FBI: Pandillas dispuestas a renuncia de identidad



Fotos: Vladimir Lara y Milton Flores
Con reportes de: Óscar Martínez/Efren Lemus

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La PNC ya identifica “clicas” que han dejado de tatuarse para pasar inadvertidas, pero en colonias de El Salvador el pleito por marcar y controlar territorios sigue.

Primeros casos en El Salvador

“Las pandillas distribuyen droga a lo largo de EUA”

Mutación Nexos de “clicas” con narcos
Cinco etapas
Académicos, periodistas y policías coinciden, con matices, en que la evolución de las pandillas incluye cinco etapas. La última de ellas es sofisticación criminal.

2004-2006 Sofisticación Algunas “clicas” de las pandillas en Estados Unidos empiezan a tener nexos de distribución con cárteles de la droga. En C.A. ya hay “clicas” dedicadas al robo de autos.

2003-2006 confederación de “clicas” El encarcelamiento de líderes pandilleros en Estados Unidos y Centroamérica consolida los liderazgos y acelera la comunicación entre “clicas” para actividades criminales.

1990-2000 Deportaciones Estados Unidos inicia e incrementa paulatinamente la deportación a Centroamérica de pandilleros y delincuentes condenados por diferentes delitos.

1985-1990 Surge la MS Ex combatientes salvadoreños de la guerrilla y el Ejército llegan a Los Ángeles, donde forman una pandilla para enfrentarse a las existentes en la ciudad.

1930-1960 Pandillas chicanas La mafia mexicana y luego la pandilla de la calle 18 agrupan a migrantes, sobre todo mexicanos, que empiezan a delinquir en las calles de Los Ángeles.

Los Ángeles. A unas cuadras del paseo de la fama, en el bulevar Santa Mónica, al norte de Hollywood, opera desde hace dos décadas la “clica” de una pandilla centroamericana. Un “placazo” indica que este es territorio de la mara. Sin embargo, los tatuados ya no están, parados en las esquinas.

El tatuaje empezó a desaparecer en Los Ángeles en 2004, cuando entró en vigor una acción civil contra la pandilla que prohíbe a sus miembros reunirse en la vía pública, asegura Frank Flores, detective de la Policía angelina.

Para el inspector Brian Truchon, del FBI, la explicación al cambio de actitud tiene que ver con leyes como la ejecutada en Los Ángeles o las manos duras centroamericanas, pero también con una “evolución natural” a formas de crimen más sofisticadas.

“Obviamente el ‘Mano Dura’, el ‘Supermano Dura’ y esas leyes que hubo en El Salvador tuvieron mucho que ver con eso en México y Centroamérica. Estas pandillas están dispuestas a renunciar a su identidad y al decir que la identificación no es tan importante para ellos, sino que lo más importante es la actividad criminal, pues dejarán de tatuarse”, dice.

Gaithersburg, Maryland

Las manos de Santos, el pandillero salvadoreño, también hablan sobre el cambio de reglas: en ellas apenas se nota el rastro de las letras identificativas de su mara.

“En la cárcel se dio la instrucción de que la única obligación era llevar las dos letras, donde uno quiera.”

El FBI aún no las trata como crimen organizado o mafias, pero percibe que para las pandillas ha dejado de ser prioridad la batalla por el control territorial que protagonizaron durante los ochenta y los noventa en Los Ángeles primero o en las periferias suburbanas de Centroamérica, Virginia y Maryland después.

En El Salvador, el análisis de la PNC ya incluye la mutación: “Hay coordinación nacional y transnacional que se expresa, por ejemplo, en que la pandilla ha decidido sacrificar la expresividad (tatuajes) por la instrumentalidad (crímenes), es decir, prefieren obtener beneficio económico que tener identidad como pandilleros. Cada vez más la violencia se centra en la recolección de fondos y no en la lucha territorial”, sostiene José Luis Tobar, subdirector de la Policía.

“El crecimiento de las pandillas ha disminuido su rivalidad, en parte porque se dedican a otras actividades”, coincide Rocky Delgadillo, fiscal de Los Ángeles, la ciudad-cuna de las pandillas.

Valle del Sol, Apopa

Aquí nadie habla aún de narcocarteles o “clicas” especializadas. Aquí el tema es sobrevivir a la lucha que mantienen tres pandillas por límites territoriales.

Hace unos meses, una “clica” le advirtió a Juan que no siguiera llegando al instituto de Valle del Sol; la razón: él vive en un barrio controlado por otra mara.

Las amenazas han tenido mella. La matrícula escolar bajó este año de 95 alumnos en segundo año a 77 en tercero, en gran parte porque los padres retiraron a los jóvenes que viajaban desde las zonas y los cantones aledaños ante las amenazas de los pandilleros. Si se compara con la población en edad escolar, el instituto tiene una baja matrícula, asegura la directora Patricia de Castro.

Aún así, Juan continúa sus estudios. “Mi mamá se preocupa cuando salgo, me dice que tenga cuidado”, asegura el joven, que todos los días cambia de ruta para evitar problemas.

Frente al instituto está la escuela primaria, a la que los pandilleros llegan a buscar reclutas de 10 o 12 años tres veces a la semana, según cuenta el agente de la PNC Manuel Cabrera poco después de dar una charla sobre violencia en el centro escolar.

“Díganme algo bueno de las maras”, pide el agente. Nadie responde. “Es por el miedo que tenemos”, explica un joven.