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Elogios como la reina del zoológico
o la mejor atracción se escapan
de la boca de las autoridades del parque cuando
se les pregunta qué representa Manyula.
50 años en San Salvador y 53 de vida merecen
esos calificativos... y algo más.
Como ayer hizo público LA PRENSA GRÁFICA,
el documento de embarque redactado en 1955 en
Hamburgo (Alemania), ciudad donde se compró
la elefanta, revela que el animal que viajó
en ese barco rumbo al puerto de Cutuco era un
ejemplar hembra de tres años.
Nacida en 1952, tiene, por lo tanto, 53 años.
Este descubrimiento desmonta la versión
oficial, que cifra en 55 su edad, como se pretende
celebrar el sábado 23 de julio.
No obstante, y a pesar de que los documentos
rejuvenecen dos años a Manyula,
esos 53 ya la convierten en un caso excepcional.
Basta señalar, por ejemplo, que sólo
13 de los 217 elefantes asiáticos que se
tienen registrados en zoológicos de Canadá
y Estados Unidos superan esa cifra.
Definitivamente que las facilidades que
tenemos para el mantenimiento no son las mismas
que en Estados Unidos, ilustra Julio Pérez,
veterinario desde hace 15 años en el zoo.
Esa circunstancia no ha impedido su longevidad,
que Pérez razona con la suerte
y la soledad, que le imposibilitó contraer
enfermedades propias de la especie.
Tenga o no validez esa teoría, lo cierto
es que Manyula supera con creces el promedio de
vida de este tipo de elefantes en los zoológicos
del mal llamado Primer Mundo.
Así lo señala un estudio sobre
longevidad del elefante asiático en cautividad
presentado en septiembre de 2004. El informe,
apadrinado por la Asociación de Zoológicos
y Acuarios Americanos (AZA, por sus siglas en
inglés), fija en 44.8 el promedio de vida
en Norteamérica, mientras que en Europa
ese promedio sube hasta los 47.8. La ejemplar
del barrio Modelo tiene ya, no está demás
repetirlo, 53 años.
Escalando puestos
La longevidad de la reina viene
también respaldada por el listado de elefantes
asiáticos muertos en los últimos
siete meses en todo el continente. En ese período
se reportan tres ejemplares fallecidos, todos
en Estados Unidos.
En diciembre murió una elefanta de 57
años llamada Anna May en Arkansas; el 31
de enero falleció a los 55 años
Susie, una de las dos ejemplares que tenía
el zoológico de Birmingham, Alabama; y
el 9 de febrero le tocó el turno a Lota,
de 54 años de edad e inquilina de un parque
de Tenesí. Los tres especímenes,
de la misma promoción.
Pero las palabras del veterinario salvadoreño
invitan al optimismo: Todavía conserva
al menos tres pares de muelas arriba y abajo,
y, si esas muelas le duran 10 o 15 años
más, ella puede vivir ese tiempo.
Hasta que eso ocurra, El Salvador seguirá
teniendo un motivo positivo para destacarse a
escala continental: Manyula.
También se le sale el indio
Cuentan que no era así al principio. La
tradición oral describe los primeros años
de Manyula en El Salvador como un período
en el que era un animal sociable, al que incluso
le gustaba la compañía de los humanos.
Cuando era pequeñita, la sacaban
a dar vueltas recuerda Raúl Miranda,
el responsable en el zoo del área de mamíferos,
hasta que una vez agarró un pick up y lo
empezó a zarandear en la calle.
Cierta o no esa bondad inicial que se le atribuye,
contrasta con algunos hechos violentos que salpican
su estancia en El Salvador. En los 50 años
que lleva en su hogar del barrio Modelo, dos de
sus cuidadores han muerto como consecuencia de
sus agresiones. El listado de lesionados, entre
empleados y visitantes, es extenso.
Quienes en la actualidad están más
cerca de ella saben que no hay que bajar la guardia
al entrar en su recinto. Jorge Campos, uno de
sus tres cuidadores, cree que la mirada es la
clave: Tiene una mirada algo agresiva cuando
anda de mal humor y, cuando tiene ese mirada,
tratamos de tener el menor contacto posible.
Saúl Alfaro, otro de los encargados del
cuidado, avala la teoría de Campos cuando
señala que deben tener un poquito
más de precaución, según
la mirada de sus ojos.
Aunque de menor tamaño que la subespecie
africana, el asiático, como elefante que
es, no deja de ser el mayor animal terrestre del
mundo. Manyula mide, en concreto, según
datos del parque, casi tres metros de altura y
6 mil libras de peso. Son casi 3 toneladas que,
cuando son activadas por la cólera, se
convierten en una arma mortal, como ya ha ocurrido
en dos ocasiones: una en 1977 y otra en 1992.
Las dos víctimas
Pasaron 22 años desde su llegada hasta
que la elefanta se cobró la primera vida
de la que se tiene noticia. Jorge Porras, el coordinador
técnico del zoo, lo cuenta: Le quitó
un rastrillo a un cuidador, y él intentó
recuperarlo, pero en ese momento venía
una banda de guerra que empezó a sonar,
el animal se molestó, golpeó al
tipo, cayó, y lo mató. Porras
complementa el relato simulando con las manos
un pisotón.
Transcurrieron 15 años hasta que, a finales
de octubre de 1992, otro cuidador murió
a manos del paquidermo, acontecimiento que, por
ser más reciente, ya fue vivido por varios
de los actuales empleados del parque.
Jorge Campos, ahora él cuidador de Manyula,
lo recuerda así: El compañero
la encerró (en el foso que rodea su recinto)
para lavarle la pila y limpiar la poza, y se quedó
él solo. Todos nos habíamos retirado
cuando se oyó el grito. Parece que él
le quitó los candados, medio abrió
la puerta, ella la empujó fuerte con el
moco, y lo golpeó. De ahí, lo agarró
por el cuerpo... y la tragedia.
Dos cuidadores muertos y un largo listado de
agresiones, entre los que hay numerosos visitantes,
bien sea por violentos golpes con su trompa o
por piedras lanzadas con ella, que es su
otro deporte, según Porras.
Esas agresiones son la razón por la que
se colocó la malla que ahora rodea el recinto
de la elefanta. Eso se hizo durante la administración
de la directora Ileana Ochoa, quien también
recuerda varios incidentes: Una vez llegó
una niña con la lengua rota por el golpe
del moco; Manyula se enojó porque no quiso
darle lo que estaba comiendo.
Los salvadoreños somos imprudentes,
sentaban a los niños en la baranda,
comenta Ochoa para justificar la decisión
de instalar la valla en 1998, y en defensa de
la naturaleza salvaje del animal.
Con precedentes así, no es de extrañar
que Raúl Miranda destaque como la anécdota
más relevante en sus siete años
de trabajo en el zoo cuando el animal casi se
escapa de su recinto, hecho que ocurrió
a mediados de 1998.
La bajamos al foso inicia el relato
el responsable de los mamíferos,
y ella intentó escapar. Jorge (Porras)
estaba fuera con otras tres personas, y yo en
el recinto. Subió la primera pata, luego
la segunda y estaba con la trompa sujetándose,
toda la cabeza sobre la acera... se iba a escapar.
Jorge la puyó en la cabeza sin fuerza con
una navaja para que se diera cuenta de que alguien
la estaba dominando, y retrocedió. Si hubiera
escapado, matarla era la alternativa.
Por fortuna, no hubo necesidad, y Manyula se
apresta ya a que le celebren su cumpleaños,
una merecida fiesta para el animal más
carismático del país. En más
de medio siglo son incontables las sonrisas que
ha provocado, y seguirá provocando... aunque
también tenga su particular leyenda negra.
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