Opinión




Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 7/14/2007

A Río se lo está llevando el mar. Sí, el mar de violencia e inseguridad. Tal es la ola violenta que vive la ciudad sede los XV Juegos Panamericanos que los propios brasileños se reservan de asistir a la carnavalesca ciudad por temor a pasar a ser una estadística de la delincuencia común. Bernardinho, laureado entrenador de la selección brasileña de voleibol, le pidió a los familiares de sus dirigidos que mejor sigan los panamericanos por la televisión. Es más seguro.

En algo se pueden sentir los nuestros como en casa. La delegación salvadoreña va por primera vez a unos Juegos Panamericanos con más que una latente posibilidad de ganar medalla de oro. El mayor espectáculo en 500 años de historia de Brasil. Así han llamado a la ceremonia inaugural realizada ayer. El Maracaná y 90,000 espectadores vieron pasar nuestra azul y blanco.

Será el domingo 22 a las 10 de la mañana (hora de El Salvador) cuando por cerca de una hora y media dejemos a un lado lo que estemos haciendo y juntos caminemos con Cristina López. Un país entero. El que está dentro de las fronteras y esa enorme nación que nos mantiene a flote desde fuera. Suena a mucha presión depositada en las delgadas piernas de una usuluteca. Por ahora, es el menor de los retos que tiene que afrontar. Y el más sencillo.

Ayer la bandera nacional desfiló en la inauguración, portada por la mujer más fuerte en la historia de nuestro deporte, a miles de kilómetros estuvo caminando la mujer más fuerte de nuestro país. Esa que ahora vive pensando en una sola sonrisa: Eva María Dimas.

En este camino que la ha llevado a Río de Janeiro y la posibilidad de hacer sonreír a millones vamos a acompañarla todos. A hacer sentir a Cristina que su triunfo no está al final de 20 km. Su triunfo está en haberlos comenzado. Lo que pase después es solo un premio. Esa mujer que ha preparado una medalla, al tiempo que le da esperanza a su máximo tesoro.

Hace 20 años, en Indianápolis, Estados Unidos, cinco líneas escondidas en la página deportiva de un diario informaban que Carlos Avelar nos había dado una medalla de bronce en boxeo. Ahora la salida de Cristina rumbo a Río es suficiente para ser portada.

El nivel de atención que colocaremos sobre esos 20 km nos hará olvidar que no hay obligación alguna de parte de Cristina. Solo disfrutar y dar su mejor esfuerzo. La única obligación está arraigada a los valores más tradicionales del deporte olímpico. Lo importante es competir, no ganar.