La unidad especial que el FBI creó hace poco menos
de dos años para investigar a la Mara Salvatrucha nació,
entre otras cosas, porque la pandilla empezó a incursionar
en el negocio de las drogas a gran escala. Brian Truchon,
inspector a cargo de la “MS 13 Task Force Unit”,
aclara que la pandilla aún no es una mafia, pero reitera
la preocupación del buró porque llegue a serlo.
¿Qué relación tienen las pandillas centroamericanas
en los Estados Unidos con el tráfico de droga?
Vemos que la pandilla tiene el control de territorios
en varias ciudades y que controlan la distribución de
droga en esas áreas en particular. Sí es una preocupación
del FBI, definitivamente, que entre más crezca la capacidad
de operación de la pandilla también crecerá su poder
potencial. Así, si hoy actúan como vendedores y si hipotéticamente
venden y compran para un cartel mexicano o colombiano,
qué pasará cuando se den cuenta de que pueden actuar
como brazo duro para estos carteles o que pueden tomar
el negocio por su cuenta y tener la operación completa.
Definitivamente esa es una preocupación del FBI.
¿Cuál es la situación en el sur de México? Un líder
pandillero nos dijo en una cárcel de Chiapas que su
intención es aprovechar que controlan parte de las rutas
de los migrantes para entrar al negocio del narcotráfico.
Migración y narcotráfico son fenómenos que coexisten
y obviamente no falta mucho para pensar que eso puede
pasar. Si tú ves un mapa de México, las mismas rutas
que utilizan los inmigrantes que vienen a los Estados
Unidos son las que utilizan los traficantes de drogas.
Hemos visto incidentes aislados en que hay miembros
de la pandilla aliados con entidades particulares en
algunas localidades fronterizas donde hay tráfico de
droga hacia los Estados Unidos. En general, no estamos
viendo en todos los estados que la pandilla esté relacionada
definitivamente con traficantes de drogas, lo que no
quiere decir que no sea una de mis preocupaciones. Es
necesario anticiparnos.
¿Está la mara relacionada con otras pandillas afroamericanas
o latinas en actividades relacionadas con el tráfico
y la venta de drogas?
Eso pasa mucho en los Estados Unidos, que en un área
existan pandillas de afroamericanos y de pandillas hispanas
y de alguna manera sus territorios se mezclen. Y sucede
que un grupo particular de ellos es responsable de abastecer
la droga en el área, pueden vender o comprar a otra
pandilla; coexisten, eso lo hemos visto, específicamente
en las ciudades grandes. Esa es otra preocupación porque
las pandillas distribuyen drogas a lo largo de los Estados
Unidos en los territorios de cada una de ellas y es
muy común, si una controla una parte de la ciudad y
otra controla otra parte, que hagan acuerdos para comerciar;
se adaptan y por eso son tan peligrosos.
¿Fue desde Los Ángeles que se exportaron hacia
Centroamérica estas nuevas formas de operar?
Absolutamente. Este es un grupo de refugiados que dejó
El Salvador y se estableció en Los Ángeles y se convirtió
en la MS 13 por el contexto que había en Los Ángeles,
luego tomaron la pandilla y la exportaron hacia Centroamérica.
Por eso no es difícil para mí creer que todo lo que
han aprendido aquí lo llevaron hacia allá.
Comunicación desde cárceles
¿Cuál es la importancia de las instrucciones que
los pandilleros reciben desde las cárceles?
Esa es otra de nuestras preocupaciones: cuando los
miembros de esta pandilla son arrestados y van al sistema
de prisiones, este se convierte en una buena escuela
para ellos; ahí aprenden de otros prisioneros, que les
pedirán que hagan cosas por ellos cuando salgan o les
obligarán a hacer cosas.
¿Se expande esta comunicación hasta Centroamérica?
Sí. Esta fuerza especial existe en el FBI porque empezamos
a ver que este círculo de estar dentro y fuera de la
cárcel primero se expandió en las ciudades de los Estados
Unidos y la conexión llegó hasta El Salvador a través
de las cárceles y los deportados que regresaban en forma
ilegal a los Estados Unidos. Cada vez que se iban, se
iban con más conocimiento de actividades criminales.
Y la extensión de ese conocimiento se dio hacia Centroamérica
y en la migración del grupo dentro de los Estados Unidos.
¿Han detectado comunicaciones entre cárceles de
los Estados Unidos y de Centroamérica?
Definitivamente sabemos que hay comunicación. Cuando
los pandilleros son arrestados aquí se les prohíbe hacer
llamadas a otros miembros de la pandilla, pero no a
familiares o novias. Sabemos, porque grabamos todas
las comunicaciones hechas desde las cárceles, que hay
comunicación. También sabemos, a través de entidades
policiales en El Salvador, México y otros países, que
hay grandes problemas por los celulares clonados que
obtienen los presos y desde los cuales hacen llamadas
hacia acá.
¿Qué otras formas de comunicación mantienen “clicas”
de los Estados Unidos con las de Centroamérica?
Hemos pedido a nuestros colegas extranjeros que chequeen
si los pandilleros que capturan han hecho llamadas hacia
los Estados Unidos y nosotros hacemos lo mismo aquí.
Lo que hemos encontrado es, por ejemplo, que estos individuos
que vienen de Centroamérica portan números de celulares
de los Estados Unidos. Es decir, hay puntos de contacto.
Siempre hay alguien aquí al que van a tratar de contactar,
siempre hay una red preestablecida de contactos; no
se trata de que no sepan hacia a dónde van.
Policías en Virginia nos han dicho que pandilleros
de otros estados, o incluso de El Salvador, han venido
hasta aquí para dar órdenes.
La descripción no está alejada de lo que esté pasando.
No estamos viendo que haya un individuo que dé las órdenes
desde Los Ángeles o desde Virginia del Norte, pero sí
hay en cada área cadenas de mando, por lo que no es
poco común que los individuos que están en Virginia
hayan venido de Los Ángeles, o viceversa, para realizar
negocios o hacer el trabajo sucio.
La mutación
La PNC de El Salvador sostiene que ha habido un
cambio de comportamiento en la pandilla, por ejemplo
en lo relacionado con los tatuajes. ¿Está ocurriendo
eso aquí?
Sí, vemos mucho de eso. Obviamente el “Mano Dura”,
el “Supermano Dura” y esas leyes que hubo
en El Salvador tuvieron mucho que ver con eso en México
y Centroamérica. No tenemos esas leyes aquí en los Estados
Unidos, pero la desaparición del tatuaje también tiene
que ver con el crecimiento natural de la pandilla. Es
algo ingenioso, porque estas pandillas están dispuestas
a renunciar a su identidad, a decir, que la identificación
no es tan importante para ellos, sino que lo más importante
es la actividad criminal, pues dejarán de tatuarse.
¿Es cierto que muchos pandilleros ya están integrados
a la sociedad a través de un trabajo, pero aún participan
en actividades delictivas?
Ese es otro rasgo único de la pandilla: que a diferencia
de otras pandillas, en que ser miembro es trabajo a
tiempo completo, no todos los miembros de la mara lo
son a tiempo completo, muchas veces tienen trabajos,
pero también cometen crímenes
¿Cómo están reclutando actualmente en los Estados
Unidos?
Desde la escuela primaria a niños de 10 o 12 años.
Es importante ponerle atención a los números: hablamos
de una membresía dura de 8 a 10 mil miembros en los
Estados Unidos, pero siempre hay que tomar en cuenta
a los asociados o satélites que pueden estar bajo el
control de un miembro de la pandilla. Su potencial de
crecimiento es muy grande, sobre todo porque están reclutando
a gente muy joven: están metiendo al grupo niños que
ni siquiera tienen experiencia de vida.
¿La rivalidad entre la 18 y la MS sigue siendo
un motivo de preocupación?
En El Salvador sé que hay casos específicos de violencia
entre los dos grupos, según lo que hablé con la PNC.
Eso también existe en algunas ciudades de los Estados
Unidos, en que hay violencia entre miembros de pandillas
rivales, pero hoy es más importante cómo se sostienen
las pandillas, de qué viven. Las pandillas están viviendo
ya sea de la extorsión, de cobrar impuestos o de vender
drogas.
¿Cuál es la relación de la pandilla con el mercado
negro de armas?
Aquí en los Estados Unidos obtener armas de fuego no
es muy difícil para ellos. Hablar de mercado negro en
los Estados Unidos es hablar de armas robadas y no creo
que las pandillas lo controlen, aunque sí tienen acceso
a él. Tienen accesos a las armas y se los pasan entre
ellos, pero, insisto, ellos no controlan ese mercado.
El acceso que tienen a las armas es, desafortunadamente,
el mismo que tienen muchos criminales en los Estados
Unidos. Hay muchas armas en la calle, obtenidas a través
del robo o que ya fueron utilizadas en un crimen. Los
pandilleros hacen uso de esas armas, tienen acceso a
ellas.
¿La pandilla sigue creciendo solo junto a la comunidad
latina o ya hay un crecimiento independiente?
Hay algo de ambas cosas. El crecimiento en los Estados
Unidos está relacionado con la migración de la pandilla.
Algunos pandilleros migrarán junto a su familia, porque
quizá estén trabajando en alguna industria en particular
y por la naturaleza de esos trabajos, en industrias
como el empacado de carne o la construcción, a veces
los miembros de la pandilla migran. Otra razón de la
migración es el escrutinio de la Policía: si la cosa
se pone muy caliente en Los Ángeles, por ejemplo, se
moverán a otra ciudad, a Las Vegas o a Phoenix, donde
el tema policial no sea un problema. El asunto es que
cuando llegan a las otras ciudades empiezan a reclutar.
Además, este grupo se mantendrá dentro de su comunidad,
por lo tanto, la pandilla se moverá junto a su grupo
natural, junto a todos los salvadoreños decentes que
migran dentro de los Estados Unidos, porque esa comunidad
representa para la pandilla una zona cómoda por el idioma,
por ejemplo.