Centroamericanos —la mayoría ticos, claro, y luego salvadoreños y guatemaltecos— colmaron ayer desde la mañana el estadio Saprissa, a la espera del toque de Iron Maiden, por la noche. El ambiente durante el día y al caer la noche era como si un concierto se viviera en los alrededores del recinto: con música de los ingleses a todo volumen, comida, bebida y gritos.
La unión centroamericana no llegó de traje ni de corbata como los políticos, sino de negro y roquero, ayer en San José Costa Rica. Desde la mañana, y en especial desde las 3:30 de la tarde, cuando se abrieron las puertas del estadio Saprissa, una marea de metaleros vestidos con camisas oscuras y estampas alusivas, procedentes de toda la región, iniciaron una fiesta que se prolongaría hasta la medianoche con el concierto de Iron Maiden, la más importante banda del metal mundial.
Muchos de los asistentes al negro y pesado festín eran salvadoreños. No se tenían cifras exactas, pero los medios manejaban la presencia de 1,600 guatemaltecos, casi el doble de salvadoreños y no digamos de nicaragüenses, panameños u hondureños, muchos de los cuales habían esperado desde el viernes pasado frente al lugar del concierto para reservar el puesto más cercano al escenario.
Los fanáticos esperaron con comida, bebidas y, claro, música. La Policía tica permaneció vigilante durante todo el día. El único incidente reportado es que cuatro seguidores de la banda resultaron heridos y otros sufrieron golpes al ser arrollados por un auto sin frenos. Los fanáticos hacían fila a la espera de que se abrieran los portones del campo de fútbol.
El concierto se tenía previsto para las 8 de la noche; abriría un DJ como telonero: DJ Dr. Leo, quien asegura mezclar música de los ingleses.
Ensayo la noche antes
El lunes por la noche, muchas de las personas que viajaron en tour organizados por operadores o por particulares se fueron al bar Sand, famoso por su ambiente metalero y ubicado a unos 20 minutos de San José.
Guillermo Hernández, de la dirección del Rocker's Club, era uno de ellos, y explicaba que tuvieron suerte en el viaje “por ser un tour de 30 personas y no tener que esperar tanto en la frontera”, mientras a unos metros de él tocaba Renegado, una de las bandas de larga tradición en El Salvador e invitada para la ocasión.
Frente a ellos, repartidos por las esquinas del Sand —más un cuarto encerrado que un bar—, estaban otras figuras de la escena guanaca. Eyvind Mendoza, organizador de conciertos, era uno. Joel, guitarrista de Angelus, otro. Músicos de Emohrs, e incluso Carlos Miranda, de Radio Astral, también deambulaban por ahí.
Y mientras la plática pasaba del martirio del viaje a cómo llegar al Saprissa, el vocalista de la banda tica Post Mortem mandaba un saludo a Centroamérica: “Todos somos una sola patria, y frente a Maiden lo vamos a demostrar”.