Billy Joel, un poco de música andaluza, algunas salsas y pop en español.
¿Y vivía bien?
>> Mientras yo estuve con él, nunca careció de nada. Había comprado un apartamento en Valdelagrana, un complejo residencial de lujo en el puerto de Santa María, en las afueras de Cádiz. Era hermoso. Vivía en el sexto piso; a la derecha podías ver el puerto Sherry, que estaba
siempre lleno de yates, y adonde hacían mucho surfing; a la izquierda podías ver Cádiz.
Fue el último sitio donde vivió, pues luego regresó con Silvia a Los Ángeles.
>> Sí. El apartamento lo vendió Silvia a través de una inmobiliaria. No sé quién ni en cuánto lo compró. El carro lo embarcaron en Sevilla para California, Estados Unidos, y luego viajaron juntos.
¿Y cómo fue su salida del club?
>> Muy al estilo de Jorge González. En silencio. Jorge no se despidió de nadie. Yo creo que su problema siempre ha sido la soledad.
¿El club no le dio nada, una indemnización, un regalo, por el tiempo que estuvo ahí?
>> No sé si les dijo que se marchaba. Es que él estaba prácticamente ya desligado del equipo. Sólo sé que vendió su apartamento, embarcó su carro y después regresó con Silvia a California.
Usted se quedó en Barcelona. ¿Ya sin estar Jorge allí, qué se decía de él?
>> Cuando salió, muy poco. Estaba la generación de Kiko Narváez, Barla, “Mami” Quevedo. Recuerdo que una vez los fui a saludar y me preguntaron por él. Fueron Kiko, Barla y Mejías.
¿Pero se habla bien o se habla mal de él?
>> En Cádiz no puedes obtener una dimensión real de lo que Jorge hizo, siempre hay en ese lugar un poco de exageración, de fantasía, se ha creado una leyenda, sobre todo con su vida nocturna. Cada gaditano sabe una anécdota diferente de Jorge y todos dicen que lo conocen y que
son sus amigos.
¿Usted visitó alguno de los sitios nocturnos que él frecuentaba?
>> Yo asistí a varios con él, pero en realidad no recuerdo los nombres, había muchas chicas y música. Recuerdo que siempre me salía y me regresaba a casa. Él llegaba hasta en la madrugada.
¿Por qué en ocasiones se habla tan mal de él y lo relacionaban con drogas?
>> Por lo mismo que decía, se han exagerado muchas cosas. Él era indisciplinado, se dormía y llegaba tarde a los entrenos, trasnochaba, pero que yo sepa no tuvo problemas de ese tipo. Hablar de droga en España es algo común. Además, te puedo asegurar que Jorge no tenía la conducta
de un adicto.
¿Pudo llegar más lejos en lo que al fútbol concierne?
>> Le faltó ambición. No quiso irse al Barcelona, lo quería el Atlético de Madrid, lo buscaron de Italia. Él llegó a una ciudad bohemia que lo sedujo. Si Jorge hubiera llegado al norte de España, donde son más rígidos, probablemente su historia fuera otra. Probablemente no sería
una historia de luz y sombra.
El mérito de ser cola de León
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