Gobernación y Real Audiencia

Audiencias del Reino de la Nueva España. La Real Audiencia de Guatemala será la máxima institución jurisdiccional de Centro América hasta su extinción después de la independencia de 1821.

Audiencias del Reino de la Nueva España. La Real Audiencia de Guatemala será la máxima institución jurisdiccional de Centro América hasta su extinción después de la independencia de 1821.

Academia Salvadoreña de la Historia.- La muerte del gobernador Pedro de Alvarado, en julio de 1541, conmocionó a los territorios de su mandato (Guatemala y El Salvador). El apurado nombramiento de su esposa, Beatriz de la Cueva, como gobernadora terminó con el drama del aluvión que bajó del volcán de Agua y destruyó Santiago de Guatemala en la noche del 10 al 11 de septiembre del mismo año, del cual solamente se salvó el barrio de los auxiliares mexicas y tlaxcaltecas en Almolonga. Para ejercer la administración de las provincias el ayuntamiento nombró a Francisco de la Cueva (pariente de la difunta gobernadora) y al obispo Francisco Marroquín –ya consagrado en abril de 1537, en la Ciudad de México– como titulares de la gobernación alvaradiana. Ambos iban a ejercer de consuno la autoridad para mientras la Corona proveía lo necesario, porque había que definir el futuro de la región, o bien incorporarla de lleno al Virreinato de Nueva España, establecido para las tierras mexicanas.

Para la Centro América histórica, las famosas Leyes Nuevas, u Ordenanzas de Barcelona, de 1542-1543, ordenaron en el capítulo XI la fundación de una Real Audiencia en los “confines de Guatemala y Nicaragua”, con cuatro oidores letrados, uno de los cuales sería su presidente, y la cual actuaría, en sus inicios, como Real Audiencia gobernadora. Las audiencias reales eran tribunales superiores de justicia, que representaban a la persona del monarca, con sello real y plena autoridad para dictar resoluciones (reales acuerdos, cédulas y provisiones, etcétera). Además de la de México (1527), existían ya las audiencias de Santo Domingo (1511) y una en Panamá (1538), que se repartían la jurisdicción del Istmo, con Guatemala y San Salvador en la Real Audiencia de México. Las audiencias americanas, además de su función básica de tribunales de la mayor jerarquía, también tuvieron funciones políticas y administrativas que se fueron modificando con los siglos. El presidente era el virrey, o el gobernador, según el caso.

La primera audiencia centroamericana fue la de 1542, integrada con territorios que se segregaron de las audiencias previas y que fueron variando con los años (incluso incluyó Panamá, Yucatán, Cozumel, Tabasco). Se le conoció con el nombre de Real Audiencia de los Confines, por la particular localización al crearse, y como sede inicial se designó la villa de Santa María de Comayagua, en Honduras, rebautizada como Nueva Valladolid; sin embargo, los oidores designados, Diego de Herrera, Juan Rogel, Pedro Ramírez de Quiñónez y su presidente, Alonso Maldonado, escogieron la villa de Gracias a Dios para asentar la audiencia con un primer real acuerdo en mayo de 1544. Con esto terminó el período de las gobernaciones primitivas de provincia con autonomía en la primera mitad del siglo, y se integraron Chiapas, Honduras, Nicaragua y Guatemala a la demarcación unificada de la Real Audiencia de los Confines, que puede considerarse como la primera unidad centroamericana que se dio en la historia, en el reinado del emperador Carlos V. La audiencia confirmó, asimismo, la integración de las tierras alvaradianas de Guatemala y San Salvador, y sus diversas regiones, en una misma demarcación guatemalteca, dentro de la Real Audiencia.

Desde un principio, Gracias a Dios no ofreció las facilidades para albergar a la audiencia y sus actividades, los caminos eran fragosos e intransitables con las lluvias. En realidad la mejor opción era Santiago de Guatemala, la ciudad más grande y populosa, sede de obispado, aunque ya existían otros en Nicaragua, Honduras y Chiapas. El presidente de la audiencia, Alonso Maldonado, había sido reemplazado por el abogado Alonso López de Cerrato quien aceptó el cambio definitivo de sede. Así, en enero de 1549 se trasladaron a San Salvador, en ruta hacia Guatemala. Previamente, López de Cerrato había estado en la ya ciudad salvadoreña, en octubre de 1548, donde se encontró con el oidor Pedro Ramírez de Quiñónez, que volvía del Perú, de participar en la guerra de los Encomenderos.

A la muerte de Cerrato (mayo de 1555), le siguió Antonio Rodríguez de Quesada, y después de este presidente, la Real Audiencia de los Confines terminó el período de gobierno colectivo de la audiencia, por haberse recibido en tiempos de su sucesor Juan Martínez de Landecho (o Núñez de Landecho), la real cédula de gobierno unipersonal como presidente-gobernador y darse por concluido el gobierno colegiado. Sin embargo, también en estos años fueron la terminación de la audiencia, porque fue extinguida por excesos y desafueros cometidos por Martínez de Landecho, y por real provisión de septiembre de 1563 fue trasladada la sede a la Ciudad de Panamá. Con lo cual, el territorio centroamericano fue dividido en lo jurisdiccional, con San Salvador y la Alcaldía Mayor de Sonsonate de regreso a la autoridad mexicana (además de Guatemala y Chiapas). Esta situación se mostró inconveniente y la Corona decidió volver a la situación anterior, con una audiencia en Santiago de Guatemala y su demarcación propia.

En junio de 1568, y reiteración en enero de 1569, se autorizó el regreso del sello real a Santiago y la reinstauración del tribunal, como Real Audiencia de Guatemala, con lo que la anterior de los Confines quedaba concluida, no obstante ser esta nueva en realidad una readecuación de la fenecida. Como presidente llegó el abogado Antonio González, y como oidores García Jofre de Loayza, Bernabé Valdés de Cárcamo y Cristóbal de Anzoeta. La Real Audiencia de Guatemala será la máxima institución jurisdiccional de Centro América hasta su extinción, después de la independencia de 1821. El istmo se convirtió en el Reino de Guatemala, un nombre que en Hispanoamérica fue referido a regiones con altos órganos de gobierno, y donde habían florecido importantes culturas indígenas prehispánicas. El Reino Centroamericano en lo militar recibió la categoría de Capitanía General, y gozó de autonomía respecto al Virreinato de México, sin dependencia del virrey, solamente honorífica, por tener su relación directa con la Corona, lo que se llamaba una Real Audiencia pretorial.

Texto y fotos cortesía de la Academia Salvadoreña de la Historia.

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