PERSONAS

 

2

fallecidas se reportan desde que Manyula llegó en 1955.

AÑOS

13

han pasado desde que se registró la última muerte.

Dos años clave

 

Además de Manyula, la elefanta asiática del zoológico de La Aurora, en Guatemala, es la única de esta especie que hay en Centroamérica.

La edad de Mocosita, que es como se llama el ejemplar, es de 54 años, por lo que el hallazgo hace que supere la edad de la salvadoreña.

Además de la de Guatemala, en la América Latina de habla hispana, solo México y Venezuela tienen en sus zoológicos elefantes asiáticos que superan la edad de Manyula.

Elogios como “la reina del zoológico” o “la mejor atracción” se escapan de la boca de las autoridades del parque cuando se les pregunta qué representa Manyula. 50 años en San Salvador y 53 de vida merecen esos calificativos... y algo más.

Como ayer hizo público LA PRENSA GRÁFICA, el documento de embarque redactado en 1955 en Hamburgo (Alemania), ciudad donde se compró la elefanta, revela que el animal que viajó en ese barco rumbo al puerto de Cutuco era un ejemplar hembra “de tres años”.

Nacida en 1952, tiene, por lo tanto, 53 años. Este descubrimiento desmonta la versión oficial, que cifra en 55 su edad, como se pretende celebrar el sábado 23 de julio.

No obstante, y a pesar de que los documentos “rejuvenecen” dos años a Manyula, esos 53 ya la convierten en un caso excepcional. Basta señalar, por ejemplo, que sólo 13 de los 217 elefantes asiáticos que se tienen registrados en zoológicos de Canadá y Estados Unidos superan esa cifra.

“Definitivamente que las facilidades que tenemos para el mantenimiento no son las mismas que en Estados Unidos”, ilustra Julio Pérez, veterinario desde hace 15 años en el zoo. Esa circunstancia no ha impedido su longevidad, que Pérez razona con “la suerte” y la soledad, que le imposibilitó contraer enfermedades propias de la especie.

Tenga o no validez esa teoría, lo cierto es que Manyula supera con creces el promedio de vida de este tipo de elefantes en los zoológicos del mal llamado Primer Mundo.

Así lo señala un estudio sobre longevidad del elefante asiático en cautividad presentado en septiembre de 2004. El informe, apadrinado por la Asociación de Zoológicos y Acuarios Americanos (AZA, por sus siglas en inglés), fija en 44.8 el promedio de vida en Norteamérica, mientras que en Europa ese promedio sube hasta los 47.8. La ejemplar del barrio Modelo tiene ya, no está demás repetirlo, 53 años.

Escalando puestos

La longevidad de “la reina” viene también respaldada por el listado de elefantes asiáticos muertos en los últimos siete meses en todo el continente. En ese período se reportan tres ejemplares fallecidos, todos en Estados Unidos.

En diciembre murió una elefanta de 57 años llamada Anna May en Arkansas; el 31 de enero falleció a los 55 años Susie, una de las dos ejemplares que tenía el zoológico de Birmingham, Alabama; y el 9 de febrero le tocó el turno a Lota, de 54 años de edad e inquilina de un parque de Tenesí. Los tres especímenes, de la misma promoción.

Pero las palabras del veterinario salvadoreño invitan al optimismo: “Todavía conserva al menos tres pares de muelas arriba y abajo, y, si esas muelas le duran 10 o 15 años más, ella puede vivir ese tiempo”. Hasta que eso ocurra, El Salvador seguirá teniendo un motivo positivo para destacarse a escala continental: Manyula.


También se le sale el indio

Cuentan que no era así al principio. La tradición oral describe los primeros años de Manyula en El Salvador como un período en el que era un animal sociable, al que incluso le gustaba la compañía de los humanos. “Cuando era pequeñita, la sacaban a dar vueltas —recuerda Raúl Miranda, el responsable en el zoo del área de mamíferos—, hasta que una vez agarró un pick up y lo empezó a zarandear en la calle.”

Cierta o no esa bondad inicial que se le atribuye, contrasta con algunos hechos violentos que salpican su estancia en El Salvador. En los 50 años que lleva en su hogar del barrio Modelo, dos de sus cuidadores han muerto como consecuencia de sus agresiones. El listado de lesionados, entre empleados y visitantes, es extenso.

Quienes en la actualidad están más cerca de ella saben que no hay que bajar la guardia al entrar en su recinto. Jorge Campos, uno de sus tres cuidadores, cree que la mirada es la clave: “Tiene una mirada algo agresiva cuando anda de mal humor y, cuando tiene ese mirada, tratamos de tener el menor contacto posible”.

Saúl Alfaro, otro de los encargados del cuidado, avala la teoría de Campos cuando señala que deben tener “un poquito más de precaución, según la mirada de sus ojos”.

Aunque de menor tamaño que la subespecie africana, el asiático, como elefante que es, no deja de ser el mayor animal terrestre del mundo. Manyula mide, en concreto, según datos del parque, casi tres metros de altura y 6 mil libras de peso. Son casi 3 toneladas que, cuando son activadas por la cólera, se convierten en una arma mortal, como ya ha ocurrido en dos ocasiones: una en 1977 y otra en 1992.

Las dos víctimas

Pasaron 22 años desde su llegada hasta que la elefanta se cobró la primera vida de la que se tiene noticia. Jorge Porras, el coordinador técnico del zoo, lo cuenta: “Le quitó un rastrillo a un cuidador, y él intentó recuperarlo, pero en ese momento venía una banda de guerra que empezó a sonar, el animal se molestó, golpeó al tipo, cayó, y lo mató”. Porras complementa el relato simulando con las manos un pisotón.

Transcurrieron 15 años hasta que, a finales de octubre de 1992, otro cuidador murió a manos del paquidermo, acontecimiento que, por ser más reciente, ya fue vivido por varios de los actuales empleados del parque.

Jorge Campos, ahora él cuidador de Manyula, lo recuerda así: “El compañero la encerró (en el foso que rodea su recinto) para lavarle la pila y limpiar la poza, y se quedó él solo. Todos nos habíamos retirado cuando se oyó el grito. Parece que él le quitó los candados, medio abrió la puerta, ella la empujó fuerte con el moco, y lo golpeó. De ahí, lo agarró por el cuerpo... y la tragedia”.

Dos cuidadores muertos y un largo listado de agresiones, entre los que hay numerosos visitantes, bien sea por violentos golpes con su trompa o por piedras lanzadas con ella, que es “su otro deporte”, según Porras.

Esas agresiones son la razón por la que se colocó la malla que ahora rodea el recinto de la elefanta. Eso se hizo durante la administración de la directora Ileana Ochoa, quien también recuerda varios incidentes: “Una vez llegó una niña con la lengua rota por el golpe del moco; Manyula se enojó porque no quiso darle lo que estaba comiendo”.

“Los salvadoreños somos imprudentes, sentaban a los niños en la baranda”, comenta Ochoa para justificar la decisión de instalar la valla en 1998, y en defensa de la naturaleza salvaje del animal.

Con precedentes así, no es de extrañar que Raúl Miranda destaque como la anécdota más relevante en sus siete años de trabajo en el zoo cuando el animal casi se escapa de su recinto, hecho que ocurrió a mediados de 1998.

“La bajamos al foso —inicia el relato el responsable de los mamíferos—, y ella intentó escapar. Jorge (Porras) estaba fuera con otras tres personas, y yo en el recinto. Subió la primera pata, luego la segunda y estaba con la trompa sujetándose, toda la cabeza sobre la acera... se iba a escapar. Jorge la puyó en la cabeza sin fuerza con una navaja para que se diera cuenta de que alguien la estaba dominando, y retrocedió. Si hubiera escapado, matarla era la alternativa.”

Por fortuna, no hubo necesidad, y Manyula se apresta ya a que le celebren su cumpleaños, una merecida fiesta para el animal más carismático del país. En más de medio siglo son incontables las sonrisas que ha provocado, y seguirá provocando... aunque también tenga su particular leyenda negra.