Poca fue la afluencia de veraneantes durante el jueves y el viernes santos a las playas del oriente del país, pero se espera que este fin de semana aumente el número de visitantes.
En la playa El Cuco se desarrollaba una especie de feria, decenas de vendedores de toda clase de artículos se apostaron desde temprano. El comercio de curiles y pescado frito tampoco se quedó atrás.
Lentes, sombreros, minutas, mantas para las tortillas y hasta retratos al minuto en caballitos de plástico, con vista hacia el mar, eran ofrecidos por un grupo de vendedores, que llegó desde San Francisco Gotera (Morazán) para poder ganar durante la temporada.
También los menores de edad trabajan durante las vacaciones. La mayoría ayuda a sus padres en sus puestos de venta. Ayer por ejemplo, la estampa fue contemplar a varios halando agua para poder lavar los curiles que más tarde servirían junto a las bebidas embriagantes.
Otros menores de edad cargaban objetos en carretillas, ayudaban a despachar a los clientes en los comedores, llevaban leña y estaban atentos con el aseo de los puestos de comida.
Dos niñas de 13 años, provenientes de la playa El Majague, ubicada en las cercanías del Cuco, trabajaban en la venta de curiles. Aunque reconocieron que a veces son objeto de acoso por parte de quienes llegan a comprar, llevan dos años dedicándose a lo mismo, “en El Majague no se vende, la gente no llega porque es muy pedregoso, en cambio aquí es mejor”, afirmó una.
Otro comerciante aseveró que prefería que sus hijos trabajaran. “No quiero que mañana anden en grupos de maras”, señaló José N.