El experimentado
Axel Byron Miranda 39 años Piloto Guatemalteco

Por Ricardo Valencia Fotos de la prensa/José Cabezas
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Su experiencia equivalía a pasar 410 días sin bajarse de un avión. Miranda, el piloto del Aviateca 901, era uno de los capitanes con más práctica al servicio de la aerolínea. Después de 11 años, su familia habla de aquel hombre sobre quien recayó el peso de la culpa del accidente. Cuentan su versión de las cosas.






A Gladys Miranda le encanta contar historias en las que su hermano Axel Byron Miranda aparece como héroe de la aviación. Está harta de que cuando se habla del accidente del 9 de agosto de 1995 se cuelgue sobre él la responsabilidad de la muerte de 65 personas. Demasiados años de estar en el banquillo de los acusados sin tener oportunidad de defenderse. “Una vez, a una hora de República Dominicana, se le incendió un motor. Al final pudo aterrizar sin complicación”, relata Gladys, en un esfuerzo por contradecir el sabor amargo del informe oficial del accidente.

Byron, como se lo conoce en su familia, nació en la capital guatemalteca el 6 de noviembre de 1955 en el hogar de un empleado del sector público que tuvo cuatros hijos.

Al final de su adolescencia ingresó a la milicia. A los 18 años fue enviado al departamento de Zacapa, en el nororiente del país.

Alcanzó el grado de subteniente. Pero su camino giró cuando conoció las alas cerca de los 21 años y aceptó un curso de aviación en España. Como muchos de los aspectos relevantes de su vida, el viaje se lo comunicó a su familia hasta que se convirtió en inevitable. Byron, dicen los parientes, era un hombre reservado al hablar de sus ambiciones personales. Sus colegas lo definen como “un hombre de trato fácil”.

Estuvo en la Fuerza Aérea Guatemalteca por 10 años. Buena parte de estos durante la década de los ochenta. Gladys no esconde el orgullo que le provoca ese período en la vida de su hermano. Le coloca otra medalla en el pecho: “Fue piloto del presidente Vinicio Cerezo”. Cerezo gobernó de 1986 a 1990.

Aviateca lo contrató el 8 de septiembre de 1989. Un año después empezó el entrenamiento para ser capitán. Byron tenía en su registro —hasta el accidente— 9 mil 828 horas de vuelo. En síntesis, esto implica que el piloto estuvo operando aviones por un equivalente de casi 410 días. Una parte de ese tiempo quedó repartida en el trayecto entre San Salvador y Ciudad de Guatemala.

Capitán de respeto

Byron salió rumbo al aeropuerto de La Aurora la tarde del accidente. Cubrió con el habitual uniforme azul negro su cuerpo de 1.67 metros de altura y unas 140 libras de peso. Estaba listo para hacer un viaje que hacía con regularidad. Solo cuatro días antes, el sábado 5, lo había hecho por última vez. Estaba a pocas horas de dejar una viuda y tres hijos.

Dentro de la memoria de la gente en la torre de control en El Salvador y algunos de sus colegas, el piloto no era ninguna piedra en el zapato en la seguridad aérea. “Era muy amable cuando se comunicaba con nosotros”, revela un ex controlador que pidió el anonimato por lo delicado del tema. Un antiguo piloto de TACA asegura que la trayectoria de Byron “era muy respetada”. Por algo era instructor de Aviateca.

Las primeras dudas de Gladys sobre la versión oficial que carga en su hermano gran parte de la responsabilidad por los errores se afincan en los momentos previos al vuelo. “Me contaron que él no quería volar. Dijo que se iba a matar con la gente”, asegura la mujer, que ahora es gerente en el Órgano Judicial de Guatemala y que trabajó, por un tiempo, con la Presidencia de la República. La mujer también dispara una pregunta que resultó de las primeras que los periodistas hicieron después de la tragedia: “¿Para qué iban los mecánicos en el avión?”. Ella se refiere a José Mónico Gatica, de 28 años, que viajaba con una tripulación que incluía a Miranda, al copiloto y tres sobrecargos. La compañía explicó que la presencia de Gatica se debía a que en Costa Rica —destino final de la nave— le harían una revisión de rutina al avión.

Un informe fantasma

La familia de Byron ha buscado de todas las maneras posibles acceso al informe oficial del desastre que preparó Aeronáutica Civil guatemalteca. No han podido. La misma hermana del piloto confiesa que intercedió con el ex presidente Ramiro de León Carpio, pero fue inútil.

En junio pasado, el jefe de investigación de accidentes de la Dirección General de Aeronáutica Civil de Guatemala, Otto Monzón, prometió a Enfoques proporcionar a este medio una copia del informe. Hasta este jueves, sin embargo, el funcionario no había cumplido su promesa.



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