El Caballero y el Rey del carnaval

La noche del sábado, en pleno Carnaval de San Miguel, el caballero de la salsa, Gilberto Santa Rosa —quien actualmente tiene más difusión con temas nuevos en las radios nacionales— y Rey Ruiz brindaron un concierto ante 2,000 personas en el estadio Barraza.

Joaquín Mendoza
fama@laprensa.com.sv
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 11/26/2007

Este concierto no era de choto, pero Will Salgado bailaba a su estilo, al igual que las migueleñas, las jovencitas capitalinas que decidieron viajar hasta la Perla de Oriente y los extranjeros que se vistieron para la ocasión y poblaron la pista de baile.

El ambiente lo dictaba el estadio Barraza y el primero en poner el ritmo fue Gilberto Santa Rosa, quien es, por el momento, el más popular gracias a sus actuales piezas, alejado del bullicio de las calles, las carrozas y de los conciertos gratuitos que se hacían en el estadio Miguel Charlaix.

La velada aquí era más íntima, aunque muchas mesas, todas numeradas, aún esperaban a sus inquilinos exclusivos.

Atrás había quedado la franja nacional en la voz y orquesta de Alfredo José y la Colección. Así, tras la espera, justo a la medianoche, apareció Santa Rosa, caballeroso, para disculparse por el atraso y comenzar la velada.

Es que dicen que es el caballero de la salsa, y como tal, no perdió el tiempo y comenzó su set. Esta vez enfundado en ropa casual, sin la corbata que habitúa, la primera que interpretó fue “Déjate querer”, a la que le siguió sin descanso una hilera de cinco canciones más que ponían a prueba la calidad de sus 14 músicos. Toda una orquesta.

Entre metales, timbales y teclados, antes de que Santa Rosa se animara a hablar con el público, ya había puesto en escena “Un montón de estrellas”, “Yo no te pido” y “Mentira”. Fiel a su estilo, sus palabras fueron de agradecimiento: “Buenas noches, muchas gracias por traerme al Carnaval de San Miguel”.

A estas alturas, con media hora de baile, el público por fin podía apreciar con claridad al boricua y sus músicos, ya que las luces lo habían dejado en penumbra y no cumplían su función: seguir la pista del artista en el escenario. Mientras tanto, en el espacio de baile, el diputado Rodolfo Parker y su pareja hacía las veces de compañero del edil migueleño.

Y así, Santa Rosa lo conseguía con suavidad, que de su mano el Barraza coreara sus canciones, entre ellas “Amor mío no te vayas”, “Que manera de quererte” y “Lo grande que es perdonar” hasta que decidió hacer gala de su habilidad para improvisar antes de despedirse finalmente con “Que alguien me diga” y darle entrada a Rey Ruiz.

Más salsa

Y después de una hora y cuarto de Santa Rosa, habría que pasar otra larga espera para el turno del “bombón de la salsa”, como lo presentó el maestro de ceremonia. La salsa sería siempre la invitada, aunque la de Rey Ruiz es más juvenil y sus acordes más veloces, nuevamente pusieron en la pista a las parejas que permanecían en el estadio.

Es que la horaria ya se posaba en las 2 y la madrugada ya había desalojado a buena parte del público, incluso de las graderías del fondo del lugar, hasta donde las imágenes de las pantallas gigantes pocas veces hicieron llegar lo que ocurría en la tarima.

La musicalización del cubano era menor que la de Santa Rosa, lo que no impidió que la docena de músicos prendieran el ambiente con su primera canción, “Muévelo”, con la que el público comenzó a gastar sus últimas energías.

Ruiz aprovechó ese detalle para compartir temas famosos como “No me acostumbro”, “Desde que no estás” y “Si te preguntan”, con lo que amarró el concierto para conducir sin prisa lo último de la velada.

Y así, en cada tema que siguió, dejó claro su estilo, que al igual que Santa Rosa era de saco casual. El cantante compartió su “Corazón arrepentido”, que le da nombre al sexto de sus discos, sin dejar de lado su producción “Fenomenal”, como lo recordó a cada momento de su presentación.


“El organizador es mi amigo. Ojalá le vaya bien con este concierto, algo novedoso en los carnavales.”

Will Salgado, alcalde de San Miguel.

“Lástima que la producción no estuvo a la par de los artistas. La gente de las gradas no puede ver lo que pasa.”

René Álvarez, migueleño entre el público.