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El 86 por ciento de los casi 6 millones 900
mil salvadoreños tiene menos de 49 años,
es decir, casi 6 millones de salvadoreños
han nacido después de que Manyula llegó
a El Salvador en 1955. Un niño que cuando
ella vino tenía 10 años es ahora
un adulto mayor de 60.
Datos como este son los que permiten afirmar
que resulta difícil concebir el zoo del
barrio Modelo sin esta elefanta asiática
que supera las 6 mil libras de peso.
En América Latina no se dispone de este
tipo de ejemplares en los zoológicos de
países como Costa Rica, Bolivia, Perú,
Nicaragua, Honduras o Bolivia, hecho que llena
de orgullo a quienes más de cerca conocen
al paquidermo.
Uno de cariño la llama Yula.
Detrás de estas palabras está Saúl
Alfaro, quien junto con Jorge Campos y Horacio
Escalante se encarga desde hace un año
y medio de cuidar al que sin duda es el animal
más carismático de El Salvador.
Un zoológico sin Manyula
Ellos, por supuesto, tienen su propia opinión
sobre lo que significaría tener un zoo
sin Manyula. La verdad se anima Jorge
Campos es que es la atracción principal,
porque la mayoría de los niños que
nos visitan se concentran en el área de
la elefanta. Es el de mayor atracción
agrega Alfaro, más que todo
de los niños.
Ellos dos son de los pocos privilegiados que
se pueden acercar a la elefanta, algo que está
al alcance de un muy reducido número de
personas. Entre ellas, ninguna mujer.
Jorge Porras, con más de una década
de trabajo junto a la elefanta, da fe de ello,
de que definitivamente no acepta a las mujeres.
Son pocas las que han entrado al recinto, y se
tiene comprobado que las intenta sacar de inmediato.
Pero la confianza en los hombres es también
selectiva, agrega Porras. Él es uno
de los pocos que tolera la elefanta. Julio Pérez,
el veterinario, y Raúl Miranda, el responsable
del área de mamíferos, son otros
dos de los privilegiados.
Cada uno de ellos tiene anécdotas para
dar y tomar. Desde cuando casi se escapa hasta
cuando al paquidermo se le salía
el indio y le daba por agredir a empleados
o a visitantes.
El actual director, que llegó a ese cargo
en diciembre de 2002, también dice haberse
encariñado con la que considera el símbolo
del parque: Con el tiempo, uno se va aproximando
a ella y se mantiene pendiente; es tan traviesa
que a veces le saca las canas verdes a uno.
Desde CONCULTURA, la fiesta de cumpleaños
del próximo sábado se presenta como
una oportunidad para que la población vaya
y celebre con el animal símbolo del
zoo, anima José Manuel Bonilla, el
director de espacios de desarrollo cultural.
También, y pese a que el veterinario
asegura que su estado de salud es bueno, el evento,
según las palabras del propio Bonilla,
servirá para que la población
esté cada vez más consciente de
que, tarde o temprano, Manyula se nos va a ir
porque ya nos vivió bastante.
Pese al tumor, su estado de salud es bueno
Ella goza de buena salud. Con esa
contundencia se expresa Julio Pérez, médico
veterinario de profesión, que trabaja en
el zoológico desde hace 15 años.
Eso no quiere decir que haya sanado del tumor
que le provoca fuertes sangrados desde febrero
de 1999.
La explicación del experto suena preocupante.
El problema del sangrado detalla Pérez
es algo de lo que no tenemos a un diagnóstico
definitivo; lo que hay es uno preliminar de un
leiomiona uterino, que es una tumoración
dentro del útero o en las paredes.
Sin embargo, no parece ser tan grave como suena.
Ese tumor no la pone en peligro, siempre
y cuando el sangrado sea controlado, y su alimentación,
buena, matiza Jorge Porras, el coordinador
técnico del zoo.
Lo cierto es que convive con él desde
hace seis años. Entre el 9 y el 23
de febrero de 1999 fue el primer sangrado, antes
del 50.º aniversario, y fue ese hecho el
que dio a conocer a Manyula en todo el país;
incluso llamaron de Estados Unidos, recuerda
Raúl Miranda, encargado de mamíferos.
Al margen de este inconveniente, el veterinario
aporta un dato que invita a pensar que aún
se podrán celebrar más cumpleaños.
Pérez explica que viven hasta que pierden
los últimos molares, y Manyula todavía
conserva al menos tres pares de muelas arriba
y abajo.
Sobre el porqué de la longevidad de este
animal en un país como El Salvador, el
veterinario cree que, paradójicamente,
le ha ayudado su soledad, al no estar expuesto
a contraer enfermedades propias de la especie.
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