Nueva ofensiva contra el plástico

Roberto Valencia
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En el Zoológico Nacional no dejan de morir animales por ingestión de bolsas de plástico. Para tratar de evitarlo, se quiere prohibir a los visitantes el consumo de alimentos en las áreas de exhibición.

  Los amantes de los animales tienen derecho a no aguantar las cosas que hacen quienes no aman los animales.”

Mario Guevara,director del Zoológico Nacional.

 

  La gente, si come en un plato, lo tira a la laguna; pero eso no es culpa de los cafetines, es culpa de la población.”

Josefina Argueta, propietaria de uno de los cafetines del zoo.

 

  Cuando la ley prohíbe matar animales silvestres, no especifica si se hace con escopetas o con bolsas de plástico.”

Jorge Porras,coordinador técnico del parque.

 

Cuatro muertes en los últimos siete meses. El problema de los animales fallecidos por ingestión de bolsas no es nuevo en el zoológico, pero este está siendo “el peor año desde que estoy aquí”, admite Mario Guevara, director desde 2002. Tampoco es reciente el deseo de hacer algo para evitar esas muertes, pero todas las iniciativas planteadas hasta la fecha han fracasado.

Ahora ha surgido una nueva. Las autoridades del parque tienen ya elaborado lo que, a su juicio, será la solución: una normativa para evitar que los visitantes puedan ingresar con alimentos en las áreas de exhibición.

La propuesta, la más radical de cuantas se han planteado hasta la fecha, tiene como piedra angular un manual interno ya elaborado, y del que LA PRENSA GRÁFICA tiene una copia. Según el director, estará vigente “antes de que se celebre el cumpleaños de Manyula”, evento que tendrá lugar entre el 16 y el 17 de julio.

La elefante es, por cierto, uno de los animales sobre los que ya se tiene la certeza de que ingirieron bolsas de plástico y “otros objetos extraños”, pero su gran tamaño le facilitó expulsarlas.

No corrieron igual suerte los cuatro ejemplares fallecidos desde noviembre del año pasado: una cabra de Camerún, una oveja doméstica, un venado cola blanca y un carnero pelibuey.

“Tenemos una gran cantidad de herbívoros que están muriendo por ingerir bolsas que contienen alimentos como papas, yuca, mango o algodón dulce; la bolsa provoca un taponamiento, y el animal muere por acidosis”, ilustra la gravedad del problema Jorge Porras, el coordinador técnico del parque.

No era herbívora, pero en octubre de 1997 falleció por la misma causa Mimosa, la osa Kodiak que llegó junto a la ahora agonizante Melosa. La necropsia realizada en aquel entonces descubrió dentro de su aparato digestivo siete bolsas (una de ellas contenía una semilla de mango dentro) y una cajita de juguitos.

Dos años después, en diciembre de 1999, el ejemplar hembra de llama falleció ahogada por una “bolsa metálica de frituras”.

Hoy, varios años después, poco o nada ha cambiado en el zoo. “Una de las cosas que más nos impacta —añade dramatismo el director— es que Gustavito, el hipopótamo, ya se comió la primera aunque, gracias a Dios, la expulsó.”

La gravedad del problema no la discute nadie, pero no hay tanto consenso a la hora de buscar la solución. Las autoridades ven en los cuatro cafetines situados dentro del parque los principales responsables. De hecho, no es la primera vez que la Dirección intenta regularlos. En todas las anteriores se fracasó.

Josefina Argueta, propietaria de uno de los cafetines, recuerda que el año pasado el director les notificó por escrito que debían comenzar a usar platos de vidrio, que son reutilizables, “pero en eso quedó todo”.

Sentados junto a ella, dos veteranos empleados del parque que optan por la no identificación “por temor a represalias” tienen el problema tan identificado o más que las autoridades, pero no son optimistas en la resolución. “Unos cinco directores han querido hacer eso, pero los salvadoreños, cuando estamos comiendo, echamos la basura en cualquier lado”, señala uno de ellos.

“Antes ya se intentó, pero no resultó”, admite el director. La novedad en esta ocasión es la normativa, que llega respaldada por un estudio que está ejecutando un grupo de estudiantes de la Universidad Don Bosco.

Plástico por doquier

Un muestreo realizado dentro del parque cuantificó en 181 el número de residuos encontrados fuera de los basureros en un día. Bolsas de plástico, platos, vasos de café, botellas y palos de algodón dulce encabezan el extenso listado.

Además de aprovechar la ola que le brinda esta investigación, Guevara deposita sus esperanzas en la coordinación con la Fiscalía de Medio Ambiente porque “el problema es tan grave” que debe intervenir para proteger la colección de animales más importante del país.

Jorge Porras lo ilustra con un significativo ejemplo: “Matar un venado cola blanca, que es un fauna nativa de El Salvador, alimentándolo con cosas dañinas, debería estar tan penado como cazarlo con escopeta en El Imposible”.

Es este contexto surge la normativa, cuyo objetivo básico sería evitar que los alimentos y sus envoltorios lleguen a las áreas de exhibición. Para lograrlo, tanto quienes compran dentro como quienes ingresan alimentos desde fuera del zoológico solo podrán comer en el sector de los cafetines, situado al costado norte de la gran laguna central.

Sobre este asunto surgen las primeras dudas, que llegan de boca de los propietarios de los locales ubicados dentro del zoo. Josefina Argueta argumenta que días como un domingo, el de mayor afluencia, “no cabría toda la gente; tendría que haber más espacio y más lugares en los que poder sentarse”.

Otro punto del manual habla de las medidas correctivas. “Al visitante que se le encuentre arrojando alimentos u objetos dentro de los exhibidores y lagunas se le solicitará su salida del parque y su documentación”, reza la normativa, labor que le será asignada a los empleados de seguridad.

Disposiciones como esta y otras están siendo analizadas por el departamento jurídico de CONCULTURA, la entidad de la que depende el Zoológico Nacional. José Manuel Bonilla, el director nacional de Espacios de Desarrollo Cultural, confirma que la institución está realizando un “análisis jurídico, técnico y estratégico antes de la aprobación”, para lo que no se atrevió a adelantar fechas.

“Ahora se llegó al punto donde José Manuel Bonilla, si está consciente del problema, no me puede decir que no”, matiza confiado Mario Guevara.

No obstante, el mayor punto de fricción para que la iniciativa de la Dirección se pueda ejecutar no parece estar en CONCULTURA, sino en los propios cafetines. Por de pronto, son sus propietarios quienes deberían pagar los salarios de los guardias de seguridad que el manual obliga a instalar en las entradas para que no salga comida.

Pese a que faltan menos de cuatro semanas para el cumpleaños de Manyula, cuestiones como esta aún no han sido notificadas a los dueños. “Se iniciarán pláticas con las usuarias, para que se comprometan a poner vigilantes”, se excusa Mario Guevara.

Desde la parte afectada, Josefina Argueta no rechaza de manera frontal el pago, pero cuestiona que vaya a funcionar. “Si quieren hacerlo, tiene que estar bien hecho porque —señala la altitud de las vallas que rodean el área de los cafetines— la gente se va a salir por donde quiera.”

Además, la existencia de ventas que comercian desde fuera del parque es algo que no estaría regulado por la nueva normativa (ver nota aparte).

La segunda fase

Con frases como “o mejoramos o vamos a seguir mediocres” y “lo haremos independientemente de las reacciones”, el director del parque pretende disipar las dudas sobre si se ejecutará o no el plan, que tiene una segunda fase.

Una vez conseguido que no salga comida del sector de las cafeterías, se pretende reubicar esa área. Ya se tiene definido dónde: habrá una área de consumo junto al parqueo interno, y otra junto a la salida situada cerca del aviario.

El problema es que adecuarlas para la venta requiere una elevada inversión que, según reza la normativa, “deberá correr por cuenta de los solicitantes del arrendamiento”, es decir, por las empresas que se quieran instalar.

En este punto vuelven a surgir los recelos de las propietarias de las actuales cafeterías. “Yo creo —se queja Argueta— que la normativa tal vez no es tanto por el daño a los animales, sino porque nos quieren quitar de aquí, y traer a las grandes cadenas de comida rápida.”

Contra “argumentos” como este han chocado las ofensivas contra el plástico planteadas hasta la fecha. La nueva, que llega con normativa, nace presentada por sus promotores como la que evitará más muertes; sin embargo, y al margen de los cafetines, las palabras de uno de los dos empleados que no quiso identificarse retumban con pesimismo: “El salvadoreño tira todo por todos los lados”.