Arde la llama en el Maracaná

La ceremonia inaugural de los panamericanos de Río 2007 fue un paseo por la diversidad cultural de Brasil. El presidente Lula da Silva fue abucheado por el público.

Río de Janeiro/Agencias
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Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 7/14/2007

El fuego arde desde ayer como un sol en el estadio Maracaná, escenario de una fiesta con ambiciones olímpicas que inauguró los XV Juegos Panamericanos de Río de Janeiro.

El pebetero en forma de sol fue encendido por el ex campeón olímpico brasileño de los 1,500 metros Joaquim Cruz, aplaudido hasta el delirio por el público al final del espectáculo que convirtió la cancha del “templo del fútbol” en selva y playa y terminó con un alegre carnaval comandado por la cantante Daniela Mercury y un espectáculo de fuegos artificiales.

El show ideado por el estadounidense Scott Givens y por la carnavalesca brasileña Rosa Magalhaes sorprendió por el lujo y por la creatividad de las alegorías y vestimentas de los 4,500 artistas participantes y de las coreografías dedicadas a celebrar las riquezas naturales y culturales del país anfitrión.

Al iniciarse el espectáculo, una gigantesca víbora y un caimán de 20 metros de largo empezaron a pasearse por el escenario, en medio de una selva con árboles, flores, pájaros y mariposas representados por artistas que hacían bailar el bosque al son de canciones de Heitor Villa-Lobos, uno de los grandes de la música clásica brasileña.

Luego desapareció la selva y surgió el mar, representado por bailarines que reproducían el movimiento de las olas, en las que navegaba un barco, en una bella representación de la playa de Copacabana, una de las más famosas de la ciudad anfitriona de los juegos.

En la última parte, la cantante Adriana Calcanhoto entonó una canción de cuna mientras el escenario era ocupado por temibles figuras del folclor brasileño, que luego fueron expulsadas del escenario por payasos y representantes de las fiestas típicas de las distintas regiones de Brasil.

Tras el paseo por la diversidad cultural brasileña, el presidente del comité organizador de los juegos de Río, Carlos Arthur Nuzman, inició la etapa de discursos y no ocultó la aspiración del país a ser sede de los Juegos Olímpicos de 2016.

“Río se convierte, de hecho y de derecho, en la ciudad olímpica de Brasil y de América Latina”, afirmó el dirigente.

La fiesta fue marcada por varias sorpresas, entre ellas la ausencia del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, cuya participación había sido confirmada por el comité organizador.

También en el campo político sorprendió el hostil recibimiento del público al presidente Luiz Inácio da Silva, quien fue abucheado en las tres ocasiones en que su nombre fue mencionado.

Insólitamente, el jefe de Estado desistió de declarar inaugurados los panamericanos, tal como es tradicional y se había previsto en el programa oficial. El presidente de la Organización Deportiva Panamericana (ODEPA), Mario Vázquez Raña, debió invitar a Nuzman para reemplazar a Lula.

La otra sorpresa fue el recibimiento frío del público al desfile de las delegaciones de los 42 países que disputan los Panamericanos. Sólo los atletas locales arrancaron gritos de delirio del público, que los saludócon su tradicional cántico en los estadios de fútbol: "Soy brasileño, con mucho orgullo, con mucho amor". La reacción a la entrada de los otros 41 países se limitó a aplausos a unas pocas delegaciones -Cuba, México y Jamaica, entre otras- abucheos a otras, como Estados Unidos y Venezuela, y a la total indiferencia en relación a las demás, en especial Argentina, que como es tradición abrió el desfile. A partir de ahora, políticos, dirigentes deportivos y artistas quedarán en segundo plano para dar paso a los verdaderos protagonistas: los 5.654 deportistas que hasta el 29 de julio competirán por las medallas de los Panamericanos.

AP, AFP, Reuters y Efe/LA PRENSA
El majestuoso estadio Maracaná luce en todo su esplendor para albergar la fiesta en que se convirtió el acto de apertura.