Auxiliadora Martínez balbuceaba una oración, sobre los surcos de sus mejillas caían lágrimas perezosas y sus manos haciendo el bendito buscaban además el manto de la imagen de la Virgen de la Paz.
Ella, como muchos otros fieles, llegó al pie del altar de la Virgen a pedir un favor para su vida. Su fe y devoción le hacen creer fielmente que su madre celestial la escuchará e intercederá por ella ante Dios.
La fe y devoción de los migueleños en la Virgen de la Paz se ve rebosante en los días en el que se conmemora la coronación pontificial.
Cada 21 de noviembre, miles de fieles llegan de a pie, de rodillas, en sillas de ruedas, con muletas, solos o acompañados, a rendir homenaje a su reina.
Mientras unos rezan el Rosario, otros cantan, en el altar mayor algunos hacen fila para dar gracias personalmente frente a la imagen y poder tocar su vestido.
Durante la procesión, los carros sonoros llevan la batuta con el rezo del Rosario, las reflexiones, los saludos de los sacerdotes y los cantos.
Y en la calle, las personas suelen arreglar con flores y palmas por donde pasará la procesión, otros hacen alfombras de sal y aserrín o dedican canciones a la Virgen cuando pasa cerca de sus hogares.
Los grupos marianos llevan estandartes con imágenes o frases que reflejan el amor a la madre de Dios.
Patrona
Mediante un decreto de la Sagrada Congregación de Ritos, el 10 de octubre de 1966, su santidad Paulo VI dictaminó que la Virgen de la Paz fuera proclamada patrona principal de la República de El Salvador.