Tradición. Representación del acto de crucifixión en la iglesia de El Calvario, en San Salvador, como parte de las tradiciones religiosas propias de la Semana Santa. Foto de LA PRENSA/Víctor Peña Coordinación. El vía crucis de la iglesia de El Calvario fue dirigido por un aproximado de 400 feligreses (cargadores, encapuchados y encargados de logística). Foto de LA PRENSA/Víctor Peña
Tradición. Representación del acto de crucifixión en la iglesia de El Calvario, en San Salvador, como parte de las tradiciones religiosas propias de la Semana Santa. Foto de LA PRENSA/Víctor Peña  Coordinación.  El vía crucis de la iglesia de El Calvario fue dirigido por un aproximado de 400 feligreses (cargadores, encapuchados y encargados de logística). Foto de LA PRENSA/Víctor Peña

Tradición. Representación del acto de crucifixión en la iglesia de El Calvario, en San Salvador, como parte de las tradiciones religiosas propias de la Semana Santa. Foto de LA PRENSA/Víctor Peña Coordinación. El vía crucis de la iglesia de El Calvario fue dirigido por un aproximado de 400 feligreses (cargadores, encapuchados y encargados de logística). Foto de LA PRENSA/Víctor Peña

Las calles capitalinas fueron invadidas por la feligresía católica que acompañó la imagen de Jesucristo en las actividades que simbolizan su vida y pasión.

Tania Membreño/Ronald Portillo

La actividad católica en torno a la vida, pasión y muerte de Jesucristo fue vivida el jueves y el viernes con devoción. El jueves desde las 6 de la tarde, la iglesia de El Calvario, ubicada en el centro de San Salvador, recibía a la feligresía que se incorporaba a la misa antes de iniciar la procesión del silencio. Se dirigían hacia la iglesia de San Esteban, al sur de San Salvador.

Para los feligreses, esta procesión ayuda a recordar el momento en que Cristo fue capturado en el Monte de los Olivos.

En el recorrido los feligreses reviven el cautiverio, las vendas y la negación de Pedro como discípulo de Jesucristo.

Los feligreses llegaban a contemplar la imagen de Jesucristo para suplicarle que les perdonara algún pecado, ofrecerles una promesa a cambio de un milagro.

El aroma a incienso invadía el ambiente, la feligresía estaba a punto de salir del templo para recorrer las calles despacio, en silencio.

“Todos los años venimos a acompañar a Cristo en su dolor, hemos hecho una promesa por peticiones cumplidas”, explicó Marcelina Rodezno, parte de la feligresía asistente.

La imagen de Jesús Nazareno tenía los ojos vendados y las manos estaban atadas. A su alrededor, la feligresía con las velas encendidas y su fe.

Eran las 8 de la noche, la procesión había iniciado. A esa hora los establecimientos comerciales del sector ya estaban cerrados, algunos feligreses se agrupaban en las aceras para ver pasar la imagen de Cristo.

La procesión se prolongó durante tres horas, y en otras calles del centro capitalino, grupo de jóvenes elaboraban las alfombras con creativos diseños, mientras agentes de la Policía Nacional Civil les brindaban seguridad.

La actividad religiosa continuó ayer con el vía crucis que inició en horas de la mañana.

—Apúrese, mija, y recuerde pedir por su conversión –susurraba una anciana enjutada, que llevaba puesto un vestido con el color de la sangre coagulada. Se dirigía a quien parecía ser su nieta, una joven trigueña con el pelo pintado de un anaranjado fuego. La anciana era el lazarillo que orientaría su trayecto como penitente del tradicional vía crucis, que partía de la iglesia de San Esteban hacia la iglesia de El Calvario, en San Salvador.

Entre cantos de arrepentimiento y reconocimiento de pecados, personas de todas las edades formaron parte de una procesión que duró más de cinco horas. “Ay no, si cómo sufrió nuestro Señor”, se lamentaba una anciana. Como ella, muchos feligreses reconocían sus faltas, agradecían favores y pedían perdón y milagros durante su peregrinar.

Ni el sol, ni el calor impidió que los fieles terminaran el recorrido. Tras más de una hora de retraso, la procesión llegó hasta la iglesia de El Calvario. Durante varios minutos, la parroquia quedó abarrotada de personas que llegaron a presenciar cómo crucificaban la imagen de Jesús.

“Uno reflexiona y sabe para qué Dios lo ha puesto en este mundo. La penitencia es un gesto para agradecer y tener un poquito del dolor que Él tuvo en aquel tiempo”, aseguró Patricia Márquez. Durante todo el trayecto, ella, al igual que otros 20 penitentes más, recorrió la “Calle de la Amargura” de rodillas.

Una vez la cruz fue levantada, algunos feligreses se quedaron a dar gracias. “Gracias, Señor, por ese sacrificio de amor”, recitó una anciana antes de retirarse de la iglesia.

A las 8 de la noche inició la procesión del santo entierro. En las misas, los líderes religiosos felicitaban a la feligresía por su permanente participación durante las actividades de Semana Santa.

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